Hermanas gemelas de 92 años tomaron los hábitos a los 19
La hermana Mary Carmel y la hermana Mary Carmen Spayd comparten algo más que nombres parecidos. Comparten el mismo ADN.
“La mayoría de la gente nos confunde. Piensan que yo soy ella y que ella soy yo”, dijo la hermana Mary Carmen de su hermana gemela, la hermana Mary Carmel.
Estas monjas mellizas de 92 años están acostumbradas a que las confundan, especialmente ahora, porque siempre están juntas en el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en Ferdinand, Indiana.
Las dos entraron juntas al convento cuando tenían 19 años. Y ahora, 73 años más tarde, no tienen planes de separarse del monasterio ni de ellas mismas.
“Pasamos mucho tiempo juntas”, dijo la Hna. Mary Carmel. “Lo que hacemos, casi siempre lo hacemos juntas, especialmente los arreglos florales y trabajar afuera”.
La Hna. Mary Carmen continuó con la idea, una costumbre que también comparten. “Trabajamos juntas, nuestras camas están cerca”.
Tampoco les gusta destacarse.
“No nos gusta estar en el candelero”, dijo la Hna. Mary Carmel.
“La gente piensa que es muy interesante que seamos gemelas y que las dos seamos monjas”, dijo la Hna. Mary Carmen. “Pero estoy segura de que después de un tiempo se aburren de escuchar eso y de vernos”.
Pero tienen que hacer frente al interés y la novedad percibida de mostrar a otros las ventajas de vivir en una comunidad religiosa.
“Algunas veces la gente no sabe lo que hacemos aquí”, dijo la Hna. Mary Carmel. “Por eso ruego que lo que hagamos aquí sea bueno para nuestra comunidad y que se lleven una perspectiva diferente de la vida religiosa”.
Las mellizas, que nacieron con una diferencia de 45 minutos, crecieron en Mariah Hill.
Naturalmente, los nombres que les pusieron al nacer fueron diferentes: la Hna. Mary Carmen es Luella Cyrilla y la Hna. Mary Carmel es Cyrilla Luella.
“Nuestra madre escuchó de una hermana llamada Cyrilla y le gustó el nombre”, explicó la Hna. Mary Carmel. “Así que cuando nacimos las dos, ella se preguntó qué nombre nos iba a poner”.
“Alguien sugirió Grace y Disgrace”, continuó la Hna. Mary Carmel. “Había otros nombres que rimaban. Pero creo que mamá encontró el otro nombre en un libro”.
Cuando las bautizaron, les cambiaron el nombre por error. “Nuestros abuelos nos confundieron”, dijo la Hna. Mary Carmen.
La Hna. Mary Carmel continuó, bromeando: “Desde entonces tenemos una crisis de identidad”.
La madre de las mellizas era muy religiosa y cuando era jovencita estuvo pensando en tomar los hábitos. “Pero su madre le dijo que tenía que esperar a los 21 años”, dijo la Hna. Mary Carmen. “Después se olvidó de eso”.
Las hermanas estudiaron con las benedictinas, incluida la secundaria en la escuela del monasterio, la Academia de la Inmaculada Concepción, más tarde conocida como la Academia Marian Heights, en Ferdinand. Les encantaban las maestras.
“Las admirábamos mucho”, dijo la Hna. Mary Carmen. “Y siempre parecían ser muy amables unas con otras”.
En esa época era costumbre que las jovencitas se incorporaran al monasterio mientras estaban en la escuela secundaria, como a los 15 años. Y cuando se fundó el monasterio en 1867 había jovencitas hasta de 13 años.
“Era un mundo diferente”, dijo la Hna. Mary Carmen.
Pero las mellizas no tomaron los hábitos en la escuela secundaria. De hecho, se graduaron y se fueron a trabajar: la Hna. Mary Carmen en una compañía fabricante de aviones en Evansville y la Hna. Mary Carmel en el servicio civil en Tell City, antes de unirse a su hermana en Evansville. Y tenían pasatiempos.
