Estados Unidos

Temen una crisis de salud pública en Puerto Rico

Puerto Rico: crece el riesgo de enfermedades en la isla

Tres semanas después de que el huracán María azotara Puerto Rico, montones de basura están en las calles, un lugar para la reproducción de insectos transmisores de enfermedades. Expertos en salud pública dicen que cada día que los escombros perman
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Tres semanas después de que el huracán María azotara Puerto Rico, montones de basura están en las calles, un lugar para la reproducción de insectos transmisores de enfermedades. Expertos en salud pública dicen que cada día que los escombros perman

Tres semanas después que el huracán María azotó la isla y dejó un saldo de por lo menos 44 muertos, José Vargas Vidot recorrió una tras otra las calles llenas de basura podrida mezclada con fango, árboles y a veces animales muertos.


No hay mejor entorno para la proliferación de ratas, cucarachas y todo tipo de enfermedades, dijo el voluntario de salud pública. Cada día que pasa aumenta el riesgo de una epidemia.

“En cualquier momento surge un nuevo desastre”, advirtió.

María ha convertido en una terrible pesadilla la vida de muchos de los 3.4 millones de habitantes de Puerto Rico, una pesadilla en la que no se descansa en busca de agua y comida, mientras las autoridades se las ven negras para entregar asistencia, salvar vidas y restaurar los servicios básicos. Incluso a esta fecha se estima que el 80 por ciento de la población no tiene electricidad y un 40 por ciento no tiene agua corriente.

Dada la magnitud de la catástrofe, no resulta una sorpresa que la recogida de basura no sea una prioridad. Sin embargo, expertos en salud pública temen que los montones de desechos en descomposición estén creando las condiciones para una nueva ola de problemas.

Además de las muertes atribuidas directamente al huracán, el gobierno dijo que otras cuatro víctimas podrían haber muerto por leptospirosis , una infección bacterial causada por la orina de los roedores. Las autoridades de salud han examinado a seis personas más para detectar si padecen la enfermedad, que puede provocar daños en los riñones, el hígado y provocar meningitis.

Pero si la basura no se recoge pronto, la cantidad de enfermos podría elevarse, dijeron los expertos.

José Vargas Vidot es médico y senador que ha pasado más de 20 años trabajando en labores de asistencia médica de emergencia en países como Haití, Guatemala y Nicaragua. Desde el impacto de María, su organización, Iniciativa Comunitaria, lleva funcionando de forma gratuita una clínica que se instaló provisionalmente en una escuela de Toa Baja.


La localidad, a unos 20 minutos de la capital San Juan, se inundó durante el huracán. Ahora sus estrechas calles están llenas de montañas de colchones destrozados, ositos de peluche llenos de lodo y muebles hecho pedazos.

Vargas Vidot señaló que la tormenta ha “desenmascarado” la deficiencia del sistema de servicios médicos de la isla y atrapó al gobierno desprevenido.

“No hay ninguna estrategia para la higiene pública”, dijo. “No se trata sólo de limpiar las calles, sino también de recoger los escombros”.

Los montones de basura, dijo, son nidos de “ratas’ y están llenos de animales muertos... y eso significa enfermedades contagiosas cuando vuelvan las lluvias”.


Por otra parte, charcos de agua fangosa probablemente se conviertan en criaderos de mosquitos y las enfermedades que propagan, como el dengue, la chikungunya y el Zika.

Todavía hay inundaciones en muchos lugares de la isla y más de un millón de personas no tienen agua corriente. Eso significa que muchos siguen viviendo en condiciones de suciedad debido a la tormenta.

En la clínica de la Iniciativa Comunitaria, los médicos dijeron que están viendo un aumento en los in casos de conjuntivitis, comezón en la piel y diarrea, algo que con frecuencia está relacionado con la falta de limpieza.

Hace unos días, Alexandra Hernández observó a su esposo regar una bolsa de cal viva sobre una vaca que murió durante la tormenta en su patio.


La oficina de la alcaldesa dijo que no tiene los recursos para sacar los restos de animales muertos y sugirió que Hernández se mudara por la seguridad de su hijo de 3 años, pero no puede hacerlo. “No tengo adónde ir”, explicó.

Las autoridades están al tanto de los peligros. Alarmados por los informes de leptospirosis y las noticias de que, en medio de la sed y la desesperación, algunas localidades están bebiendo agua de arroyos y manantiales que pudieran estar contaminados, esta semana el gobierno empezó a distribuir filtros y pastillas para purificar el agua.

Sin embargo, los críticos dicen que la iniciativa, que se tomó 20 días después que María tocó tierra, es muy poca y llega demasiado tarde.


Rafael Rodríguez, secretario de Salud de Puerto Rico, defendió el trabajo de su departamento y dijo que dio instrucciones a la población de que no tomara agua no tratada.

“Gracias a esto no ha habido más muertes”, dijo durante una conferencia de prensa. “Si no nos hubiéramos preocupado por la prevención y cómo evitar enfermedades, hubiéramos tenido un brote epidémico, y gracias a Dios eso no ha ocurrido”.

Además, el gobernador Ricardo Rosselló dijo que su despacho está trabajando con el Departamento de Salud y Servicios Humanos y otras agencias para identificar cuanto antes cualquier enfermedad y poner en práctica estrategias para atenuar los problemas.

“No estamos esperando que ocurran las enfermedades en Puerto Rico”, dijo. “Somos muy proactivos sobre eso”.

Sin embargo, algunos puertorriqueños no están esperando que regrese el agua ni que el gobierno tome medidas.


Marielis Nieves, asistente de enfermera de 28 años, dijo que lleva días sin dejar que sus dos hijos salgan de la casa por miedo a que se acerquen a los escombros, lodo y basura apilados en la calle. Su hijo de 3 años ya ha tenido un poco de fiebre y salpullido.

“No quiero que se enfermen, pero no puedo mantenerlos limpios en agua”, dijo.

Mientras tanto, Nieves dijo que ha encontrado una solución permanente a la crisis de salud: planea irse con sus hijos a Ohio.

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