Estados Unidos

En medio de apagones y remezones, algunos puertorriqueños duermen al aire libre

En el Campamento Estrella, las tres decenas de personas y cuatro perros tienen una tienda de campaña o un vehículo donde dormir, un generador para mantener cargados sus teléfonos móviles y café, que se sirve caliente y dulce al amanecer.

En momentos que costa sur de Puerto Rico sigue recuperándose del sismo de magnitud 6.4 del martes, que dejó un fallecido y cientos de edificios dañados, además de dejar buena parte de la isla sin servicio eléctrico, cientos, quizás miles, de personas han buscado la seguridad al aire libre, y en campamentos municipales e improvisados.

En el Campamento Estrella, una ciudad improvisada de tiendas de campaña en Guayanilla, zona duramente afectada por el sismo, algunos han buscado refugio porque quedaron sin casa, y otros están simplemente demasiado asustados para dormir bajo techo en medio de las continuas réplicas que han hecho peligrar la estabilidad de paredes, techos y objetos.

Integrantes de la familia Orengo, vecinos del poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, pasaron la noche en tiendas de campaña en un campamento improvisado que han dado en llamar Campamento Estrella 68.
Integrantes de la familia Orengo, vecinos del poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, pasaron la noche en tiendas de campaña en un campamento improvisado que han dado en llamar Campamento Estrella 68. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Pocos minutos después del terremoto del martes, Sandra Mattei, de 55 años, y su esposo estacionaron su camioneta en el terreno baldío cubierto de yerba. El lugar era perfecto: en una zona alta (sin peligro de un tsunami), sin postes que pudiera caer y, afortunadamente, ubicado frente a la única pastelería que sigue funcionando en la ciudad.

A las pocas horas de su llegada, amigos y familiares se les unieron. Para el jueves, el lugar parecía un pequeño festival de música: tiendas de campaña, vehículos, mantas en el suelo, bebés, perros y sillas de extensión por doquier, y la gente ofreciendo cerveza, y café a los desplazados.

Mattei dijo que el campamento se formó orgánicamente.

“Una persona trajo un generador, otra trajo una parrilla, otra una lona”, dijo la mujer. “Aquí todos podemos cuidarnos unos a los otros, una no tiene que preocuparse por dónde está el hermano o el primo, todos están aquí”.

No está claro cuántas personas han quedado desamparadas por la serie de terremotos que comenzó el 28 de diciembre, pero varios cientos —quizás más— están psicológicamente desamparados: tienen demasiado temor de dormir bajo techo. Washington has declarado un estado de emergencia en toda la isla y las carreteras que van al sur estaban atascadas el miércoles ya tarde con caravanas que llevaban catres y generadores.

Los gobiernos municipales también han establecido albergues en estadios en Guánica, Guayanilla y Ponce, pero también han surgido cientos de campamentos en parques y terrenos baldíos.

Nelson Torres, alcalde de Guánica, dijo que hay más de 250 personas acampadas en el estadio del pueblo que siguen llegando más.

El empleado municipal José Rosario cocina para vecinos del poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, que hacían fila el miércoles 8 de enero de 2020 para recibir un plato de comida caliente cortesía de la alcaldía, y se preparaban para pasar otra noche durmiendo al aire libre. Cientos, quizás miles, de puertorriqueños han estado durmiendo a la intemperie desde que una serie de temblores de tierra comenzó a afectar la isla el 28 de diciembre.
El empleado municipal José Rosario cocina para vecinos del poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, que hacían fila el miércoles 8 de enero de 2020 para recibir un plato de comida caliente cortesía de la alcaldía, y se preparaban para pasar otra noche durmiendo al aire libre. Cientos, quizás miles, de puertorriqueños han estado durmiendo a la intemperie desde que una serie de temblores de tierra comenzó a afectar la isla el 28 de diciembre. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

Aunque los daños causados por el terremoto del martes pudieran parecer mínimos en comparación con la devastación provocada por el huracán María en 2017, Torres dijo que los terremotos parecían algo más siniestro porque golpean sin avisar.

“Nunca hemos pasado por algo así, no hay manera de prepararse contra esto”, dijo Torres mientras supervisaba una cocina de campaña que alimentó a más de 500 el miércoles. “Podemos entregar comida y agua a la gente, pero lo que me preocupa es su salud emocional”.

Al preguntársele cuánto tiempo permitiría la municipalidad a los vecinos dormir a la intemperie, Torres se encogió de hombros: “Hasta que deje de temblar, pero nadie sabe cuándo será eso”.

Algo que se agrega a la ansiedad es que algunas estructuras consideradas seguras resultados afectadas. En Guayanilla, la iglesia católica del poblado, construida en la década de 1900 y que se ha usado muchas veces como albergue en caso de huracanes, colapsó en el fuerte terremoto del martes. Y en Guánica, una escuela intermedia de tres pisos quedó destruida. El gobierno informó que inspeccionará las más de 800 escuelas que hay en la isla antes de permitir que los alumnos regresen a clases.

