Estados Unidos

Católicos latinos se ven reflejados en santificación de fraile


Nancy Pelosi, de California, líder de la Minoría Demócrata de la Cámara de Representantes, al centro, presencia un adelanto del recorrido que que hará el Papa Francisco por el Capitolio. A la der., la estatua del Fray Junípero Serra, que será canonizado.
Nancy Pelosi, de California, líder de la Minoría Demócrata de la Cámara de Representantes, al centro, presencia un adelanto del recorrido que que hará el Papa Francisco por el Capitolio. A la der., la estatua del Fray Junípero Serra, que será canonizado. AP

Cada mañana, de camino a la misa en la misión de San Buenaventura, Miguel Olivas pasa en el coche frente a la estatua de bronce del fundador católico de la misión, Junípero Serra, un fraile franciscano español, y murmura una plegaria: “Reza por mí, padre Serra. Cuídame”.

Sin embargo, para Jorge Escamilla, el padre Serra –a quien va a canonizar el papa Francisco el miércoles en Washington– es mucho más que una fuente de consuelo espiritual. También es una piedra de toque vital que envía la señal de la importancia de los latinos en la historia multicultural de la Iglesia católica y de Estados Unidos.

“Hablaba español. Yo hablo español. El papa habla español”, dijo Escamilla alegremente después de una muy concurrida misa en español el domingo antepasado en San Buenaventura, cuando explicaba por qué será uno de los miles que viajen a Washington para asistir a la canonización. “Yo pertenezco”.

En vísperas de la santidad, Serra ha llegado a significarles cosas diferentes a grupos diferentes de personas. Para algunos estadounidenses nativos, es el colonialista del siglo XVIII que estableció un sistema de subyugación que predicaba conforme a la forma de vivir de los españoles; pero es desconocido para la mayoría de los católicos fuera de California.

Sin embargo, en el oeste de Estados Unidos, en especial en California, a Serra lo veneran ampliamente, sobre todo, los católicos latinos practicantes, como Escamilla, de 73 años, quien llegó a Estados Unidos en 1981 cuando escapó de la sangrienta guerra civil en El Salvador.

Contó que está emocionado y se siente honrado de poder ser testigo del momento en el que Francisco, pontífice de Argentina, haga de Serra el primer santo hispano de Estados Unidos.

Serra vivió según el lema escrito sobre las puertas del auditorio de la escuela parroquial en esta ciudad: “Siempre adelante”, pero ha sido un personaje polémico desde hace mucho tiempo.

Les decía a sus estudiantes en el seminario que se comprometieran con los pueblos indígenas, con la empresa misionera para, cito, la salvación de la humanidad, y verdaderamente abrazaba eso como una vocación

Rubén G. Mendoza

profesor de la Universidad Estatal de California

Los historiadores dicen que fue un hombre de su época, que sirvió a una Iglesia y a un Estado, unidos en sus ambiciones de colonización. Azotó a los estadounidenses nativos que juzgó merecían un castigo por infringir las reglas de las nueve misiones que estableció a lo largo de la costa, desde San Diego hasta San Francisco. También los protegió; por las noches, encerraba con llave a las mujeres para evitar que cayeran presas de los soldados españoles, y, alguna vez, evitó la ejecución de hombres acusados de matar a compañeros misioneros.

“Constantemente, les decía a sus estudiantes en el seminario que se comprometieran con los pueblos indígenas, con la empresa misionera para, cito, la salvación de la humanidad, y verdaderamente abrazaba eso como una vocación”, explicó Rubén G. Mendoza, profesor de arqueología en la División de Estudios del Comportamiento y Mundiales en la Universidad Estatal de California, en la bahía de Monterrey, cuya investigación se concentra en las misiones de California. “Llegó a estos territorios convencido de que podía salvar a los pueblos indígenas”.

Serra fue un teólogo que abandonó las comodidades de la vida académica en su nativa Mallorca para propagar el Evangelio en tierras desconocidas. “La inspiración que necesito para seguir adelante”, dijo Olivas, de 83 años, con su respiración trabajosa, el único indicio del endurecimiento del tejido de los pulmones, una enfermedad incurable.

Serra navegó por mares duros desde España a México en 1749, y caminó 200 millas de Veracruz a la Ciudad de México, en un ejercicio de penitencia. Allí, rezó en el templo de Nuestra Señora de Guadalupe, una Virgen María representada con tez morena. Los teólogos e historiadores que han estudiado sus escritos dijeron que habló con emoción sobre evangelizar a los nativos estadounidenses.

