Ni estados ni naciones, el hecho de ser territorios complica las cosas para Puerto Rico y las Islas Vírgenes
Después que el huracán Irma, y luego María, arrasaron los islas del Caribe, la ONU se puso en acción con helicópteros, distribución de alimentos y planes de recuperación por un valor de varios millones de dólares.
Pero aunque tanto Puerto Rico como las Islas Vírgenes de Estados Unidos fueron diezmadas por los huracanes, no podían acudir a la ONU —expertos en ayuda cuando hay desastres— para pedir ayuda.
Las islas son territorio estadounidenses, con sus propios gobernadores pero sin voto en el Congreso, de manera que tienen que acudir a Washington cuando necesitan ayuda, aunque muchos norteamericanos no saben mucho de ellas.
“El gobernador de Puerto Rico no puede llamar a las Naciones Unidas para pedir ayuda. Las relaciones exteriores de Puerto Rico son un asunto nacional, igual que cualquier otro estado”, dijo Christina Duffy Ponsa-Kraus, experta en Puerto Rico y profesora de Historia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia.
Sin embargo, no un estado como los demás.
“Eso es lo malo de ser un territorio”, dijo José Fuentes, presidente del Consejo para la Estadidad de Puerto Rico. “No tienes ningún poder político en tu propio gobierno y no tienes la posibilidad de hacer nada internacionalmente porque todo tiene que ir a través de Departamento de Estado”.
Estados Unidos hubiera estado más dispuestos a ayudar si los dos huracanes hubieran pasado por otro país, dijo Ponsa-Kraus.
“Los territorios están al margen, son invisibles y no tienen voz en Washington, porque para tener voz necesitas tener voto”, dijo. “Hay una población de ciudadanos norteamericanos que viven en estos territorios, pero muchos estadounidenses no entienden que ellos también son ciudadanos”, agregó.
Una encuesta realizada el mes pasado por la firma de encuestas Morning Consult, mostró que solamente el 54 por ciento de los estadounidenses encuestados sabía que los puertorriqueños son ciudadanos de Estados Unidos.
Estados Unidos tiene cinco territorios fuera de su territorio continental, además de varias islas poco pobladas en el Océano Pacífico. Puerto Rico, con una población de 3.4 millones de habitantes, es el territorio más grande. Los otros territorios poblados son las Islas Vírgenes —que incluyen St. Thomas, St. John y St. Croix— y 50 islas más pequeñas y cayos, como Samoa, Guam y las Islas Marianas del Norte.
Los puertorriqueños y los que viven en las Islas Vírgenes son ciudadanos estadounidenses, pero no pueden votar por el presidente a menos que vivan en el territorio continental del país, y sus delegados ante la Cámara de Representantes federal no pueden votar en el Congreso. El dólar es la moneda en ambos territorios, pero no reciben financiación federal proporcional para programas como el Medicaid.
No todas las normas y regulaciones que gobiernan los dos territorios son las mismas, ya que llegaron a su estatus actual por vías diferentes. Las Islas Vírgenes estuvieron controladas por Dinamarca hasta el 1917, cuando Estados Unidos las compró por $25 millones por razones militares durante la Primera Guerra Mundial.
Puerto Rico, un colonia española pasó a manos de Estados Unidos en 1898, cuando España perdió la Guerra Hispanoamericana. Los puertorriqueños han debatido durante muchos años el estatus de la isla: si debe ser independiente, un estado o mantenerse como territorio estadounidense.
Las semanas siguientes al paso del huracán María, el gobierno calcula que cerca de 40,000 puertorriqueños han emigrado al territorio continental, muchos de ellos a la Florida. También muchos habitantes de las Islas Vírgenes han emigrado al territorio continental desde el paso de los huracanes.
Si Puerto Rico, donde la cifra más reciente de fallecidos por el huracán aumentó a 51, sufre un problema de invisibilidad en la mente de muchos estadounidenses, en el caso de las Islas Vírgenes la situación es mucho peor porque tiene una población de solamente 110,000 personas.
