‘Si me van a violar, mátenme’: Mujer dice que agentes de inmigración la violaron
Geraldine Rodríguez Olivares texteó frenéticamente a su familia para que la ayudaran.
La mujer chilena —bailarina de twerking en una gira internacional— acababa de llegar a República Dominicana en un vuelo desde Puerto Rico. Mientras mensajeaba a su familia, le llegó por teléfono un mensaje de la cónsul general de Chile en Santo Domingo, quien había sido alertada por la familia de Rodríguez.
Desesperada, Rodríguez le contestó: “Sáquenme de aquí. Se los suplico”, escribió en español. “Por favor”.
Sorprendida, la diplomática chilena, Karen González, se dirigió en su auto al aeropuerto, intentando comunicarse con Rodríguez mientras conducía.
“Llego como 15 minutos”, le dijo. “Quédese tranquila”
Cuando se encontró con la cónsul en la terminal del aeropuerto, Rodríguez le contó una historia horrorosa: En el aeropuerto de la capital puertorriqueña, agentes de la Aduana de Estados Unidos la habían llevado a un salón privado, donde dice que la la obligaron a bailar twerking, mientras unos cinco agentes le lanzaban billetes de un dólar y le daban nalgadas. Entonces la quitaron la ropa y la agredieron sexualmente.
Mientras esperaba por la cónsul, Rodríguez, una celebridad en su país, también había grabado videos para su audiencia de 1.4 millones de seguidores en Instagram:
“Necesito su ayuda urgente”, dijo llorando desconsoladamente. Hizo una pausa para respirar. “Por favor”.
Los desesperados pedidos de ayuda de Rodríguez provocaron una investigación internacional en que han participado diplomáticos de Estados Unidos y Chile, fiscales y autoridades de inmigración.
Aduanas y Protección Fronteriza confirmó al Miami Herald que la agencia lanzó una investigación después que Rodríguez colgó un video en que lo contó todo el 17 de febrero.
El sábado, un portavoz del CBP en San Juan dijo que la agencia ha evaluado todas las imágenes de video disponibles tomadas en el aeropuerto y concluyó que las acusaciones no tienen base.
El Herald habló con Rodríguez, su novio Rodrigo Catalán y su mejor amigo, Patrick Pacheco, quien apoyó la versión de los hechos de la mujer. El Herald también analizó decenas de comunicaciones electrónicas, documentos e informes médicos.
La inspección
Rodríguez, de 31 años y bailarina de twerking desde que tenía 18, quien desde entonces se ha convertido en una celebridad en Chile, llegó a Puerto Rico el 1 de febrero. Conocida entre sus seguidores como “Geri Hoops”, Rodríguez fue llevada en una embarcación rápida a varias de las playas más conocidas de la isla y fue entrevistada en la televisión local.
El 15 de febrero, Rodríguez voló de San Juan a la República Dominicana para bailar en un video musical de Ozuna, cantante de reguetón.
Pero al regresar a Puerto Rico el 16 de febrero, dice Rodríguez, todo cambió. Llegó a las 11:06 p.m., poco antes que la oficina de Aduanas cerrara a la medianoche. Rodríguez viajaba con una amiga, quien habló con el Herald a condición de no ser identificada.
Cuando las dos mujeres se acercaron al mostrador en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín —uno de los pocos aeropuertos privatizados en Estados Unidos— Rodríguez dijo que agentes de inmigración le dijeron que tenían que sentarse en la sala de espera del CBP, pero no les dieron una razón.
“Nos siguió diciendo que nos sentáramos. Había gente que entraba y salía, los revisaban.. pero a nosotras nos dejaron de últimas”, dijo Rodríguez al Miami Herald..
Un agente en el mostrador llamó entonces a Rodríguez. Cuando se acercó, dijo que un agente de inmigración le mostró un flyer impreso que promocionaba su clase de twerking en un estudio local de danza.
“Me dijo ‘dime la verdad o te va a ir más mal’. Me dijo que sabían quién yo era”, contó Rodríguez. “Me mostró un flyer con mi clase, me dijo que monitoreaban mis mensajes en Instagram, que me habían visto en la televisión y me habían escuchado en la radio”.
