Estados Unidos

Tras mucho entusiasmo, compañías de EEUU pierden interés en Cuba

Durante la 33ra Feria Internacional de La Habana se sentía entusiasmo en el aire. Era el 2015, el año en que Estados Unidos y Cuba reanudaron las relaciones diplomáticas y muchas compañías estadounidenses apostaban a nuevas oportunidades de negocios en la isla.

Pero tres años después, en momentos que la 36ta edición de la feria se inauguró esta semana y las relaciones de Cuba con el gobierno del presidente Donald Trump se han enfriado, buena parte del entusiasmo empresarial estadounidense se ha enfriado.

“Abismal” es la palabra que usa John Kavulich, presidente del U.S.-Cuba Trade and Economic Council, para describir el nivel de interés de las compañías norteamericanas en Cuba y el clima de inversión que hay en la isla en este momento. “Algunas compañías siguen haciendo negocios en Cuba, pero para ser un país de 11 millones de habitantes, el interés no está donde debería estar”, dijo.

Los medios de prensa oficiales cubanos han reportado que unas 16 firmas estadounidenses participan en la feria de este año, que concluye este viernes 2 de noviembre, pero parece haber menos con pabellones. Entre las compañías que tenían programado participar están Innovative Immunotherapy Alliance, un emprendimiento conjunto creado por el Comprehensive Cancer Center, de Buffalo, Nueva York, y el Centro de Inmunología Molecular de La Habana, para tratar de traer al mercado estadounidense cuatro medicamentos cubanos contra el cáncer.

Rodrigo Malmierca, ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba, dijo que 2,500 ejecutivos de negocios extranjeros, unas 30 cámaras de comercio y 60 países asisten a la feria, la Fihav 2018, lo que es una prueba, dijo, de que “el mundo está con Cuba” a pesar de su problemática relación con Estados Unidos. Entre los principales expositores están España, China y Rusia.

En el 2015, cuando más de 70 países participaron en la feria, la economía cubana estaba creciendo. Empresas de todo el mundo pensaron que debían poner un pie en el mercado cubano rápidamente, antes que el deshielo en las relaciones de la isla con estados Unidos permitiera a las compañías estadounidenses llevarse los mejores negocios. Los participantes norteamericanos apostaban a que con el acercamiento, el fin del embargo sería cosa de tiempo.

Pero ahora la economía cubana está a la baja, la retórica hostil entre Washington y La Habana se ha disparado, las reglas del gobierno de Trump creadas para limitar los negocios con empresas militares cubanos han alejado a las compañías estadounidenses y el ritmo con que el gobierno cubano aprueba nuevas empresas conjuntas y contratos de gerencia ha sido sumamente lento.

Sin embargo, en una entrevista con Cubadebate, un portal noticioso cubano, Malmierca enfatizó que la inversión extranjera se ha convertido en una necesidad económica para Cuba: “No somos un país rico en recursos naturales ni hay un ahorro nacional suficiente para hacer las inversiones que nuestro desarrollo social y económico requiere”.

Miguel Díaz-Canel, quien sustituyó a Raúl Castro como presidente de los consejos de Estado y de Ministros de Cuba, expresó algo parecido cuando cortó la cinta inaugural de la feria el lunes. La feria, tuiteó, “ratifica el interés internacional en comerciar con Cuba a pesar del bloqueo [la palabra que usa Cuba para el embargo]”.

Pero algunos expertos que respondieron a la entrevista en Cubadebate cuestionaron el lento ritmo de los esfuerzos por atraer inversiones, así como la renuncia del gobierno de la isla a permitir la inversión de cubanos en algunos de los proyectos que se ofrecen a los extranjeros. Todos los años en la feria, Cuba presenta su nueva cartera de inversiones. El año pasado fueron 465 proyectos, para los que buscaba inversiones por valor de $10,700 millones.

“Estamos vendiendo nuestro país en partes”, se quejó uno de los comentaristas.

Saul Cimbler, asesor de Coral Gables que trabaja con compañías estadounidenses que exploran oportunidades de negocios en Cuba, ha asistido a cuatro de las últimas cinco ferias. “Este año no voy, y para ser honestos, no conozco a ninguno de los que ha ido”, dijo. “En este momento, a menos que sea algo relacionado con los viajes, la energía renovable o la agricultura, no hay mucho interés”.

Se han firmado pocos acuerdos con empresas norteamericanas, en su mayoría en los sectores de aerolíneas, cruceros y telecomunicaciones. En un acuerdo poco común, una compañía de Hialeah importó dos pequeños cargamentos de carbón producido por una cooperativa privada.

