Estados Unidos

Reabren 119 escuelas en Puerto Rico. Pero muchas tendrán que esperar meses, y otras no abrirán nunca

Primer día de clases después del paso del Huracán María

Reabren 119 escuelas en Puerto Rico. Pero muchas tendrán que esperar meses, y otras no abrirán nunca.
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Reabren 119 escuelas en Puerto Rico. Pero muchas tendrán que esperar meses, y otras no abrirán nunca.

A no ser por el montón de cables eléctricos arrinconados en una esquina y el signo de PARE medio caído al final de la calle, el martes hubiera sido el primer día de clases normal para los estudiantes de la escuela Julio Sellés Solá en Río Piedras, municipio de San Juan.

Cientos de estudiantes de primaria nerviosos y excitados, entraron a la escuela recién pintada mientras sus padres los seguían de cerca. En el patio interior de la escuela saludaron a sus amigos y abrazaron a los maestros antes de hacer fila frente a su aula.

A las 8 en punto, la trabajadora de mantenimiento, Iris García, en el centro del patio interior, sonó la campana. Sin electricidad y sin generadores, era la única manera de alertar sobre el comienzo de las clases.

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Iris García, empleada de mantenimiento, hace sonar la campana en la escuela primaria Julio Selles Solá, en Río Piedras, Puerto Rico. David Santiago dsantiago@miamiherald.com

Para unos 40,000 estudiantes en Puerto Rico, el martes fue el primer día de clases después del paso del huracán María hace un mes. Las regiones de San Juan y Mayagüez abrieron 119 escuelas en lo que se espera sea una de las primeras etapas para volver a establecer el sistema educativo en Puerto Rico.

“Podíamos haber mantenido cerrado el sistema escolar hasta que todo estuviera perfecto. En el mejor de los casos, eso sería en febrero”, dijo el gobernador Ricardo Rosselló, quien visitó la escuela Julio Sellés Solá el martes en la mañana. “La alternativa es ir abriendo las escuelas poco a poco, y sabiendo que vamos a tener muchos retos”.

Retos es un decir. De las 1,100 escuelas en Puerto Rico, la secretaria de Educación Julia Keleher estima que entre el 15 y el 20 por ciento van a tener que cerrar permanentemente. Muchas otras van a tener que funcionar sin electricidad o agua por muchos meses.

A solo 30 minutos de la ciudad capital de San Juan, en el pueblo de Toa Baja, el centro Luis M. Santiago K-8 parecía un pueblo fantasma. Un río cercano se desbordó inundando las aulas con cuatro pies de agua. Lo que ha quedado es una capa de lodo que lo cubre todo: el suelo, los escritorios, los libros por el suelo ya que las estanterías se cayeron. En una de las aulas el techo se cayó y una pizarra, con la fecha del 15 de septiembre escrito en tiza, estaba entre los escombros. Afuera, entre los edificios amarillos, se podían escuchar las ratas buscando comida en las montañas de escombros.

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Lourdes Ayala y Carmen Santiago con sus nietos Yomar Santiago y Johalyz de la Cruz, en camino a entregar ayuda para gente necesitada tras el paso del huracán Irma por Toa Baja, Puerto Rico. David Santiago dsantiago@miamiherald.com

Unas cuadras más abajo, Lourdes Ayala y Carmen Santiago, residentes del lugar, pasaban frente a una estación de gasolina cerrada con sus nietos.

“Los niños han estado sin clases un mes y sabemos que hay grandes problemas con las escuelas en el pueblo”, dijo Lourdes Ayala, quien trabajaba como gerente en una tienda de uniformes en el pueblo antes del huracán pero que ahora está desempleada. “Como abuelas responsables estamos esperando que el gobierno nos dé alternativas de manera que sepamos dónde mandar a los niños a estudiar, ese es su derecho y no queremos que pierdan el año escolar”.

Pero se espera que el proceso de inspección y reparación de las escuelas en la isla sea largo. Frente a la escuela Julio Sellés Solá, Keleher dijo que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EEUU estaba inspeccionando escuelas en el área de Ponce y Bayamón esta semana y planifica abrir algunas escuelas el 31 de octubre. Ella espera poder abrir otras escuelas en las tres regiones restantes a comienzos de noviembre.

Conseguir suficientes ingenieros para inspeccionar las escuelas ha sido difícil. Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EEUU tiene poco personal y aunque Keleher ha pedido ayuda adicional, conseguir más ingenieros conlleva un proceso largo de aprobación.

Una de las uniones locales, la Asociación de Maestros de Puerto Rico, que cuenta con 40,000 miembros, ha formado una comisión para inspeccionar las escuelas, pero no siempre están de acuerdo con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército sobre cuáles edificios son seguros y pueden volver a abrir.

“Ha sido lento pero los maestros están trabajando limpiando las escuelas porque no quieren perderlas”, dijo la presidenta de la unión Aida Díaz. “Lo que he visto es el deseo de los maestros y de los estudiantes de regresar a clases”.

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Annyelys (izq) abraza a Krystal, su compañera de cuarto grado, en el reinicio de las clases en la escuela Julio Selles Solá de Río Piedras, Puerto Rico, que fue cerrada tras el paso del huracán María. David Santiago dsantiago@miamiherald.com

Debido a la lucha diaria para conseguir las necesidades básicas, incluyendo agua limpia, muchos maestros y estudiantes han abandonado la isla. Es imposible saber cuántos ya que el sistema computarizado de asistencia no está funcionando. Otros cien maestros han tomado una sabática hasta el final del semestre en lo que ponen sus vidas en orden.

Para los que han decidido quedarse, lo importante es recuperar el tiempo perdido.

“Básicamente estamos comenzando de cero”, dijo Karen Avilés, maestra de primer grado en la escuela Julio Sellés Solá. Ella quisiera que sus estudiantes se pusieran al día rápido pero ella sabe que necesitan tiempo para procesar lo que ocurrió con el huracán, el peor que ha pasado por la isla en 100 años. “Van a llegar y a contarnos sus experiencias y lo que vieron. Aquí estamos para escucharlos y ayudarlos”, comentó.

Ese martes por la mañana eso significó tomar un tiempo de las clases y plantar un retoño donde antes había un árbol gigantesco que fue arrancado de raíz por el huracán.

Y en Toa Baja, Lourdes Ayala y Carmen Santiago comentaron que estaban tratando de proveer a sus nietos otro tipo de educación. Los han llevado con ellas a repartir pañales y alimentos a personas necesitadas.

“Queremos enseñarles que aunque hemos sido afectados, hay otras personas que tienen más necesidad”, dijo Santiago.

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