Poco después, las dos mujeres dijeron que fueron llevadas individualmente a una sala de inspección donde dos agentes mujeres las revisaron físicamente, como indican las regulaciones de Aduanas.
Al final, los agentes le dijeron a Rodríguez que no podía entrar a Estados Unidos y que debían haber viajado con una visa de trabajo, no de turista. Agregó que los agentes le dijeron que sus mensajes en las redes sociales eran prueba de que había estado trabajando.
Documentos federales muestran que Rodríguez fue considerada “inadmisible” para entrar en Estados Unidos. Pero su amiga fue liberada, lo que hizo que Rodríguez se quedara sola en la sala de espera, dijo.
Rodríguez, quien habló con el Herald varias veces, ofreció al menos dos versiones ligeramente diferentes de lo sucedido, con diferentes niveles de detalles. En ciertos momentos dice que fue llevaba por agentes a una oficina dentro de la instalación del CBP. En otros, dice que la agresión ocurrió en salón separado en una terminal del aeropuerto adonde la llevaron los agentes. Expertos dicen que es común que las víctimas de traumas sexuales recuerden partes de su experiencia en fragmentos y con pocos detalles.
Rodríguez hace énfasis en que se burlaron de ella y la reprendieron por su carrera de bailarina de twerking.
“¿No viniste a hacer un show?”, dice que le preguntó uno de los agentes: “Pues haz el show”, corearon los otros agentes presentes.
Los agentes “comenzaron a darme palmadas en los glúteos y me tiraron dinero”, dijo. “Tuve tanto miedo que en ese momento me oriné encima”.
Entonces le dijeron que permaneciera en el salón privado.
Más tarde, le dijeron a Rodríguez que era necesario que dos agentes varones la revisaran para ver si llevaba drogas.
Confundida porque ya la habían revisado, Rodríguez dijo que se asustó cuando la llevaron por los brazos a otro salón.
Rodríguez recuerda que les dijo: “Si me van a violar, mátenme”.
Según Rodríguez, los agentes uniformados le quitaron la ropa, la pusieron el rostro contra una pared y la hicieron abrir las piernas. Uno de los hombres se abrió la portañuela para ponerse un preservativo, mientras el otro se puso unos guantes azules, dijo, la mujer.
El hombre con los guantes entonces la revisó, dijo Rodríguez, y le introdujo un dedo. Cuando terminó, el otro hombre la violó por detrás.
Rodríguez dijo que los dos hombres se turnaron. Mientras uno la violaba, el otro se masturbaba. Rodríguez dijo que le hacían voltear la cabeza para que pudiera verlos.
Rodríguez dice que no recuerda muy bien el resto, pero sí que otro agente entró al salón, la hizo vestirse, la llevó al baño para que se lavara la cara y entonces la llevó hasta un catre, donde perdió la conciencia.
“Solo recuerdo que me despertaron para ponerme las esposas”. Lo siguiente que recuerda dijo Rodríguez, es que le devolvieron su teléfono y su pasaporte, y la llevaron hasta un avión esposada de regreso a República Dominicana.
Pedidos de ayuda
Unas seis horas después que Rodríguez aterrizó en Santo Domingo, la cónsul chilena se reunión con ella, muestran varios mensajes de texto.
Pacheco, el mejor amigo de Rodríguez, y el novio de ella, Catalán, habían contactado al consulado a través de Twitter y otras redes sociales después de recibir varias llamadas telefónicas de Rodríguez.
Para cuando llegó la cónsul, autoridades del aeropuerto en Santo Domingo ya habían llamado a una ambulancia y una paramédica estaba atendiendo a Rodríguez en una camilla.
Como el próximo vuelo de regreso a Chile demoraba hasta el día siguiente, la cónsul le reservó una habitación en Hilton, la llevó al hotel y la acompañó hasta la habitación.
Aunque los amigos de Rodríguez habían informado a la cónsul que la habían agredido sexualmente, la funcionaria diplomática no estaba al tanto de la supuesta violación. Rodríguez, exhausta un quien dice que estaba en shock, no reveló nada más.
La mañana siguiente voló a Santiago de Chile, la capital. Su novio dijo que parecía espantada y distante.
