Estados Unidos

‘Salvamos vidas’. Vuelo al ojo del huracán Michael en busca de datos clave

Poco después del mediodía del 10 de octubre, el teniente coronel Sean Cross y el mayor Dave Gentile, pilotos de la Reserva de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, enfilaron su avión cazahuracanes WC-130J hacia el ojo del huracán Michael mientras se acercaba a la Costa del Golfo en la Florida.

La imagen de radar frente a los pilotos mostraba que el avión estaba pasando por una zona nubosa hacia un espacio circular en calma, el ojo de la tormenta. Pero nada de eso era visible del otro lado de las ventanillas de la cabina de mando. Las nubes de la tormenta eran tan densas que lo ocultaban casi todo: no se podía identificar el horizonte, no se veía ningún punto de referencia por ninguna parte, solamente un entorno gris que lo abarcaba todo.

Segundos después, el aparato salió de las nubes para quedar bañado por la luz del sol, que brillaba en lo alto. El avión cazahuracanes estaba rodeado de nubes de tormenta. Los tres pilotos y dos navegantes quedaron con la boca abierta.

“Después de hacer esto durante casi 20 años, he visto algo así quizás cuatro o cinco veces”, dijo el teniente coronel Byron Hudgins, piloto de reemplazo que viajaba en el aparato. Hudgins se refería al ojo en forma de barril del huracán, vertical en vez de la tradicional forma de embudo. La falta de gradación era una señal de la poderosa fuerza de convección en la tormenta.

En ese momento, según la información que recopilaba el avión, los vientos de Michael alcanzaban 133 millas por hora, y la presión, medida en milibares, mientras más baja la cifra peor, era de 922. Pero Michael iba a fortalecerse más. La masa de nubes cubría ahora 235 millas, con un ojo de 18 millas de ancho en el centro.

El teniente coronel Sean Cross, del Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico, pilotea un avión cazahuracanes hasta el ojo de la tormenta Michael el 10 de octubre del 2018.
El teniente coronel Sean Cross, del Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico, pilotea un avión cazahuracanes hasta el ojo de la tormenta Michael el 10 de octubre del 2018. Tristram Korten Florida Center for Investigative Reporting

“El huracán Michael es una tormenta muy poderosa con una presión extremadamente baja”, dijo Cross, el comandante del aparato, por encima del rugido de los motores, mientras se tomaba un respiro al mando.

Los aviones cazahuracanes se adentran en las tormentas para recopilar información, pero Michael no era un huracán común, y este no era un vuelo normal.

Michael se desarrolló con rapidez sobre aguas inusualmente cálidas, lo que le permitió seguir fortaleciéndose prácticamente hasta tocar tierra, algo muy poco común. Algo también raro, quizás sin precedentes, es que un avión cazahuracanes siga a una sistema hasta que toque tierra, que fue lo que sucedió en este caso. La información recogida es de un valor tremendo, según científicos, porque todavía no se sabe bien cómo los huracanes se intensifican tan rápido, como hizo Michael.

“Los datos recogidos en este vuelo se van a estudiar y a debatir muy profundamente durante un decenio”, dijo Ryan Truchelut, meteorólogo del servicio privado WeatherTiger.

‘Salvamos vidas’

Esta fue la novena y última misión que realizaría sobre Michael el Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico, parte del Ala 403 de la Reserva de la Fuerza Aérea, con sede en la Base Keesler de la Fuerza Aérea en Biloxi, Mississippi.

Formada en los años 1940, después que pilotos de la Segunda Guerra Mundial se retaron a volar hasta el centro de un huracán, los Hurricane Hunters, como se conoce el escuadrón, tiene hoy 10 aparatos C-130, denominados WC-130Js, modificados con instrumentos meteorológicos, tanques adicionales de combustible y paracaídas para desplegar sondas, que son tubos de cartón con instrumentos de medición. El escuadrón tiene 20 tripulaciones aéreas de entre cinco y seis oficiales, quienes realizan las misiones a solicitud del Centro Nacional de Huracanes, que es parte de la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera (NOAA).

El sargento técnico Zahary Zieman, jefe de carga y operador de sondas del Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico, ayuda a la tripulación a arrancar los motores para una misión de investigación de la tormenta tropical Chris el 8 de julio del 2018.
El sargento técnico Zahary Zieman, jefe de carga y operador de sondas del Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico, ayuda a la tripulación a arrancar los motores para una misión de investigación de la tormenta tropical Chris el 8 de julio del 2018. Mayor Marnee A.C. Losurdo Fuerza Aérea de Estados Unidos

El año pasado, el escuadrón voló dentro del los huracanes Katia, Irma y José a la vez, la primera vez desde el 2010 que se realizan tres misiones simultáneas. El 2017 fue la décima temporada de más actividad: el escuadrón voló a 10 tormentas con nombre, para un total de 90 misiones. Esta temporada de huracanes, que concluye el 30 de noviembre, los cazahuracanes han volado unas 30 misiones, dos de ellas a la vez, cuando Florence se dirigía a Carolina del Norte y Olivia estaba frente a las costas de Hawai.

