‘Era una mujer bella y maravillosa’: En medio del caos en Puerto Rico, le canta serenatas a su esposa, aunque ella no lo puede escuchar
Algunos llegaron con heridas de los metales retorcidos y escombros que todavía llenan las calles. Otros se enfermaron por beber agua contaminada y por el ataque de los mosquitos tras el huracán. Otros pocos tuvieron que evacuar el hospicio local, donde pasan sus días finales en compañía de su familia.
Alrededor de todos ellos, médicos y enfermeras se apretujaron silenciosamente en medio de las organizadas filas de catres que se alinean en el estadio deportivo convertido temporalmente en un refugio médico. Los generadores se escuchan rugir a lo lejos, impulsando los ventiladores y tubos de alimentación de los pacientes que tuvieron que evacuar de hospitales del área después que el huracán María acabó con la electricidad en la isla.
En una esquina, debajo de una fila de gradas, un hombre viejo cogió su guitarra y empezó a tocar para su esposa en su lecho de enferma y para los médicos y enfermeras que de todas partes llegaron a Manatí para cuidar a cientos de pacientes.
“Gracias”, cantó, “hoy le quiero dar las gracias a los mujeres y hombres que Dios mandó aquí para ayudar a Puerto Rico en esta tragedia”.
Mientras tocaba y cantaba, un pequeño grupo se reunió en torno a él. Algunos de los empleados llegados de Estados Unidos no entendían las palabras, pero Santos Candelaria explicó que había compuesto la canción especialmente para ellos. Un médico, Alfredo Guzman, nacido en Puerto Rico y que viajó desde Alabama, se sentó en un catre al lado de Candelaria. Cuando el anciano cantó otra canción—Preciosa, una canción emblemática sobre amor y nostalgia por la isla— el doctor se puso a cantarla a dúo con él.
“Ahora entiendo”, cantaron juntos, “que no importa lo que pase, siempre seré puertorriqueño”.
Otro anciano se acercó y permaneció en silencio al pie de la cama donde la esposa de Candelaria, Evelyn Rivera Vargas, yacía respirando con ayuda de una máquina y sin reaccionar a la música que se oía a su lado.
José Vélez, de 79 años, también empezó a cantar suvamente, con su voz apenas perceptible por el ruido de los generadores.
“Te hace sentirte vivo”, dijo después que se terminó la música y regresó junto a su esposa, también enferma. Vélez perdió su hogar tras el paso del huracán y llevó a su esposa al hospital temporal. “Padece de Alzheimer, Parkinson y diabetes. Tiene muchas cosas”, dijo Vélez.
Desde que abrió el 3 de octubre en el estadio Acrópolis de Manatí, el refugio médico de Manatí ha atendido a unos 4,000 pacientes. Cerca de las dos terceras partes solo necesitaban nuevas recetas de medicinas o tenían lesiones menores, pero no podían ir a la clínica local porque todavía, luego de la devastadora tormenta, no había vuelto a abrir. El resto llegó de hospitales, hospicios y asilos cercanos —o directamente al refugio en ambulancias— y llenó las casi 100 camas que se armaron en el suelo del estadio. Estarán en el refugio hasta que se mejoren o hasta que las instalaciones locales de nuevo funcionen.
“Vinimos aquí a petición del gobierno local de Puerto Rico”, dijo EJ. Brennan, portavoz del Equipo de Asistencia Médica por Desastres, con sede en Nueva York, uno de los grupos que dirigen el refugio.
Los médicos y enfermeras del sistema médico Veterans Affairs, así como voluntarios de varios hospitales de Nueva York también respondieron la llamada. Juntos, mantienen al hospital temporal abierto las 24 horas del día, los siete días de la semana, incluso cuando se rompen los generadores, lo que ha ocurrido algunas veces. Tenían un generador de emergencia que le daba electricidad a las máquinas para respirar durante los apagones, pero todo se detuvo, hasta los sistemas de computadora.
Para Candelaria y su esposa, el refugio médico es su última esperanza.
El músico de 71 años estaba junto a Rivera Vargas en un hospicio cercano cuando llegó la tormenta. Al día siguiente, el generador se rompió y Candelaria tuvo que correr con su esposa para un refugio. Entonces al generador del refugio se le acabó el combustible, y Candelaria tuvo que llevar a su esposa a dos diferentes hospitales en busca de un generador que le diera electricidad a la máquina que necesita para respirar. Por último, llegaron al estadio el 22 de octubre.
Ahora, Candelaria le canta serenatas con canciones tradicionales a su esposa y al personal del hospital todas las mañanas con su dulce y fuerte voz. Son las mismas canciones que cantaba cuando era joven y con las que Rivera Vargas se enamoró de él hace 45 años cuando se conocieron en un concierto donde actuó. Tienen una hija y han compartido juntos una vida feliz, expresó Candelaria. Hace 12 años, sin embargo, a Rivera Vargas se le diagnosticó Alzheimer y desde entonces Candelaria ha estado cuidándola.
“Era una mujer bella y maravillosa, pero la edad y la enfermedad realmente cambian a una persona”. dijo. “No es fácil ver cómo una persona que has conocido toda tu vida se deteriora a cada minuto”.
No se sabe con certeza si Rivera Vargas sabía que su esposo estaba a su lado ni tampoco si podía oírlo cantar. Pero ello no le importa a Candelaria. Todas las mañanas le canta y duerme en un catre al lado de su cama desde que llegaron.
“Duermo cerca de ella”, dijo. “Hemos estado haciéndolo en los los últimos 45 años”.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2017, 1:18 p. m. with the headline "‘Era una mujer bella y maravillosa’: En medio del caos en Puerto Rico, le canta serenatas a su esposa, aunque ella no lo puede escuchar."