“No podíamos hacerle preguntas”, dijo Catalán al Herald. “Cada vez entraba en crisis, llorando y gritando. No entendíamos lo que decía”.
Rodríguez pasó varios días durmiendo.
La mujer dijo que demoró una semana en contar a sus seres queridos lo que había pasado a manos de agentes de inmigración de Estados Unidos.
“Cuando llegué a Chile, la única idea que tenía era matarme”, dijo Rodríguez. “No sabía cómo le iba a decir a mi pololo [novio] lo que me hicieron. Me sentía avergonzada”.
Ellos la alentaron a ir al servicio de Medicina Forense de Chile, una agencia del gobierno adscrita al Ministerio de Justicia que realiza todo tipo de pruebas relacionadas con investigaciones penales, muestran documentos.
Rodríguez fue rechazada en la puerta porque todavía no habían presentado una denuncia penal. Un rato después esa tarde, fue examinada por un ginecólogo privado, muestran documentos médicos que Rodríguez compartió con el Herald. El informe médico no indica la presencia de lesiones visibles, pero sí que Rodríguez se quejaba de dolor y de secreciones.
Expertos en agresión sexual del Hospital Jackson Memorial contactados por el Herald dicen que cualquier evidencia probablemente ya habría desparecido para entonces.
Rodríguez fue contactada entonces por un ministerio chileno que se ocupa de casos de violencia de género, y abrió una investigación oficial. Rodríguez fue sometida entonces a un examen forense oficial. Hasta la fecha, Rodríguez solamente ha entregado una declaración parcial a las autoridades. Familiares que acompañaron a Rodríguez al ministerio dijeron al Herald que sufre de ataques de pánico severos cada vez que cuenta lo sucedido. La mujer tenía programada una cita con la Fiscalía Nacional de Chile para finalizar su declaración.
En Chile, como en la mayor parte de América Latina, la violencia de género es considerada una epidemia por las Naciones Unidas. Aproximadamente 91% de todas las violaciones no se denuncian, según un informe conjunto de la Fiscalía y la UNICEF.
En los últimos años, el sistema de justicia chileno ha intentado mejorar sus esfuerzos de enjuiciamiento por delitos sexuales y violencia contra las mujeres. Pero la tasa aún es baja.
Más de un millón de mujeres salieron a las calles el domingo como parte de una huelga feminista de dos días, algo que ocurre en medio de una ola de disturbios sociales que ha sacudido al país desde octubre.
Por su parte, expertos en agresión sexual dicen que es común que las víctimas pierdan el control cuando son entrevistadas por las autoridades.
Rodríguez está sometida a tratamiento psicológico, ha confirmado el Miami Herald.
La fiscal chilena a cargo del caso, Paulina Cabrera Garnham, declinó hablar con el Herald porque la investigación no ha concluido.
El 2 de marzo, Rodríguez también subió un video a YouTube.
Fuentes cercanas a la investigación dicen que los fiscales chilenos están trabajando con funcionarios de Relaciones Exteriores para decidir si presentarán una denuncia ante Estados Unidos por violación.
El Departamento de Estado ha referido todas las preguntas del Herald al Departamento de Justicia.
“Como asunto de norma, el Departamento de Justicia no da declaraciones públicas sobre comunicaciones con gobiernos extranjeros en asuntos investigativos, incluido confirmar o negar la existencia de tales comunicaciones“, dijo Nicole Navas Oxman, portavoz de Justicia.
Documentos muestran que Álvaro Figueroa Colón, agente del CBP en Puerto Rico, firmó los documentos relacionados con Rodríguez la noche que la mujer dice que fue agredida sexualmente.
“Usted puede llamar a la Asuntos Públicos”, dijo Figueroa al Herald cuatro veces antes de colgar el teléfono. El supervisor de Figueroa, un agente que se identificó como Pagan, también declinó hacer declaraciones.
“No llame más, deje de seguir llamando”, dijo. “No podemos hablar sobre la investigación”.
Las normas del CBP prohíben a sus agentes tocar a una persona “a menos que esa persona se niega a quitarse una prenda de ropa”. Si un agente sospecha que una persona esté ocultado algo en su cuerpo, el agente debe pedir a la persona que se lo saque.
