Estados Unidos

Mayoría de puertorriqueños no politizó la vacunación contra el COVID. Este es el resultado

Trabajadores de la salud se vacunan contra el COVID-19 en el Coliseo Pedrín Zorrilla en San Juan, Puerto Rico, el 30 de diciembre de 2020.
Trabajadores de la salud se vacunan contra el COVID-19 en el Coliseo Pedrín Zorrilla en San Juan, Puerto Rico, el 30 de diciembre de 2020. AP

Como vive entre Puerto Rico y Hawai, Camille Ortiz Hernández, de 51 años, se dio cuenta de lo diferente que ambos lugares percibían las vacunas contra el COVID-19.

En Hawai había una clara división política entre los que se vacunaban y los que no. Pero en la localidad puertorriqueña de Moca, Ortiz Hernández vio menos división y más interés en la vacuna.

“Percibí cómo la ideología política de cada uno [en Hawai] determinaba su punto de vista sobre la vacuna, la pandemia, el distanciamiento social”, dijo la asistente jurídica.

Ortiz Hernández se vacunó en Puerto Rico tras regresar de Estados Unidos en marzo.

Aunque hubo y hay puertorriqueños reticentes a vacunarse, el territorio no incorporado ha tenido un éxito relativo en la lucha contra el COVID-19. Las calles están llenas de gente con mascarillas. Ha habido bastante menos protestas y enfrentamientos que en el territorio continental.

“Mucha gente se sorprendió por las cifras de Puerto Rico”, dijo Iris Cardona, quien dirigió el programa de vacunación del Departamento de Salud de Puerto Rico.

No es que no haya protestas contra las vacunas en Puerto Rico. Las hay, como una hace un par de semanas provocada por la obligación de vacunar a todos los estudiantes mayores de 12 años al volver a la escuela tras las vacaciones de verano. La manifestación atrajo a un centenar de personas a la capital, San Juan.

Los líderes puertorriqueños han tenido aparentemente más libertad para imponer restricciones que suscitarían una fuerte controversia en el continente.

En agosto, el gobernador Pedro Pierluisi ordenó que ciertos negocios, como restaurantes, salones de uñas, peluquerías, casinos y gimnasios, exigieran a todos los empleados un comprobante de vacunación. Los trabajadores que alegaran exenciones religiosas o médicas debían mostrar semanalmente una prueba de detección negativa. Los negocios debían pedir a sus clientes que mostraran un comprobante de vacunación o reducir su capacidad a 50%.

Los empleados de los poderes ejecutivo y judicial fueron obligados a vacunarse.

En la Florida, el Departamento de Salud acaba de anunciar multas de $5,000 a cualquier negocio que pretenda negar el servicio a los clientes no vacunados.

La obligatoriedad del uso de la mascarilla ha sido exagerada para algunos en Puerto Rico, con un partido político conservador llamado Proyecto Dignidad que los tilda de inconstitucionales, así como de forma de intimidación y coerción.

En cuanto a la razón por la que en Puerto Rico ha habido, en general, menos conflictos sobre la vacuna algunos consideran que su ADN político es un factor primordial.

El archipiélago de 143 islas, cayos, islotes y atolones, aunque solo tres están habitados, no está dividido entre republicanos y demócratas como en el territorio continental y la afiliación partidista sirve de indicador de si es probable que alguien se vacune. Pese a que Donald Trump era presidente cuando se desarrollaron y aprobaron las vacunas y se le atribuyó el inicio de la llamada Operación Warp Speed, los estados que apoyaron la reelección de Trump han tenido en su mayoría tasas de vacunación más bajas. (La Florida es una excepción, con una tasa de vacunación. según los CDC, más alta que la de varios estados que votaron azul.)

En medio de la agonía de la pandemia, los puertorriqueños hicieron fila para recibir el subsidio de desempleo el 12 de junio de 2020.
En medio de la agonía de la pandemia, los puertorriqueños hicieron fila para recibir el subsidio de desempleo el 12 de junio de 2020. Dennis M. Rivera Pichardo The New York Times

Los residentes de Puerto Rico no votan en las elecciones presidenciales y, por lo tanto, están menos obsesionados con Trump, a favor o en contra, señalaron los observadores políticos. Además, la radiodifusión conservadora, que suele ser una plataforma para el escepticismo de las vacunas en el continente, tiene menos fuerza en Puerto Rico, aunque, según Carlos García Arce, profesor de Periodismo Audiovisual en la Universidad de Puerto Rico, las redes sociales llenan un poco ese vacío. Las plataformas de los partidos puertorriqueños tienden a centrarse más en el estatus político del territorio, no en las divisiones tribales entre republicanos y demócratas.