“La mayoría de los estadounidenses están familiarizados con la narrativa de la costa este sobre la expansión europea; los primeros colonos británicos que estuvieron ahí para recrear a la sociedad inglesa y prácticamente no dejaron espacio para los pueblos nativos”, dijo Robert M. Senkewicz, profesor de historia en la Universidad de Santa Clara y coautor de Junípero Serra: California, Indians and the Transformation of a Missionary (Junípero Serra. California, los indígenas y la transformación de un misionero), una biografía publicada en febrero. “Cuando Serra llegó a California, imaginó un futuro en el que los pueblos nativos tendrían un sitio en la sociedad, aunque fuera inferior”.

Es difícil no notar su presencia en esta ciudad. Una estatua en tamaño natural de Serra está colocada frente al ayuntamiento. Una réplica de la cruz que colocó en la ladera de una colina para guiar a los viajeros es la pieza central de un popular puesto de observación. Hay una escuela que lleva su nombre, y la Junípero Serra Way, junto al museo del condado, funciona como un estacionamiento.

La congregación de la misión de San Buenaventura tiene una mezcla de idioma y legado que es tradicional en el sur de California: inglés y español, anglo e hispano. Las raíces de los feligreses en la zona se miden tanto en meses como en generaciones.

Jim Elwell Martinez es un descendiente de un sargento del ejército español que llegó a estas partes con Serra a finales de los 1700.

Francis Sparagna, Jr., se mudó a esta localidad procedente de Los Angeles con su esposa Diana, hace 10 meses.

Martinez es bilingüe. Sparagna, cuyas raíces están en Nápoles, Italia, solo habla inglés. Escamilla y su esposa Ana hablan español habitualmente.

Se distribuyeron los boletos para la misa de canonización principalmente en las parroquias latinas. La arquidiócesis de Los Angeles –la más grande de Estados Unidos, con 287 parroquias y alrededor de cinco millones de fieles– recibió 275 boletos.

San Buenaventura, la que Serra fundó en 1782, obtuvo nueve de ellos. Su pastor, el reverendo Tom Elewaut, quien viaja a Washington, dijo que, de cualquier forma, el viaje habría resultado muy costoso para muchos de sus parroquianos.

Los Escamilla, que recibieron dos boletos, volaron al este y se alojaron con familiares en Gettysburg, Pensilvania. Los Sparagna también recibieron dos boletos, y se hospedarán en el Four Seasons en Georgetown.

Ventura conmemorará su 150 aniversario en abril y se incluyó en el calendario de festividades una procesión y una misa bilingüe el 21 de noviembre, organizadas por San Buenaventura en honor de la santidad de Serra. El lunes antepasado, Elewaut y Martinez siguieron a pie la ruta de la procesión, hablaron del cierre de calles y de otros detalles logísticos, como cuándo van a disparar los mosquetes los soldados españoles en el grupo de Martinez.

Se espera que asistan alrededor de 800 personas, incluido el arzobispo de Los Angeles, José H. Gómez, quien ha sido uno de los más ardientes defensores de la canonización. En una entrevista el miércoles, Gómez rechazó a los críticos y dijo que Serra proporciona “un gran ejemplo de respeto hacia el otro, de amor y de caridad”.

En cartas dirigidas al editor y publicadas por periódicos locales, la historia de Serra ha recibido una interpretación diferente; una de las misivas un escritor dijo que él les había “impuesto” su sistema de creencias a los pueblos indígenas “al costo de su cultura”. En una declaración por correo electrónico el jueves, integrantes de diversas tribus de nativos estadounidenses lo denunciaron como “el organizador del sistema de misiones de California”, cuyas políticas “inequívocamente, llevaron a atrocidades en contra de nuestros antepasados”.

Olivas dijo que se había desentendido de desconectado las críticas. No trató de obtener boletos para la misa. El y Liz, su esposa, de 62 años de edad, estarán en el auditorio de la escuela el miércoles, “con gente que ama al padre Serra como nosotros”, viendo la misa de canonización en una pantalla enorme.

Mientras tanto, Olivas le seguirá rezando cada mañana: “no necesariamente para que me cure”, dijo, “sino para resignarme ante la voluntad de Dios”.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de septiembre de 2015, 3:57 p. m. with the headline "Católicos latinos se ven reflejados en santificación de fraile."

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