El propósito es lanzar sondas dentro de la tormenta para recoger información sobre la humedad, velocidad y dirección del viento, temperatura y presión atmosférica dentro del sistema. El Centro Nacional de Huracanes usa entonces esa información para sus pronósticos y avisos.

“La información que recogemos es muy importante, dijo Cross, refiriéndose a los avisos y alertas. “Es algo muy valioso porque estamos salvando vidas”.

Estas sondas son tubos de cartón que contienen instrumentos para recopilar información meteorológica.
Estas sondas son tubos de cartón que contienen instrumentos para recopilar información meteorológica. Tristram Korten Florida Center for Investigative Reporting

Estas misiones son más críticas ahora debido al impacto del calentamiento global. Los gases de invernadero se acumulan en la atmósfera, en lo fundamental debido a la quema de combustibles fósiles y otras actividades humanas, y eso calienta la superficie de los mares,

Mientras Michael se intensificaba, la temperatura del agua en el Golfo alcanzó 83 y 84 grados, tres o cuatro grados por encima del promedio para esa época del año. El agua cálida es el combustible de los huracanes, de manera que a mayor temperatura de los mares, más rápido se desarrollan las tormentas.

Michael pasó de ser una tormenta tropical con vientos de 35 millas por hora el 7 de octubre a un monstruo de categoría 5 tres días después.

“Todavía no puedo creer como este sistema se intensificó hasta el mismo momento de tocar tierra tan avanzada la temporada, en esta parte del Golfo, tan rápido”, dijo el meteorólogo Truchelut.

La intensificación rápida de los huracanes es algo que no se entiende bien. Michael se fortaleció hasta el mismo momento de tocar tierra, algo poco común en los huracanes que afectan la región norte del Golfo de México, que muchas veces se debilitan debido al aire seco proveniente de tierra adentro. Pero un jet stream en dirección norte hizo aumentar la eficiencia de Michael, según Andy Hazelton, de la División de Investigación de Huracanes de la NOAA y la Universidad de Miami.

Los climatólogos no saben a ciencia cierta qué sucederá con los notoriamente impredecibles huracanes en condiciones de altas temperaturas. Algunos modelos a largo plazo indican una cantidad ligeramente menor de tormentas, pero más poderosas, dentro de varias décadas. Como las aguas se mantienen cálidas más tiempo, la temporada de huracanes puede prolongarse. Otros estudios indican que los patrones de viento a gran escala, que tradicionalmente guían los huracanes, están perdiendo velocidad o debilitándose, lo que permitiría que las tormentas duren más tiempo y generen más lluvia.

Por otra parte, la velocidad del viento probablemente también aumente. Timothy Hall, del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, con sede en Nueva York, explicó que aunque los océanos se calientan, la atmósfera superior no. Así las cosas, esta diferencia de temperatura hace aumentar la intensidad de los huracanes. Algunas tormentas, dijo “llegarán a intensidades nunca vistas históricamente”.

Recordatorio de riesgos

Si la actividad de huracanes se intensifica, los vuelos de los cazahuracanes pudieran resultar más peligrosos de lo que ya son. Entre 1945 y 1974, seis aviones militares estadounidenses se han perdido mientras investigaban huracanes, cinco sobre el Pacífico y uno sobre el Caribe.

El vuelo que penetró Michael fue un potente recordatorio de los riesgos. Durante la cuarta y última penetración del ojo, el avión tropezó con una fuerte turbulencia, cayó en un bolsón y se desplomó 2,000 pies. Los pasajeros que no tenían puesto el cinturón se elevaron varias pulgadas sobre sus asientos y los objetos no asegurados salieron volando.

Después de penetrar la pared del ojo y estabilizarse, el avión siguió el gradiente de presión de 10,000 pies hacia el ojo. La presión era tan baja, y el descenso del avión tan pronunciado, que Gentile tuvo que tomar los controles, hasta entonces en manos del piloto automático, para evitar que siguiera descendiendo. Entonces, para volver a ascender, Gentile aceleró los motores al máximo.

Dijo el teniente coronel Cross: “El huracán Michael hacía lo que quería con el avión. Durante unos 30 segundos, fue muy intenso. Es un vuelo que no voy a olvidar por el resto de mi carrera”.

El Florida Center for Investigative Reporting es una organización noticiosa sin fines de lucro apoyada por fundaciones y contribuciones individuales. Para conocer más información, visite fcir.org.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de octubre de 2018 a las 11:31 a. m..

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