Desestimadas durante siglos, extrañas rocas de Puerto Rico pudieran cambiar la historia
Durante más de un siglo, las piedras del tamaño de un puño y grabadas con símbolos enigmáticos, fueron ignoradas por académicos y despreciadas por autoridades culturales.
Descubiertas en Puerto Rico en los años 1880 por un sacerdote que estaba convencido que tenían relación con las Tribus Perdidas de Israel, las piedras fueron declaradas falsas a principios de los años 1900 por investigadores del Smithsonian.
Así las cosas, hasta ahora han estado acumulando polvo.
Cuando el arqueólogo puertorriqueño Reniel Rodríguez Ramos se encontró con la colección en 2001, las piedras merecían tan poco interés que alguien las usaba para mantener puertas abiertas.
“Estas piedras se consideraban basura”, recuerda Rodríguez. “Ninguna institución o arqueólogo en Puerto Rico les prestaba atención”.
Pero ahora las rocas, conocidas como las piedras del padre Nazario son sometidas a una reevaluación radical. No solo hay pruebas cada vez mayores de que son antigüedades verdaderas sino que tienen pistas de lo que pudiera ser un lenguaje perdido, algo que pudiera cambiar la historia precolombina de la isla.
De pie en el abarrotado laboratorio de la Universidad de Puerto Rico en Utuado, Rodríguez coloca una de las piedras bajo una lupa y describe la figura que observa tallada en su superficie. Parece ser el perfil de un hombre con algo parecido a un turbante en la cabeza. Las líneas que trazan curvas sobre la superficie de la piedra tienen pequeños símbolos.
Rodríguez ha identificado unos 20 símbolos que se repiten en las más de 300 piedras que ha estudiado. Al principio pensó que los ángulos y las líneas pudieran ser información astronómica, una especie de guía del cosmos.
“Es un sistema de anotación, no una decoración”, dijo Rodríguez con una piedra en la mano. “¿Es una anotación comercial o espiritual? ¿Es un registro de nombres? Todavía no sabemos... pero es algo revolucionario en las Américas”.
Los habitantes originales de Puerto Rico, los taínos, dejaron un colorido abanico de palabras, como caimán, barbacoa, papaya y huracán. Y la isla está llena de grabados rupestres. Pero no hay pistas de un idioma como tal.
Ahora las piedras del padre Nazario pudieran cambiar eso, si la comunidad científica concuerda con Rodríguez en que tienen valor
La historia de cómo se desestimó el valor de las piedras data de principios de los años 1900 y un hombre llamado Jesse Walter Fewkes. Nacido en Massachusetts en 1850, Fewkes era un zoólogo graduado de la Universidad de Harvard quien se interesó en la arqueología y la antropología.
Después que Estados Unidos se anexó Puerto Rico de manos de España en 1898, la Oficina de Etnología de Norteamérica envió a Fewkes a estudiar el territorio recién adquirido. Fewkes comenzó a viajar a la isla en 1902, desde donde también viajó a Haití, Cuba y Trinidad para estudiar las culturas arawak que habitaban la zona antes de la llegada de Cristóbal Colón en 1492.
En una de esas expediciones, Fewkes conoció José María Nazario, sacerdote y arqueólogo aficionado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico. Nazario había recogido unas 800 de las “enigmáticas” piedras en las montañas de la isla y Fewkes trató de comprárselas para el Museo Nacional. Aunque el padre Nazario rechazó la oferta, seis piedras terminaron en el Instituto Smithsonian y ahora pertenecen a la colección de artículos falsos.
“El padre Nazario considera que estos jeroglíficos son un sistema de escritura de los antiguos habitantes del Puerto Rico”, dice la etiqueta de una de las piedras en el Smithsonian. “En la colección [de Nazario] hay varios escritorios llenos de objetos de piedra con inscripciones con estas. También tiene una piedra cubierta con estas figuras… que el doctor Fewkes pensaba que eran falsas”.
El juicio de Fewkes —poderosos y definitivo— echó por tierra cualquier posibilidad de seguir investigando las piedras. Y en los círculos académicos, la teoría prevaleciente era que los propios habitantes puertorriqueños habían grabado las piedras en los años 1800 a manera de antigüedades falsas para engañar al sacerdote español.
Rodríguez dijo que cuando estudiaba Arqueología nunca le mencionaron las piedras en clase. Y aunque naturalistas e historiadores locales han escrito sobre los artefactos, “no hay una sola página escrita por un arqueólogo sobre estas piedras, a pesar de que su presencia se conoce desde hace unos 140 años”, agregó.
La nube oscura que dejó Fewkes todavía persiste. Cuando Rodríguez comenzó a estudiar las piedras en serio en 2011, sus amigos le dijeron que eso era un “suicidio académico”.
Pero Rodríguez siguió adelante. “Mi aspiración no es enseñar en Harvard, yo estoy en Utuado y esto es lo que me interesa”, sentenció.