La Cámara de Comercio de Estados Unidos, que desde hace mucho tiempo ha defendido el levantamiento del embargo, llevó una delegación de unas 40 compañías en el 2015 que estaban deseosas de reunirse con autoridades cubanas y firmar contratos. Este año la Cámara lanzó su Consejo de Negocios Estados Unidos-Cuba.

Carlos Gutiérrez, ex jefe ejecutivo de Kellogg quien fue secretario de Comercio del presidente George W. Bush, estaba entusiasmado en la feria del 2015 y participa en la de este año.

“Yo espero que la asistencia sea menor que años anteriores”, dijo Gutiérrez. “Algunas compañías opinan que han invertido mucho tiempo [en el mercado cubano] y han salido con las manos vacías. No se puede esperar que suceda algo mágico en dos años, especialmente cuando todavía existe el embargo”.

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La 36ta edición de la Feria Internacional de La Habana se celebra hasta el 2 de noviembre del 2018.

“Las compañías con una visión a largo plazo siguen interesadas y se dan cuenta que es bueno mantenerse cerca para estar al tanto de los cambios en el sistema normativo cubano, pero saben que van a tener que esperar”, dijo Gutiérrez, presidente del Consejo de Negocios Estados Unidos-Cuba.

Los interesados en el futuro entienden que Cuba tiene ciertas ventajas, como su ubicación estratégica, un mercado de consumo relativamente virgen y el tremendo potencial del turismo, dijo.

Por su parte, Kavulich afirmó que tanto el gobierno de Obama como el de Castro hubieran podido, y deberían haber hecho más, por cementar las relaciones de negocios mientras existía la voluntad política para hacerlo.

Aunque muchas normas de la era de Obama se mantiene y el gobierno de Trump también ha permitido acuerdos autorizados durante el gobierno de Obama, “Cuba, al no aprovechar las oportunidades” también ha contribuido al menor interés de las compañías estadounidenses, que “no ven que Cuba quiera que tengan un papel en su economía”, dijo Kavulich.

Pero Gutiérrez considera que los últimos años del proceso de normalización como una experiencia de aprendizaje para los dos países.

Durante ese tiempo, dijo Gutiérrez, “miles de ejecutivos estadounidenses viajaron a Cuba. Para Cuba eso significó que tenían que tener personal listo para reunirse con ellos, dar seguimiento a las conversaciones y asegurar que el proceso avanzara”.

Pero muchas veces Cuba no parecía estar lista para la avalancha.

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Una mujer pasa junto al área que representa al estado de Alabama en la 36ta Feria Internacional de La Habana. Ramón Espinosa AP

Mientras tanto, La Habana no solamente quiere atraer el interés de inversionistas extranjeros en la feria, sino también vender sus productos, como ron, puros, mariscos y medicamentos. Cuba tiene 120 expositores en la feria, que representan a 350 empresas cubanas. Aunque el embargo tiene excepciones que permiten a compañías estadounidenses exportar productos agrícolas, alimentarios y médicos a la isla, así como comerciar con empresarios privados cubanos, no se espera que compren ni vendan mucho.

“El gobierno del presidente Trump ha tenido un gran éxito en reducir el interés comercial en Cuba. Ha creado una narrativa en la que a un presidente ejecutivo le cuesta trabajo defender el hacer negocios con un país donde los militares controlan buena parte de la economía”, dijo Kavulich.

La cartera del conglomerado comercial de las fuerzas armadas cubanas, GAESA, abarca hoteles, compañías de turismo, la Zona Especial de Desarrollo Económico Mariel, gasolineras, tiendas, compañías de telecomunicaciones, una aerolínea comercial, la empresa de exportación e importación CIMEX y más, pero no todos los negocios de GAESA están incluidos en la lista estadounidense de entidades cubanas con los que Estados Unidos no puede comerciar.

Cuando Díaz-Canel asistió a su primera reunión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York el mes pasado, se reunión con ejecutivos empresariales estadounidenses, en su mayoría del sector de viajes, para una mesa redonda, y tuvo reuniones privadas con algunas compañías.

“Salió bien parado, estaba bien preparado”, dijo Pedro Freyre, abogado de Miami entre cuyos clientes hay algunas líneas de crucero que tienen itinerarios a Cuba.

“El cambio generacional es evidente. Díaz-Canel es el rostro del capitalismo marxista”, dijo Freyre, quien asistió a la mesa redonda y una recepción a Díaz-Canel en Nueva York.

Pero no todos están convencidos de que el gobernante cubano implemente los cambios que hagan de Cuba un mercado más atractivo para las compañías estadounidenses. Díaz-Canel iniciará pronto un recorrido por países aliados más tradicionales de la isla: Rusia, China, Vietnam, Laos y Corea del Norte.

“Díaz-Canel tiene una postura proempresarial, la interrogante es si eso incluye a las empresas estadounidenses”, dijo Cimbler.

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