Estados Unidos

Además de los estragos del huracán, quedan la culpa y el corazón roto de los puertorriqueños que se fueron

Estudiantes de leyes de Puerto Rico van a clases en el Touro Law Center.
Estudiantes de leyes de Puerto Rico van a clases en el Touro Law Center. NYT

Cambió su nueva normalidad en Puerto Rico —sin electricidad, sin internet, sin clases— por los suburbios de Long Island y las comodidades de un Residence Inn. Aurelys Alers-Ortiz viajó junto con varios estudiantes de leyes de la Universidad de Puerto Rico que tomaron la oferta del Touro Law Center de huir de la devastación del huracán María y acabar su semestre ahí.

Sin embargo, conforme retomó el ritmo de la vida en el campus, con clases sobre la propiedad intelectual y los derechos de autor, y la socialización con otros estudiantes, su mente regresa a menudo a casa, donde se quedó su familia, y donde las rutinas y el modo de vida siguen destruidos por la tormenta.

“Estoy ahí acostada, con el aire acondicionado”, dijo, “y pienso en mi mamá”.

El flujo de puertorriqueños que llegan a Estados Unidos continental ha aumentado en las últimas semanas, y ahora alcanza las decenas de miles, mientras una lenta recuperación agrava la devastación en la isla. Los funcionarios de varios estados están batallando con cómo satisfacer las necesidades de los recién llegados, quienes requieren alojamiento y atención médica, y están inscribiendo a sus hijos en las escuelas en cantidades cada vez mayores. En Florida, que ha visto la llegada más numerosa de puertorriqueños, el reasentamiento representa una reconfiguración de las características demográficas del estado y quizá su política.

No obstante, el cambio poblacional implica un posible desafío mucho más grande para Puerto Rico, que trata de recuperarse no solo de los desastrosos estragos del huracán María, sino también de años de un pronunciado declive económico que ya había dejado a la isla atribulada antes de la llegada a tierra del huracán el 20 de septiembre. Muchos de los que se están yendo son profesionales, estudiantes y otras personas jóvenes que serían esenciales para que Puerto Rico se recuperara y tomara un mejor camino.

“Sentimos cierta culpa. Todos sentimos cierto grado de culpa”, dijo José Camacho-Vazquez, de 26 años, uno de los estudiantes que llegó al Touro Law Center. Se le quebró la voz cuando describió la tensión al decidir irse incluso solo por unos cuantos meses: su madre lo alentaba, pero su padre le decía que no lo hiciera, pues no quería que dejara a su madre.

La amargura es “real”, dijo. “Pero tienes que hacer lo que te toca”. Algunos esperan regresar una vez que la situación mejore, pero muchos han decidido construir una nueva vida ahí donde llegaron. “De ninguna manera regresaré a eso, a tener todos esos problemas y todas esas necesidades”, dijo Bryan Troche, quien tiene una empresa de mercadotecnia y se ha estado quedando con parientes cerca de Orlando, Florida, junto con su esposa y su bebé. “No habrá un regreso a la realidad. Esto es la nueva normalidad”.

Francois Franceschini fue capaz de reclamar un lugar en una de las primeras embarcaciones que dejaron la isla tras el huracán, un barco de crucero de Royal Caribbean que se utilizó para viajes humanitarios. Describió la “culpa del sobreviviente” que sentía mientras comía un corte de carne y puré de papa en un camarote de lujo con aire acondicionado.

Franceschini pensó que se uniría a su familia en la ciudad de Nueva York solo por unas cuantas semanas, en lo que reunía generadores y suministros, y regresaría. Pero esos planes cambiaron pronto: ahora, él y su novia, que se han estado quedando en el apartamento de su tía en el Bronx, están empezando a buscar universidades. Puerto Rico, dijo, ha “regresado al Oscurantismo”.

“Se hizo verdaderamente difícil cuando se trató de seguridad y salud y no tanto la comodidad”, dijo. “Puedo trabajar sin sentirme cómodo durante algún tiempo, pero no puedo lidiar con no estar seguro. Me dolió mucho, aun cuando mis padres ya estaban en Nueva York. Amo mucho a Puerto Rico”.

Quienes se están yendo tras el huracán se unen a un éxodo que comenzó mucho antes de la tormenta. En los últimos años, la población de puertorriqueños en tierras continentales (5,4 millones de personas) se ha hecho más grande que la que queda en la isla (3,3 millones). La economía del territorio se ha paralizado por una recesión que ha durado una década y una crisis de la deuda que ha empujado a la isla a declarar una forma de bancarrota este año además de obligar a muchos, de cara a un futuro definido por la falta de empleo y una calidad de vida disminuida, a dirigirse al norte.

“En el instante en que ingresamos en la escuela de leyes supimos que había una cantidad mínima de trabajos que podríamos conseguir como abogados en un bufete local ya en ese entonces”, dijo Lourdes Carreras-Ortiz, una estudiante de leyes de la Universidad de Puerto Rico.

Sin embargo, antes del huracán, mencionó Alers-Ortiz, muchos puertorriqueños podían mantener al menos una fachada de vida de clase media: tenían celulares, iban al cine, compraban ropa en Plaza Las Américas, un extenso centro comercial en San Juan. El huracán arrasó con eso. “Nos arrancaron nuestra máscara de Primer Mundo”, dijo. “Ahora somos Tercer Mundo”.

“Da la sensación de que la vida se detuvo”, añadió.

La sombría situación en la isla forzó a los estudiantes, la mayoría en su tercer año en la escuela de leyes, a revaluar sus planes para cuando se gradúen y la obligación que tienen hacia Puerto Rico.

“No le debo nada al gobierno, pero sí le debo algo a mi isla”, dijo Carreras-Ortiz, sentada con sus compañeros en el campus una tarde hace poco. “Viví allí. Crecí allí. El lugar –no solo la isla físicamente sino también la gente, la vida ahí– me dio mucho, y soy quien soy porque viví en la isla”.

“Quiero regresar por Puerto Rico”, añadió. “Si todos los que pueden hacer algo se van, la isla se acaba. No habrá progreso”.

“Esa es la cosa”, interrumpió otro estudiante, César Rivera. “Eso es muy admirable. Pero no puedo juzgar a los que se van”.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de diciembre de 2017, 8:30 a. m. with the headline "Además de los estragos del huracán, quedan la culpa y el corazón roto de los puertorriqueños que se fueron."

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