Los decenios de descuido también han afectado las piedras. De las 800 que tenía originalmente el padre Nazario, solo quedan unas 330. La mayoría está en Puerto Rico, entre ellas varias en el Museo de Arqueología de Guayanilla, pero también en el Museo Peabody de Harvard (donde también las catalogan de falsas) y en el Museo Quai Branly en París.
Cuando Rodríguez se acercó a un colega investigador, Christopher Rollston, para tratar el asunto de las piedras, Rollston estaba al tanto de la opinión generalizada sobre los artefactos. Profesor de hebreo, fenicio y arameo en la Universidad George Washington, Rollston ha hecho carrera identificando antigüedades falsas.
“He desacreditado muchas esculturas falsas en los últimos años”, dijo Rollston en una entrevista telefónica. “Mucha gente creía que eran falsificaciones de finales de los años 1800”.
Rollston viajó a Puerto Rico a principios de este año para estudiar las piedras. En las líneas diagonales que Rodríguez identificó inicialmente como ángulos astronómicos, Rollston observó “líneas de registro”, debajo y encima de las cuales se repetía una serie de símbolos.
Aunque Rodríguez ha identificado unos 20 símbolos, Rollston dijo que no son suficientes para considerarlo un alfabeto, o incluso un sistema de escritura no alfabético
“Creo que estos [símbolos] no son de una escritura mesoamericana, no son mayas ni aztecas, definitivamente no lo son”, dijo. “Pero tampoco creo que sean falsificaciones de los años 1800. Parecen representar un sistema de escritura en ciernes que es diferente de los sistemas que conocemos”.
En su informe sobre las piedras, Rollston plantea que los que “escribieron sobre estas piedras” quizás conocían o habían visto algún lenguaje escrito, “pero por alguna razón no intentaron imitar los símbolos de ese sistema de escritura”.
Y contrario a lo que el padre Nazario creía, los símbolos no son hebreos ni fenicios, traídos al Nuevo Mundo por una de las Tribus Perdidas de Israel.
A pesar de especulaciones de larga data de que una de las llamadas Tribus Perdidas de Israel pudiera haber dado media vuelta al mundo, Rollston dijo que hay amplias evidencias en la Biblia y otras fuentes de que estas tribus, que se dispersaron después de la caída de Samaria en 722 A.C., nunca salieron del Cercano Oriente.
“Desde la perspectiva académica, sabemos desde hace 150 años que las tribus de Israel no se perdieron. Sabemos todo lo que les ocurrió”, dijo Rollston.
Otra evidencia clave se encontró en la Universidad de Haifa, en Israel, donde los investigadores determinaron con microscopios avanzados que “desgaste” en las piedras —cambios ligeros debidos a la exposición a los elementos— probaban que habían estado al aire libre muchos años después que las grabaron. Es decir, las piedras no se grabaron durante la época que el padre Nazario las encontró.
Además, aunque Fewkes dijo que las piedras fueron grabadas con “instrumentos de hierro” (prueba adicional de que eran falsificaciones modernas y no reliquias de la edad de piedra), los investigadores israelíes dudan de esa teoría. Si las hubieran hecho con instrumentos de metal, debía haber rastros del metal en los símbolos, y no hay tal.
A las piedras del padre Nazario le quedan un largo camino para ocupar el lugar que le corresponde en la historia. Rodríguez está trabajando en un estudio que encapsula los resultados de las nuevas investigaciones que tendrán que sobrevivir.
Pero incluso si convence a la comunidad científica en general de que las piedras son genuinas, lo que representan sigue siendo un misterio.
Rodríguez cree que hay una probabilidad de que las piedras, o al menos lo que está escrito en ellas, venga de alguna otra región o continente. Es una teoría contenciosa.
La investigación de las rutas comerciales precolombinas por lo general se toma con tanta seriedad como “los estudios del abominable hombre de las nieves o los alienígenas, dijo.
“Pero creo que estas piedras tienen el potencial de ser la primera evidencia robusta para comenzar una conversación sobre la posibilidad de la existencia de ‘prenautas’”, navegantes precolombinos, dijo. “Pero tenemos que comenzar a estudiar estas piedras en serio”.
Acostumbrado a trabajar fuera de la luz pública, Rodríguez ha visto que las piedras del padre Nazario lo han convertido en una celebridad en una isla poco acostumbrada a las buenas noticias.
Cuando ofreció una conferencia de prensa sobre las piedras en Guayanilla, donde se exhiben algunas de las piedras, más de 400 personas asistieron. El alcalde le entregó las llaves de la ciudad.
Rodríguez dijo que la existencia de las piedras amplía el sentido histórico de la isla.
“Las piedras cuestionan la metanarrativa de que Colón trajo la escritura y la historia con él. Por eso todo lo que hubo antes de Colón se llama prehistoria”, dijo. “Esa manera de pensar nos separa de cientos de miles de años de nuestra historial... No es lo mismo decir a la gente que tienen 500 años de historia que decirles que en verdad son 6,000 años”.