Mientras los medios de comunicación están enfocados en la destrucción de la red eléctrica en Puerto Rico y la falta de alimentos y agua, los habitantes de las Islas Vírgenes están enfrentando dificultades similares pero sin recibir la misma atención. En St. Thomas, sólo una tercera parte de los habitantes tiene energía eléctrica; en St. Croix la cifra alcanza a solamente un 16 por ciento, y en St. John prácticamente nadie tiene electricidad, aunque las autoridades esperan poder restablecer el servicio pronto en algunas zonas de Cruz Bay.
“¿Por qué los habitantes de las Islas Vírgenes no son tan importantes como los de otros lugares?”, preguntó Stacey Plaskett, representante de las islas ante el Congreso. “Nuestra vida ha cambiado drásticamente y necesitamos ayuda”.
Muchas escuelas están demasiado destruidas para poder funcionar. Otras son usadas como albergues. Todavía hay toque de queda en algunos lugares. “Perdimos mucha de nuestra economía. Muchos de nuestros lugares turísticos están destruidos y el turismo representa el 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Muchos de estos lugares no van a poder funcionar ni este ni el próximo”, dijo Plaskett.
Las islas ya tenían un 12 por ciento de desempleo antes de los huracanes, explicó.
De manera que mientras esperan a que llegue ayuda, los habitantes de Islas Vírgenes han comenzado la labores de recuperación. “El hecho de que estamos a mucha distancia de Estados Unidos es algo a lo que tenemos que acostumbrarnos. Al final, tenemos que ayudarnos nosotros mismos”, afirmó Andrew Clutz, quien trabaja para el Consejo para el Desarrollo Económico de este territorio.
Al igual que muchas compañías en Islas Vírgenes, los 33 empleados de Cane Bay Partner están ahora en distintos lugares de Estados Unidos tratando de trabajar remotamente. La oficina de la firma de servicios de asesoría y análisis de St. Croix está destruida, llena de moho debido a la humedad después que María arrancó el techo.
“En este territorio hay estadounidenses, pero no hay electricidad, el acceso a los alimentos y el agua es muy limitado, los techos tienen goteras, no hay servicios hospitalarios, y así seguirá un buen rato”, dijo David Johnson, cofundador de Cane Bay Partners. “Como somos una comunidad tan pequeña, no recibimos la atención debida. Y eso es frustrante”.
Johnson y su socio Kirk Chewning, decidieron comenzar su propia iniciativa de asistencia, Cane Bay Cares, y esperan recaudar $1 millón para ayudar a sus empleados y otros habitantes de las islas. “Es nuestra respuesta en el sector privado para ayudar”, dijo Chewning. “La cosa es, ¿cómo y dónde vamos a reconstruir?”. Ellos mismos contribuyeron al fondo y están pidiendo a otros que lo hagan.
Chewing y su compañía han estado ayudando desde que Irma azotó St. John y St. Thomas, pero casi no tocó a St. Croix, que está 40 millas al sur. Johnson usó su embarcación de 40 pies de eslora para llevar suministros y medicinas a las dos islas hermanas, y también para recoger personas y llevarlas a un lugar seguro.
Cuando María se estaba acercando, los socios alquilaron un avión Boeing 737 para evacuar dos tercios de sus empleados a Miami. Una vez que pasó el huracán, consiguieron un segundo avión para sacar a los empleados que quedaron, y además otras personas con problemas de salud, así como mascotas. El avión también llevó a la isla 36 generadores que fueron distribuidos en escuelas, iglesias y organizaciones sin fines de lucro, además de gran cantidad de agua embotellada que trajeron desde Tennessee.
El martes, más de un mes después del paso del huracán María, el Congreso aprobó un paquete de ayuda de $36,500 millones para la Florida y Texas. La partida incluye $1,270 millones para alimentos dirigidos a Puerto Rico, y los gobernadores de Puerto Rico y las Islas Vírgenes podrán pedir ayuda de los $18,700 millones asignados al fondo de asistencia para desastres de la FEMA.
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Esta historia fue publicada originalmente el 30 de octubre de 2017, 2:10 p. m. with the headline "Ni estados ni naciones, el hecho de ser territorios complica las cosas para Puerto Rico y las Islas Vírgenes."