La tierra tiembla otra vez en Guánica mientras esperan la llegada de la tormenta Laura
Michelle Morales estaba lavando platos en su casa en el municipio puertorriqueño de Guánica el sábado por la mañana cuando la tierra comenzó a temblar.
Salió corriendo de su casa con sus tres hijos y su marido, como siempre lo hacen cada vez que sienten un sismo.
“Nunca nos quedamos adentro cuando tiembla”, dijo.
Primero llegó el trueno, que es como se conocen coloquialmente en algunos lugares el ruido de estruendoso que provocan algunos terremotos. Puede sonar como una bomba o como un camión pasando por la calle, o un avión volando por encima.
“Y de repente, la casa comenzó a temblar de lado a lado, y estuvo estremeciéndose un rato”, le dijo al Miami Herald sobre el terremoto de magnitud 3.4.
Morales, de 37 años, vive en el barrio La Luna en Guánica, una ciudad costera en el pintoresco suroeste de Puerto Rico. A finales de diciembre de 2019, las fallas en la región se activaron, la tierra comenzó a temblar, y todavía no ha parado. Desde entonces ha habido literalmente miles de temblores en la región, a menudo varias veces al día.
Pero el sábado, el temblor no era la única preocupación de Morales. El pronóstico de la tormenta tropical Laura mostraba que el sistema se había desviado al sur. Esta zona de la isla podría recibir hasta 8 pulgadas de lluvia, según el Centro Nacional de Huracanes.
La Administración Nacional de Océanos y la Atmósfera (NOAA) ha indicado que esta temporada de huracanes tiene el potencial de ser “extremadamente activa” en la cuenca atlántica. Para todo Puerto Rico y el Caribe, la pandemia de coronavirus ha hecho que la preparación para las tormentas sea más difícil, tanto para los funcionarios de manejo de emergencias como para los habitantes. Las personas que viven Guánica y pueblos vecinos como Guayanilla, Peñuelas, Yauco y otros también deben hacer frente al riesgo de terremotos y sus daños al hacer sus planes de contingencia de tormenta.
El terremoto del sábado por la mañana presentó un escenario posible y aterrador: ¿Qué pasa si hay un terremoto fuerte durante Laura?
“Imagínate si hay un temblor de 4 o más en medio de la lluvia torrencial, ¿adónde vamos a ir?”, preguntó Morales. “Lo más seguro es salir. Pero habrá lluvia. Así que no podemos poner una tienda de campaña porque el patio se llena de agua cuando llueve”.
El Barrio La Luna, dijo Morales, es propenso a las inundaciones.
A principios de marzo, más de 8,000 casas habían sido dañadas por los terremotos. En Guánica, el alcalde de la ciudad le dijo al Herald que iban a demoler 517 casas muy afectadas.
La casa de Morales tiene daños por los temblores. Dijo que la FEMA no había aprobado la solicitud de reparación y financiamiento de su familia, pero su esposo ha arreglado la mayor parte de los daños. Con los temblores posteriores, nuevas grietas han aparecido, que parchean a medida que aparecen.
El Barrio La Luna, dijeron al Herald varios líderes comunitarios de Guánica, ha estado entre los más afectados los terremotos. Morales le dijo al Herald que la mayoría de las casas estaban estructuralmente comprometidas y que en su vecindario hay dos manzanas enteras en que las casas están inhabitables.
Al menos una familia todavía pasa la noche fuera de su casa y tres de sus vecinos inmediatos viven en viviendas con con daños significativos. Morales dijo que siempre los va a ver después de temblor para asegurar que estén bien.
Pero Morales está segura de que pueden capear la tormenta. La gestión de tantas circunstancias devastadoras a la vez, dijo, ha preparado su vecindario para planear ante emergencias.
“Como somos supervivientes, y lidiamos con tantas cosas al mismo tiempo, estamos listos”, dijo.
Durante años, los expertos en terremotos han advertido que bajo los mares transparentes, las montañas verdes y los bosques de la región se esconde el potencial de terremotos fuertes. La Red Sísmica de Puerto Rico ha señalado la actividad sísmica de la región en sus informes anuales..
A las 4:24 a.m. del 7 de enero, apenas unas horas después que la isla concluyera las festividades del Día de los Reyes, la actividad sísmica alcanzó su punto máximo con un terremoto de magnitud 6.4 que golpeó el sur de Guánica, junto al Mar Caribe. El terremoto mató a uno, dejó la isla sin electricidad y al menos 250.000 personas sin agua.
A finales de enero, se habían reportado más de 3,000 terremotos en un radio de 20 millas del epicentro del terremoto de magnitud 6,4. Un informe del Servicio Geológico de los Estados Unidos dijo que las personas en las áreas afectadas continuarán experimentando réplicas diarias, que eventualmente se convertirán en temblores semanales, y que al final dejarían se sentirse en las próximas décadas como recordatorios intermitentes del tiempo en que la tierra temblaba a diario.
Junto con la pandemia, los terremotos han presentado un escenario desafiante para las autoridades municipales de Guánica y sus ciudades vecinas.
A principios del verano, la Escuela Maria L. McDougall había sido certificada como refugio para huracanes, aunque solo uno de sus tres edificios podía usarse para ese fin, según el Centro de Periodismo Investigativo. Sin embargo, debido a los daños causados por los recientes terremotos, todos los edificios han sido considerados inutilizables.