“Nos encantaba bailar”, dijo la Hna. Mary Carmel. “Preferíamos bailar que comer”.
A pesar de su amor por el baile, las mellizas decidieron unirse a la orden de las Hermanas Benedictinas en 1944 y tomaron los hábitos en 1946. Su experiencia en casa y con las hermanas benedictinas durante sus años de estudio fueron factores importantes para tomar esta decisión.
“Nuestra madre era una persona muy religiosa”, dijo la Hna. Mary Carmel. “Pero nunca nos presionó. Fue algo innato”.
La madre reaccionó con alegría y tristeza a la vez.
“Estaba muy contenta porque escogimos a las benedictinas. Pero también fue muy duro para ella”, dijo la Hna. Mary Carmel.
“Éramos muy unidas con nuestra madre”, dijo la Hna. Mary Carmen. “Ella lloró mucho, según nuestro hermano, cuando nos marchamos”.
La Hna. Mary Carmel no tuvo dudas de que unirse a las benedictinas era la decisión correcta. “Venir al monasterio era algo que sencillamente tenía que hacer”, dijo. “Creo que Dios me llamó, Dios nos llamó a esta vida”.
La Hna. Mary Carmen se cuestionó la decisión una vez.
“Antes de tomar los votos finales me cuestioné si eso es lo que realmente quería”, dijo. Entonces le contó de sus temores a una de sus superioras. “Ella me dijo: ‘Creo que el diablo te está tentando’. Tenía razón”.
Aunque las mellizas están en la misma comunidad religiosa, sus vidas no son exactamente iguales. Las dos se graduaron de Educación y una maestría en Administración. Pero sus carreras en la educación no han sido las mismas.
Para ambas una carrera en educación era la elección correcta.
“Esta comunidad está básicamente dirigida a la educación. Esa es su misión y su efoque de trabajo”, dijo la Hna. Mary Carmel. “Fue más tarde cuando nos diversificamos hacia el trabajo social, médico y cosas así. Pero siempre fuimos educadoras”.
Las Hnas. aunque con un paso más lento que cuando eran jóvenes, todavía contribuyen a la vida en comunidad con lo que pueden, por ejemplo decorando el interior y el exterior del monasterio.
“Muchas personas nos preguntan si la vida en un monasterio es aburrida”, dice la Hna. Mary Carmel. “No creo. Pero no necesitamos mucho entretenimiento. Nos sentimos satisfechas con las cosas simples de la vida”.
“Y tenemos una buena comunidad que se ocupa de nuestras necesidades. Las hermanas en el monasterio realmente se cuidan unas a a otras”, dice la Hna Mary Carmen.
Las hermanas también disfrutan la compañía de la otra. Por supuesto, hay otras hermanas con las que pueden socializar y hay momentos en el día dedicados a rezar individualmente. Pero las comidas las hacen juntas, lo mismo que los trabajos en el jardín y ver en la televisión programas de juegos.
“Somos una comunidad humana. Cada cual trae su propia idiosincrasia, nuestros lado áspero”, explica la Hna. Mary Carmen. “En comunidad esos lados ásperos logran suavizarse un poco”.
Pero ninguna de las dos lamenta haber tomado los hábitos hace siete décadas.
“Este lugar es sagrado”, dijo la Hna. Mary Carmel. “Cuando pienso en las cientos de hermanas que han pasado por aquí y han rezado en este lugar, los retiros que se han realizado, la gente que ha venido aquí a enderezar su vida, en este campus hay un aura de oración”.
Y ninguna de las dos lamenta haber estado tanto tiempo unida con la otra.
“Estamos comprometidas una con la otra y con nuestra promesa de estabilidad”, dijo la Hna. Mary Carmen. “Somos un buen ejemplo la una para la otra. Nos alentamos con nuestra fidelidad a la oración y este modo de vida”.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2018, 5:53 p. m. with the headline "Hermanas gemelas de 92 años tomaron los hábitos a los 19."