El aceleracionismo, la corriente que impulsa a los grupos neonazis en un pueblo de España
Se llama ‘aceleracionismo’ y es un movimiento que se ha impuesto en los grupos violentos de tendencia nacionalsocialista para acelerar la tensión social y conseguir el estallido social, sin descartar muertes propias o del bando contrario. Y los aceleracionistas están detrás de los disturbios racistas de la localidad española de Torre Pacheco (sureste).
Es lo que piensa Joan Caballero, criminólogo español, especialista en grupos urbanos violentos y analista del Centro de Estudios e Iniciativas sobre Discriminación y Violencia.
Calcula, que en España hay unos 15,000 miembros muy activos de grupos politizados violentos, tanto nacionalsocialistas como de ultraizquierda.
Entre los primeros, protagonistas estos días de los disturbios Torre Pacheco contra la comunidad magrebí, Caballero cree que se ha impuesto una tendencia, el ‘aceleracionismo’. “Lo que buscan es acelerar la tensión social para que todo pete (explote), haya disturbios y, si es posible, hasta muertes”.
Y si hay muertes en los dos bandos, “mejor”, porque se agravaría la situación y se implicaría a más gente que antes no se hubiera implicado en los altercados, añade.
Esto es lo que buscan los extremistas, recalca Caballero, que prefiere llamarlos así mejor que radicales.
Pequeños, pero muy activos
En el caso de Torre Pacheco, este experto ve detrás la mano de grupos de tendencia neonazi, pequeños pero muy organizados, muy activos y muy peligrosos. Aunque no sean muy numerosos en miembros, el uso de las redes sociales amplifica sus mensajes.
Como ha ocurrido en el caso del líder español del movimiento supremacista xenófobo Deport Them Now UE, detenido por hacer estos días un llamamiento a la “cacería” de inmigrantes. Tenía 50 seguidores en su página y cuando comenzaron los sucesos de Torre Pacheco llegó a 1,000.
Los mensajes de odio en el caso de esa localidad española han “cuajado” y se han traducido en una explosión social, después de que tres marroquíes agredieran presuntamente a un español. Es algo que no consiguieron en otras ocasiones, aunque lo intentaron.
Caballero explica que las “supuestas víctimas” en el caso de Torre Pacheco, el grupo de jóvenes que el otro bando identifica como delincuentes ‘mena’ (menores migrantes no acompañados), “también se están organizando a su manera y han intentado ir a dar caza”.
“O sea, el conflicto se retroalimenta por los dos bandos y hace que sea todo más peligroso”, apostilla el experto.
En resumen, Caballero considera que estos grupos extremistas están intentando agravar la situación para que haya más movilización. “Quieren polarizar a la sociedad. Los colectivos nacionalsocialistas lo tienen escrito en sus manuales de resistencia”.
Un problema estructural de fondo
El criminólogo dice que los poderes públicos están señalando simplemente a los nacionalsocialistas como “el gran culpable”. Para Caballero, es una manera de “eludir responsabilidades ante un problema estructural grave de fondo”.
Porque los grupos neonazis no han conseguido que “la gente se caliente porque sí, sino porque hay un problema estructural, una precarización en el empleo rural, una precarización en el sector de servicios y una mala regularización del efecto migratorio en España”.
Si esta situación no se consigue parar, Caballero no descarta que se replique en cualquier otra localidad donde ocurra un suceso que les sirva de excusa.
Caballero alerta de lo que puede suceder si los extremistas ponen el foco de atención en un hecho que pueda ocurrir en cualquier parte del país. “Eso es lo peligroso -afirma-, que vaya la gente calentita porque no han podido llegar a Torre Pacheco debido a los dispositivos policiales y se monte de nuevo una situación similar”.
Controlar el ‘descontrol’ de las redes
Insiste el experto en que no es fácil buscar soluciones a un problema estructural de muchos años, de “dejadez” de las instituciones públicas en muchos ámbitos y de “descontrol” de las redes sociales.
En este último aspecto, Caballero propone abrir un debate en todo el mundo sobre el control de las redes sociales. “Si yo tengo un coche, necesito un carné de conducir -argumenta-, pues si tengo una red social, necesito una identificación para que, si cometo un delito de odio o de amenazas, se me pueda identificar y denunciar”.
Porque el anonimato permite decir o escribir cualquier cosa con impunidad.