Camila Isabel Orengo, de 2 años, y su prima Adelanie Orengo, vecinas del poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, se entretienen en una tienda de campaña con su familia en el llamado Campamento Estrella 68, en una imagen del miércoles 8 de enero de 2010.
Camila Isabel Orengo, de 2 años, y su prima Adelanie Orengo, vecinas del poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, se entretienen en una tienda de campaña con su familia en el llamado Campamento Estrella 68, en una imagen del miércoles 8 de enero de 2010. pportal@herald.com pportal@miamiherald.com

“Los códigos de construcción en Puerto Rico incluyen exigencias contra terremotos desde 1987, pero muchos de los edificios son de antes de eso”, dijo en un comunicado Ricardo Álvarez-Díaz, miembro del Consejo de Construcción de Puerto Rico. “Como resultado, la mayoría de las escuelas de la isla no cumplen ese código pero el gobierno usa esos edificios como albergues en casos de emergencia. Eso crea una situación seria de planeación”.

Aunque la actividad sísmica se ha centrado a lo largo de la costa sur, los efectos se han sentido en toda la isla.

En particular, los dos sismos del martes dañaron seriamente el complejo electrogenerador Costa Sur. Jorge Ortiz, presidente ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico, dijo el miércoles a medios de prensa locales que restablecer el servicio completamente pudiera demorar meses, y quizás un año. Pero la empresa informó que esperaba restaurar el servicio a la mayoría del país durante el fin de semana, aunque el jueves todavía había apagones en buena parte del territorio.

Héctor Caraballo, de 32 años, y su novia habían estacionado su auto el miércoles por la noche cerca del Campamento Estrella, disfrutando de la luz de las estrellas en un entorno de fuerte oscuridad.

Caraballo dijo que seguía durmiendo en su casa, pero en la sala junto a la puerta, para poder salir a las carreras al menor temblor. Aunque dijo que la incertidumbre es estresante, las consecuencias han sido mucho menos graves que las del huracán María que dejó partes de la isla sin electricidad durante meses.

Vecinos hacen fila para comprar pan y leche en La Estrella, en el poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, en una imagen del . Cientos, quizás miles, de puertorriqueños han estado durmiendo a la intemperie desde que una serie de terremotos comenzó el 28 de diciembre.
Vecinos hacen fila para comprar pan y leche en La Estrella, en el poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, en una imagen del . Cientos, quizás miles, de puertorriqueños han estado durmiendo a la intemperie desde que una serie de terremotos comenzó el 28 de diciembre. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

“Durante María perdimos el servicio de telefonía móvil, las carreteras estaban impasables. Yo pasé dos semanas sin agua ni electricidad”, dijo. Esta vez, Guánica lleva solo tres días sin electricidad, y tenemos esperanza de que restablezcan pronto el servicio. “Esto es como un simulacro para nosotros”, agregó.

Para otros, los daños son más graves. Edna Rivera, de 64 años y ex maestra, se estremeció al describir el ruido que hicieron los terremotos del martes.

“Era como un trueno, como un rugido. Es difícil de explicar”, dijo.

Cuando finalmente vio su casa a la luz del día en el poblado de Yauco, observó una profunda grieta en la fachada. Para ella, la grieta parecía algo grave, imposible de reparar. También la afectó emocionalmente.

“Lo que sentí, la serenidad que tenía en mi casa, ya no tengo eso”, dijo. “No puedo regresar a esa casa”.

Junto con otros cientos de personas, Rivera pasó la noche del miércoles bajo una lona en medio de un campo de pelota en Guayanilla. Mientras se preparaba para dormir sobre un estrecho catre verde —no su atesorado colchón grande en su casa, donde vive desde hace 40 años— dijo que estaba asombrada de la facilidad con que las cosas pueden cambiar.

Un hombre pasa junto a un edificio dañado por el terremoto en el poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, en una imagen del jueves 9 de enero de 2020.
Un hombre pasa junto a un edificio dañado por el terremoto en el poblado de Guayanilla, en la costa sur de Puerto Rico, en una imagen del jueves 9 de enero de 2020. Pedro Portal pportal@miamiherald.com

“Uno se va a la cama pensando que se va a levantar el día siguiente”, dijo, “y entonces la casa se derrumba... Es difícil explicar lo que uno siente”.

En el Campamento Estrella, Mattei se levantó el jueves cansada después de dormir en el asiento delantero de una camioneta, despertándose repetidas veces con las réplicas. A pesar de la incomodidad, dijo que se sentía mejor en medio de la multitud y el alboroto en el campamento.

Aunque los temblores ocurren a toda hora, parecen más fuertes y amenazadores después del amanecer, dijo.

“Es como si volviera a tener miedo de la oscuridad”, agregó. “Es como si uno temiera que caiga la noche porque está pensando en los terremotos”.

Cuando se le preguntó cuánto tiempo estaría en el Campamento Estrella, dijo que eso no dependía de ella.

“Mientras esté temblando la tierra no podemos irnos a casa”, dijo.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de enero de 2020, 5:25 p. m..

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