Rubén Cruz, director municipal de manejo de emergencias en Guánica, dijo que ninguna de las siete escuelas de la ciudad podía usarse como refugios para huracanes. Las autoridades de emergencia y municipales activaron entonces la antigua Escuela Franklin Delano Roosevelt, que cerró en la década de 1990, pero es estructuralmente robusta, según el director de gestión de emergencias.
La escuela está en la misma calle de la secundaria Agripina Seda, que se derrumbó durante el terremoto de enero. Los guaniqueños reconocen que podría haber ocurrido una tragedia si el temblor ocurriera en un día escolar.
Para este sábado al mediodía, sólo cuatro personas se habían presentado en la Delano Roosevelt, pero los efectos de Laura aún no habían llegado a la zona. Cruz declaró al Herald que el nuevo refugio puede albergar hasta 50 personas y estaba equipado para hacer frente a la tormenta tropical Laura y a otras emergencias simultáneas.
“Hay seis pies entre cada cama y damos a la gente mascarillas, guantes y desinfectantes de manos. Y también tenemos una carpa en el patio de la escuela, así que si hay un temblor significativo, podemos mover a la gente debajo de la carpa”, dijo Cruz.
Santos Seda, alcalde de Guánica, reconoce que la planeación de emergencias en su municipio y las ciudades circundantes es complicada, y los temblores frecuentes ha tenido un impacto emocional. Desde que comenzaron los terremotos, los equipos de salud mental del gobierno han estado visitando a los vecinos.
“Esta es una situación nunca antes vista, es histórico, pero nos estamos ocupando”, dijo Santos Seda. “Nuestro gobierno municipal ha hecho todo lo posible para manejar esta crisis y solo necesitamos que todos hagan su parte”.
Mientras las autoridades de Guánica se han preparado para la llegada de Laura, los líderes y organizaciones locales de barrio han estado trabajando con sus comunidades para preparar a la gente para la tormenta.
Team 821, una coalición de 15 líderes comunitarios de diferentes barrios del municipio, se formó este año como respuesta a los terremotos.
Dagnes López, de 47 años, vive en el Barrio Fuig y es miembro del Team 821. La noche del terremoto de magnitud 6.4, pasó la noche en casa de su madre con sus hijos y mascotas. Había escuchado historias de deslizamientos de tierra donde está la casa. Esa noche, después del terremoto, una roca de más de 20 pies de largo demolió su cocina, y los escombros destruyeron otras habitaciones. López ha estado viviendo con su familia en la casa de su madre desde entonces.
Pero la pérdida de su hogar no ha alejado a López, que también es paciente de cáncer, de su trabajo de líder comunitaria. Para preparar a los residentes de Barrio Fuig para la tormenta tropical Laura, ella y un equipo han visitado las aproximadamente 400 viviendas del vecindario.
Le preocupaba que la población, que incluye a personas ciegas, sordas y postradas en cama, pudiera ser difícil de contactar en una emergencia. La mayoría no está en las redes sociales, dijo. Así que López creó un grupo en línea que incluye a los hijos de muchos de los vecinos de Barrio Fuig, donde es capaz de proporcionar actualizaciones y ponerse en contacto con sus vecinos mayores.
La líder del Team 821, Yeisimar León Martínez, está orgullosa del trabajo de su coalición y del alcance que tiene en toda la ciudad. Durante el pico de la crisis sísmica, la organización fue capaz de coordinar el socorro y la distribución de ayuda a través de algunas de las zonas más afectadas de Guánica. Su trabajo de socorro y de organización se mantiene en toda la ciudad mientras se preparan para la tormenta tropical Laura.
El Team 821 ha identificado familias que todavía viven en tiendas de campaña frente a sus hogares, muchas de ellas completamente destruidas, y las están ayudando a encontrar vivienda y a proporcionarles los recursos que necesitan. También les están proporcionando información sobre los refugios disponibles y los centros comunitarios que están recibiendo personas durante la tormenta tropical Laura.
El equipo también está centrando sus esfuerzos en la construcción de casas temporales de madera. Justo esta semana, la organización construyó una casa temporal de madera para un hombre que había perdido su vivienda durante el huracán María en 2017. Las casas están diseñadas para resistir tormentas tropicales, aunque no huracanes. Por el momento ofrecen techo a personas y hay varias más en construcción para familias desplazadas.
León Martínez, de 42 años, ha vivido en Guánica toda su vida y comparte las opiniones de Morales, que son las de muchos otros líderes comunitarios de Guánica: los desastres de los últimos años han afectado mucho a la ciudad, pero también ha destacado la resiliencia de sus vecinos.
Pero le preocupa la capacidad del gobierno para manejar todas las emergencias y desastres a la vez.
“Guánica no va a estar lista para mucho nada en varios años. En muchos años,” dijo.
El sábado por la mañana estaba en casa con su marido cuando se sintió el terremoto de magnitud 3.4.
“Le dije: ‘Esto es duro. Tenemos la tormenta, tenemos los terremotos, tenemos la pandemia’ ”, dijo. “Cada vez que llueve, me rompe el corazón, cuando pienso en las personas en tiendas de campaña de los terremotos, en las personas que tienen sus casas cubiertas con carpas azules desde el huracán María”.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de agosto de 2020 a las 5:57 p. m..