“Solamente el personal médico puede tocar las cavidades del cuerpo de una persona. Los agentes del CBP tienen prohibido tocar las cavidades corporales de las personas” según un Manual de Inspectores de Inspectores del CBP obtenido por el Miami Herald.
A menos que exista causa probable, cualquier persona detenida por un período de dos horas para un registro personal “debe tener la oportunidad de que personal del CBP notifique a alguien, como su abogado, de la demora”.
Esas dos horas no incluyen el tiempo normal de espera, la inspección del equipaje o entrevistas anteriores. La norma también indica que cuando una persona ha sido detenida ocho horas desde que un supervisor aprobó el registro, “el agente de guardia de [la Policía de Inmigración y Aduanas] ICE y/o el agente encargado del CBP contactarán a la fiscalía federal”.
No fue posible conseguir una declaración de la Fiscalía Federal en San Juan, Puerto Rico.
La oficina del CBP en Puerto Rico ha negado repetidas veces haber hecho algo indebido.
“Una vez que esta alegación fue presentada a nuestra dirección, se realizó una investigación, que incluyó la revisión de videos durante su permanencia en la instalación del CBP. No identificamos ninguna conducta indebida entre nuestros agentes que apoye las acusaciones de la señorita Hoop”, dijo Jeffrey Quiñones, portavoz del CBP, refiriéndose al nombre artístico de Rodríguez.
El 2 de marzo a través de las redes sociales, alegó que fue abusada sexualmente durante la misma detención antes mencionada. CBP toma estas acusaciones muy en serio: hemos remitido esta acusación a nuestra oficina de responsabilidad profesional.”
“El 2 de marzo, ella alegó en las redes sociales que fue abusada sexualmente durante la detención antes mencionada. CBP toma estas acusaciones muy en serio. Hemos remitido esta acusaciones a nuestra Oficina de Responsabilidad Profesional”, afirmó Quiñones.
La Oficina de Responsabilidad Profesional del CBP —que no respondió de inmediato al Miami Herald— maneja las investigaciones de empleados y contratistas de la agencia. Las medidas disciplinarias se imponen a discreción de los directivos y varía según el caso. El Miami Herald solicitó las imágenes de video a funcionarios del CBP y del aeropuerto.
En 2016, el año más reciente del que hay información, el CBP investigó 52 alegaciones de conducta sexual indebida por parte su personal, todas durante el año fiscal 2015. De esas 52 alegaciones, se determinó que 10 no estaban sustanciadas.
Sin embargo, entre 2005 y 2017, el gobierno federal ha pagado más de $60 millones en compensación para saldar casos en que agentes del CBP participaron en muertes, lesiones, detenciones ilegales y supuestas agresiones —agresión sexual entre ellas— según documentos judiciales obtenidos por el diario británico The Guardian. De esta cifra, al menos $1.2 millones se pagaron por registros indebidos, entre ellos varios en que se obligó a la persona a desnudarse.
En otro caso en 2014 reportado por Harper’s Magazine, el University Medical Center en Texas pagó $1.1 millones por su papel en el registro de cavidades corporales. Dos años más tarde, el CBP pagó $475,000 sin admitir culpa. Para combatir los abusos, el tribunal ordenó que el personal del CBP recibiera capacitación sobre los registros y el significado de la Cuarta Enmienda.
Mientras tanto, la vida de Rodríguez es ahora “un infierno”, dijo al Herald su mejor amigo, Pacheco.
“No ha estado nada bien. Hay días que se levanta pidiéndonos que la internemos para no quitarse la vida”, dijo Pacheco.
“Los medicamentos no están funcionando, nada está funcionando. Ella no puede borrar las caras de su mente”.
Nota a los que tienen información relevante: Si usted desea enviar a Monique O. Madan y a Romina Ruiz-Goiriena información anónima o confidencial sobre este caso, puede hacerlo a sus direcciones de correo electrónico y casillas postales. La dirección del Herald es 3511 NW 91 Ave., Doral, FL 33172. También puede enviarles mensajes directos en las redes sociales y les entregarán detalles para que envíen su información de manera cifrada.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de marzo de 2020, 4:16 p. m..