Tasas de mortalidad e infección

Las comparaciones entre estados y territorios pueden ser engañosas porque las diferentes jurisdicciones usan diferentes normas para contar las infecciones y las muertes. Por ejemplo, en las áreas favorecidas por los turistas, las dosis de vacunas dispensadas a los visitantes pueden sesgar los porcentajes. Algunas jurisdicciones cuentan los casos sospechosos de COVID mientras que otras no lo hacen.

Pero las cifras mantenidas por los CDC sugieren que Puerto Rico ha distribuido efectivamente las vacunas. Según los CDC, por cada 100,000 personas en Puerto Rico, el número de positivos era de 5,372 y la tasa de mortalidad era de 90 por cada 100,000 hasta el 2 de septiembre. El segmento de la población que se consideraba totalmente vacunado era 63.4%.

En la Florida, las cifras de los CDC eran de 15,324 casos de COVID por cada 100,000 habitantes, 213 muertes por cada 100,000 habitantes y 53.4% de personas totalmente vacunadas.

En todo el país, según los CDC, ha habido 11,894 casos por cada 100,000 habitantes, 193 muertes por cada 100,000 habitantes y 52.7% de vacunados totalmente.

El secretario de Salud de Puerto Rico, Carlos Mellado, y el gobernador, Pedro Pierluisi, visitaron un centro de vacunación contra el COVID-19 en Vieques, Puerto Rico, el 10 de marzo de 2020.
El secretario de Salud de Puerto Rico, Carlos Mellado, y el gobernador, Pedro Pierluisi, visitaron un centro de vacunación contra el COVID-19 en Vieques, Puerto Rico, el 10 de marzo de 2020. Fortaleza Fortaleza

David Capó Ramos, ex epidemiólogo principal de la Oficina de Epidemiología e Investigación del Departamento de Salud de Puerto Rico, es uno de los que ven un vínculo entre la orientación política de los estados y la capacidad de convencer a los habitantes de que se vacunen.

Dice que la dinámica en Puerto Rico es diferente.

“No todo el mundo [en Puerto Rico] está al tanto de las cuestiones políticas entre republicanos y demócratas en el territorio continental de Estados Unidos”, dijo Capó Ramos. Sin embargo, añadió, “las personas que aún no se han vacunado son posiblemente más difíciles de convencer porque están más al tanto de las preocupaciones que se discuten en los medios de comunicación conservadores [de los 50 estados]”.

Los que se formaron en el singular contexto social, histórico y cultural de Puerto Rico no se identifican con la actual división política de Estados Unidos, porque esos políticos puertorriqueños adoptan una visión de Estados Unidos que no han vivido ni conocen, dijo Jorge Schmidt Nieto, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Puerto Rico.

Liliana Cotto Morales, autora de varios libros y artículos académicos sobre Puerto Rico, dijo que las diferencias culturales y sociales entre Puerto Rico y el continente se han agudizado en los últimos años, sobre todo a la luz de cómo algunos puertorriqueños se sintieron insultados tras la devastación del huracán María.

Cuando Puerto Rico aún se estaba recuperando, el presidente Trump criticó al territorio, calificándolo de “uno de los lugares más corruptos de la Tierra” y —según Miles Taylor, ex jefe de personal de seguridad nacional— meditó sobre la posibilidad de venderlo o cambiarlo por Groenlandia. (Trump lo calificó de noticia falsa).

Para Cotto Morales, la mayor tasa de vacunación es un reflejo de la singularidad de Puerto Rico.

“Somos diferentes”, dijo Cotto Morales.

Lilliam Rodríguez Capó, presidenta y fundadora de VOCES, una organización sin fines de lucro que ha vacunado a personas durante la pandemia, dijo que “la estrategia del gobierno de usar grupos civiles para la vacunación... fue clave”, y añadió: “Para los que no creen en el gobierno ni en la industria farmacéutica, una organización como la nuestra es eficaz”.

