Estados Unidos

El 'cash', los abanicos y las tablas de lavar, necesarios en medio de la falta de electricidad en Puerto Rico

Xaira García trata de refrescarse con un abanico en su trabajo en una tienda en Carolina, Puerto Rico, el 4 de octubre del 2017.
Xaira García trata de refrescarse con un abanico en su trabajo en una tienda en Carolina, Puerto Rico, el 4 de octubre del 2017. jiglesias@elnuevoherald.com

Las tablas de lavar, las velas y el dinero en efectivo se han vuelto imprescindibles en esta isla sin electricidad.

Casi cuatro semanas después que el huracán María arrasó Puerto Rico, el 85 por ciento de la población sigue sin servicio eléctrico, lo que obliga a la gente a volverse creativa en momentos que enfrentan un largo período sin electricidad.

Después que María destrozó el taller de chapistería donde trabajaba, Eddri Serrano, de 20 años, comenzó a fabricar tablas de lavar, como las de antes, pero ahora de plástico.

El sábado, él y su primo caminaban junto a una carretera vendiendo las tablas en $15 cada una.

“Y tenía que hacer algo”, dijo Serrano, quien afirma que ha llegado a vender 70 tablas en un día. “Tenía que hacer esto o robar, y prefiero no robar”.

Una clienta agradecida, Cruzdelia Cardona, de 72 años dijo que no había usado una tabla de lavar desde que era adolescente. “Esto me hace recordar mi juventud”, dijo.

Las autoridades puertorriqueñas están haciendo lo posible por que los servicios básicos de la isla regresen al siglo XXI, en momentos que enfrentan críticas cada vez más fuertes sobre la lentitud de la recuperación.

El sábado, el gobernador Ricardo Rosselló dijo que la FEMA estaba haciendo un desembolso de $128 millones para cuadruplicar la cantidad de cuadrillas de reparación de la red eléctrica en las próximas tres semanas. También prometió restaurar la electricidad al 50 por ciento de la isla para el 15 de noviembre, y al 95 por ciento para diciembre, mucho más rápido que los estimados anteriores.

Tres semanas después de que el huracán María azotara Puerto Rico, montones de basura están en las calles, un lugar para la reproducción de insectos transmisores de enfermedades. Expertos en salud pública dicen que cada día que los escombros perman

La red eléctrica de Puerto Rico estaba ya en mal estado antes de la tormenta, víctima de una recesión que ya dura un decenio. Pero es difícil imaginar el alcance y la escala de la destrucción provocada por María.

El gobierno informa que hacen falta unos 50,000 postes y 6,500 millas de cables eléctricos para reanudar el servicio. Como señaló una estación de radio, eso es equivalente a un cable que vaya desde Ponce a la Antártida.

En al menos un caso, la crisis de electricidad se ha convertido en un asunto de vida o muerte. El sábado, el gobierno dijo que la cifra de víctimas directas e indirectas de María había aumentado de 45 a 48 fallecidos, entre ellas una persona quien no pudo usar un sistema de oxígeno debido a la falta de electricidad.

Pero para la mayoría de los 3.4 millones de habitantes de Puerto Rico, este apagón prolongado es una molestia constante que afecta todos los aspectos de la vida.

Elia Baquer, de 66 años, de la localidad de Laguna, no tiene electricidad desde el 6 de septiembre, cuando el huracán Irma —el anterior a María— golpeó la isla de refilón. Desde entonces tiene que esperar horas para conseguir hielo, agua y alimentos.


El sábado había estado en fila dos horas para sacar dinero de un cajero automático. Sin electricidad, muchos negocios no aceptan tarjetas de crédito, lo que vuelve a dar al efectivo su importancia de antaño, y provoca escasez de billetes.

Baquer dijo que extraña el televisor y el aire acondicionado, en ese orden. Pero también ha encontrado algunas cosas positivas a la crisis. Ha descubierto que le gusta cocinar con madera y pasar más tiempo con su familia.

“Nos reunimos a jugar dominó, a las cartas, cualquier cosa”, dijo de las noches sin electricidad. “Caminamos y matamos mosquitos”.

Kenneth López, de 36 años y empleado del aeropuerto, dijo que se ha acostumbrado a la vida sin electricidad.

“No lo extraño”, dijo de su televisor. “Paso el tiempo en el patio mirando las estrellas y conversando con los vecinos, con quienes no hablaba mucho”.

Pero los que no tienen luz son algunos de los que tienen suerte. Casi la mitad de los puertorriqueños tampoco tienen agua corriente.

En la localidad de Toa Baja, fuertemente afectada por la tormenta, Angel Rivera dijo que la falta de servicios públicos ha puesto las cosas en perspectiva.

“Lo que necesitamos es agua”, dijo, mientras paleaba lodo de su casa. “Yo puedo vivir sin electricidad. Las velas son caras, pero ¿qué se puede hacer?”

Grisel Robles e Ismanuel Morales se mudaron de Puerto Rico a Miami después del devastador impacto del huracán María en la isla. Gracias a una organización comunitaria, la pareja se está adaptando a su nueva comunidad.

La tormenta y la falta de electricidad a largo plazo probablemente afecten sustancialmente la frágil economía de la isla. Muchos negocios siguen cerrados, y los que funcionan con generadores se quejan de que sus costos de operación se han disparado. El desempleo, que ya era más del 10 por ciento —más del doble del territorio continental— seguramente empeorará.

Pero la crisis también está creando oportunidades únicas. En una tienda de artículos baratos en el suburbio de Carolina, el empleado dijo que estaba vendiendo unos 10 ventiladores por hora.

Mientras Lourdes Cancel, de 49 años y trabajadora social, compraba algunos ventiladores y redecillas para el cabello, para que no le molestara sobre el cuello, dijo que aprovechó para comprar dos banderas puertorriqueñas en miniatura.

Todas las compras tenían alguna relación con María, dijo.

“Cuando la situación se pone difícil es que uno entiende el patriotismo”, dijo. “Eso hace que uno quiera más a su país”.

  Comentarios