El ingenio boricua permite hallar una vía para comunicarse
Los autos estacionados en los hombros de las carreteras alrededor de San Juan parecerían estar atascados por las inundaciones que dejó el huracán María, como si fueran víctimas mecánicas de un desastre natural. Pero no están varados.
Por el contrario, son un signo de esperanza y de ingenio: sus choferes se arrimaron para levantar sus teléfonos al aire, tratando de pescar un escurridizo servicio celular.
Lo que empezó como una rara escena el jueves en algunos puntos aislados –como el centro del puente Teodoro Moscoso sobre la Laguna de San José– se convirtió en un fenómeno generalizado el sábado, cuando filas de hasta 50 vehículos bordeaban tramos de autopista.
A pesar de no tener ningún medio de comunicación –aparte del boca a boca y tal vez una radio de pilas– los puertorriqueños descubrieron precisamente dónde parecen funcionar las torres celulares… y se apresuraron a ir a esos lugares.
“Hermoso”, dijo Wilder Ríos, de 53 años, al describir las llamadas momentos antes hizo a sus hijas en Kissimmee, Florida y Utica, Nueva York. Ninguna había oído hablar de él, de su esposa o de su madre desde antes de que María destruyera toda la red eléctrica de Puerto Rico y prácticamente todo el servicio celular fuera del área metropolitana de San Juan. “Lloramos. Fuimos felices. No sabían nada de nosotros”.
La mayoría de los puertorriqueños perdieron el servicio celular cuando María cruzó por tierra el miércoles. Unos poco afortunados clientes de AT&T en San Juan mantuvieron el servicio en partes de la ciudad.
“¿Tienes AT&T?”, era la pregunta que hacían extraños a las personas cuyos teléfonos sonaban y zumbaban.
Una refugiada de María le habló a Aracely Salgado –refugiada después de perder “prácticamente todo” en su casa de Corozal– sobre el servicio del proveedor Claro cerca de una de sus torres, yendo al este en la Ruta 22 en Dorado, que queda al oeste de San Juan. El sábado por la mañana, a pesar de la lluvia torrencial, Salgado y su esposo, Antonio Hernández, estuvieron celebrando la comunicación con su tía en Boston.
“Mi tía estaba llorando”, dijo Salgado. Llevaba sandalias y pantalones de pijama púrpura decorados con pingüinos, y señaló a su modesto teléfono, elogiándolo como “Obamaphone” entregado por el gobierno a las personas de bajos ingresos. Pudo hablar con su familia en Massachusetts, pero su esposo aún no había podido contactar a sus familiares en Ponce.
“Esto ha sido una pesadilla”, dijo.
Salgado le prestó su teléfono a Linette Deida, de 45 años, cuyo dispositivo T-Mobile aún estaba muerto.
“Te quiero, te quiero, te quiero”, dijo Deida en el teléfono. Finalmente había hablado con su hermana, Doris, en Palatka, Florida.
“Dios es tan grande y tan poderoso que me envió a este pequeño ángel”, dijo Deida de Salgado.
De vuelta en Florida, Doris Deida dijo el sábado por la mañana que la llamada de su hermana había terminado con 72 horas de angustia. La llamada provenía de un número desconocido para ella, pero Deida reconoció el código de área 787 de Puerto Rico.
“Durante días hemos tratado de conseguir un asidero, buscando en [Facebook] Messenger, porque he oído que algunas personas tenían comunicaciones a través del Messenger, no estoy seguro cómo”, dijo. “Fue la mejor noticia que escuché. Un par de minutos solamente – es todo lo que necesitaba saber: ¿Cómo están mamá y papá?”
Algunos se aventuraron viajar hasta a San Juan desde lejos, consumiendo un combustible precioso para tratar de hacer una llamada importante de “Estoy bien”.
“Tenía que hablar con mi hermano en Los Ángeles”, dijo Ivis González, quien viajó a San Juan desde Hatillo a las 5:30 de la mañana del viernes. “No había sabido nada de nadie”.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de septiembre de 2017, 6:47 p. m. with the headline "El ingenio boricua permite hallar una vía para comunicarse."