Una enfermera se prepara para la siguiente persona a la que vacunará en Añasco, Puerto Rico.
Una enfermera se prepara para la siguiente persona a la que vacunará en Añasco, Puerto Rico. Luis Joel Méndez González

Puerto Rico tiene más de 600 proveedores de vacunas registrados en sus 78 municipios. Se instalaron en hospitales, consultorios médicos, locales comerciales, farmacias comunitarias y centros clínicos y de tratamiento, dijo Valerie Acevedo, portavoz del Departamento de Salud de Puerto Rico.

La FEMA y la Guardia Nacional de Puerto Rico ayudaron a organizar eventos de vacunación en los primeros meses de la inoculación masiva, según el Departamento de Salud de Puerto Rico. Pero el uso de líderes comunitarios para educar a las comunidades de Puerto Rico sobre el virus y la vacuna también ayudó a reducir la desinformación, señaló Mónica Feliú Mójer, educadora científica.

“En Villalba y Aibonito, entre los municipios con las tasas de vacunación más altas de la isla, desde el principio del proceso de vacunación se trabajó en las comunidades organizando censos e inmunizando en las casas de quienes no tenían transporte”, dijo.

Como parte de una campaña de educación y salud sobre el nuevo coronavirus, 10 líderes comunitarios fueron capacitados por Ciencia Puerto Rico, una organización sin fines de lucro que se enfoca en temas científicos, para desarrollar una campaña de prevención para sus comunidades, dijo Feliú Mójer, quien también es jefa de Comunicaciones de la organización.

Científicos, médicos y expertos tuvieron una participación importante en la educación durante la pandemia, dijo Daniel Colón Ramos, profesor de Biología Celular y Neurociencias de la Universidad de Yale y fundador de Ciencia Puerto Rico.

“En Puerto Rico hemos tenido la suerte de contar con profesionales de la salud preparados para explicar a la gente con palabras sencillas cómo funciona la vacuna”, señaló Colón Ramos.

A través de la televisión y la radio, los expertos en salud detallaron el proceso de distribución y desarrollo de la vacuna contra el COVID-19, dijo. Para aclarar o desmentir informaciones inexactas, estuvieron activos en Twitter y Facebook, entre otras plataformas.

Miedo y desconfianza

Sin embargo, 37% de los puertorriqueños no se ha vacunado, según datos de los CDC. Mirelsa Modestti González, psicóloga clínica, cree que el miedo y la desconfianza tienen la culpa.

“En Puerto Rico es más fácil compartir información enviada por el primo de tu compañero de trabajo que información científica objetiva, comprobada y verificada”, dijo Modestti González.

Además, las teorías conspirativas propagadas por personas que no entienden la información de los CDC han provocado miedo entre quienes no se han vacunado, dijo la psicóloga, obstaculizando los esfuerzos para llegar a la inmunidad generalizada.

Modestti González y José Rodríguez Gómez, epidemiólogo y profesor de la Universidad Carlos Albizu de Puerto Rico, una institución privada en la isla principal, dijeron que las teorías conspirativas han perjudicado los esfuerzos para que la gente se vacune.

Un estudio que acaba de publicarse descubrió que los puertorriqueños que se resisten a vacunarse tienden a ser de bajos ingresos, de entre 30 y 39 años y con pocos antecedentes de enfermedad.

En el estudio participaron 1,911 personas de entre 18 y 90 años. Algo más de uno de cada tres vivía en el área metropolitana y 76% eran mujeres.

Alrededor del 7% dijo que no tenía intención de vacunarse, mientras que 11% no estaba seguro, cifras inferiores a las de encuestas similares realizadas en los 50 estados.

Entre los que no se vacunaron, las razones más comunes citadas fueron la seguridad de la vacuna (63.8%), la eficacia de la vacuna (49.4%), la novedad de la vacuna (45.5%), el rigor de las pruebas de la vacuna (41.6%) y la falta de confianza en el gobierno (31.4%). Los encuestados podían citar múltiples razones.

Gabriel Soto Rivera, de 23 años, dijo que fue el único miembro de su familia de clase obrera que se vacunó contra el COVID-19, que estuvo disponible entre marzo y mayo en Camuy, de donde es originario.

En su opinión, la desinformación en las redes sociales es uno de los factores que explican la reticencia de sus familiares.

“Me preocupa mucho que no se vacunen”, dice el aspirante a fotoperiodista.

Y por eso se mudó a Wyoming.

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de septiembre de 2021, 4:34 p. m..

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