Estados Unidos

Después del huracán María, los desamparados en San Juan sobreviven en comunidad de carpas

Días después que el huracán María azotó a Puerto Rico, muchos desamparados de la capital salieron de donde habían buscado refugio y se encontraron con una ciudad en ruinas; que fue asolada por fuertes vientos y aguaceros copiosos.

Carlos Prado y algunos más encontraron refugio en un pequeño tramo de arena con una vista impresionante de la pintoresca zona de Condado Lagoon, ubicada entre el Viejo San Juan y la zona turística de Condado.

Poco a poco llegaron más desamparados. Los medios de prensa locales publicaron reportajes sobre ellos. Tanto las organizaciones de ayuda como los residentes de San Juan empezaron a llevarles abastecimientos de todo tipo. A más de un mes de la tormenta, el campamento de desamparados se ha convertido en una apacible comunidad —si bien pequeña— donde casi todas las noches se juega dominó y se cocina sin parar.

Una lona azul donada, estirada sobre planchas de madera y sujetada en las ramas de árboles, sirve como techo y protege unos cuantos colchones alineados en la arena. En gabinetes rudimentariamente construidos se organizan latas de frijoles y tomates y de atún, paquetes de galletas, papel higiénico y botellas de agua. Los habitantes del lugar tienen incluso hieleras plásticas que les regalaron.

Cerca de lujosos apartamentos del barrio de Miramar, Prado vive en la actualidad en un verdadero campamento de carpas.

“A muchos de nosotros nos echaron de los refugios. Todos nos conocemos de la calle. Aquí somos familia”, dijo, mientras fumaba un cigarrillo y elaboraba un plato a base de salchichas, arroz y frijoles en una cazuela encima de un fuego hecho con leña.

Cuando el huracán pasó por la isla el 20 de septiembre, empeoró el problema de los desamparados en una isla que llevaba años lidiando con dificultades económicas, que tiene una tasa de desempleo de casi 12 por ciento y una avalancha de ejecuciones hipotecarias en años recientes. Según el Departamento de Viviendas y Desarrollo Urbano había más de 4,400 desamparados en el 2016, casi un aumento de 10% con relación a seis años antes.

Entre ellos se encuentran personas como Prado, cocinero con experiencia que se convirtió en instalador de azulejos y luego perdió el empleo en medio de la crisis. “Vivo en la calle porque no pude encontrar trabajo”, dijo.


A Prado se le sumó Israel Vilá, de 40 años, que nació en Puerto Rico, vivió brevemente en Wisconsin y regresó a las calles, donde recogía latas para ganar dinero y poder comer algo. El campamento solucionó, al menos temporalmente, ese problema.

El martes pasado, mientras comía una natilla sentado en una silla de jardín en la arena, Vilá también habló con nosotros.

“Este es mi ranchito”, dijo Vilá.

Antes de la tormenta, dormía en portales de tiendas. Hasta ahora, las autoridades no los han molestado en su nuevo hogar. “La vista es bella. Es como vivir en una mansión”, dijo Vilá. “Pero no podemos seguir viviendo así por siempre”.

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