Debates exponen poder de la prensa para las campañas
La pregunta es: los medios de prensa, ¿están reportando la campaña, o están haciendo y deshaciendo la campaña?
Es una pregunta clave después del tercer debate presidencial republicano, un cara a cara transmitido en horario estelar durante el cual un moderador de televisión comparó una campaña republicana a un libro de caricaturas, y varios candidatos y analistas protestaron de que los periodistas están jugando un papel demasiado importante en la historia.
Directivos de las campañas se molestaron por el exceso de preguntas sobre las peculiaridades y las personalidades de los candidatos. El análisis de Larry Sabato’s Crystal Ball concluyó que los moderadores “entraron en un exceso de enfrentamientos con los candidatos”. El presidente de la Comisión Nacional Republicana Reince Priebus dijo que estaba “avergonzado” por el modo con que la red de televisión había manejado el evento.
Brian Steel, portavoz de la red televisiva CNBC, dijo que las preguntas habían sido justas. “Las personas que aspiren a la presidencia de los Estados Unidos deben ser capaces de responder preguntas difíciles”, dijo.
El furor enfatiza la tensión existente sobre el papel jugado por los medios noticiosos como los que de hecho levantan o destruyen a los candidatos en las campañas, particularmente en los debates.
Los medios noticiosos juegan un papel en la planificación de los eventos. Ellos juegan un enorme papel en decidir quién participa y recibe la exposición a decenas de millones de televidentes-votantes, y quién tiene que conformarse con un debate en horario no estelar, lo que se conoce como “la mesa de los niños”, o se le prohíbe la entrada en absoluto. Y los moderadores de los principales debates televisivos pueden jugar un papel desmesurado.
Los medios de prensa ayudan a determinar quién participa en base a las encuestas de los medios, lo cual pone furiosos a los candidatos que no consiguen calificar para el acto central.
“Creo que eso es terrible”, dijo el senador Lindsey Graham, republicano de Carolina del Sur, uno de los principales expertos del Congreso en asuntos militares, quien ha sido relegado al debate menor porque las cifras de sus encuestas se han quedado atrás.
En agosto, el McClatchy-Marist Poll suspendió temporalmente las encuestas a los candidatos de las primarias debido a preocupaciones de que se estuvieran usando indebidamente las encuestas públicas para decidir quién va a los debates y quién no. El Instituto Marist de Opinión Pública, el cual lleva a cabo la encuesta nacional, dijo que los criterios de los debates dan por sentado que las encuestas son de una gran precisión en delimitar la línea entre los candidatos que están separados por apenas una fracción, y dan por sentado asimismo que las encuestas nacionales son comparables.
Lee Miringoff, director del Instituto Marist, también se sintió incómodo a la hora de participar en hacer noticia. “Es un problema cuando eso define quién llega a sentarse a la mesa”, dijo.
También salen problemas a la superficie cuando los políticos pelean con los medios de prensa que hacen las preguntas.
“A veces es simplemente una reacción brusca a preguntas difíciles. Otras es protestar si las preguntas son más difíciles o más complejas cuando son para un partido que para el otro.”
En el primer debate republicano del 6 de agosto, los insultos de Donald Trump a la moderadora de Fox News Megyn Kelly provocaron un escándalo, y su pelea pareció resultar tan discutida en los medios sociales como cualquier otro tema de los debates.
Toda esta participación de los medios de prensa refuerza la opinión de los republicanos de que los principales medios de comunicación no quieren tratarlos justamente.
Esto resultó particularmente verdadero tras el debate de la noche de miércoles, moderado por tres reporteros de CNBC.
Cuando John Harwood de CNBC preguntó a Trump si el potentado inmobiliario estaba llevando a cabo una “versión de libro de caricaturas de una campaña presidencial”, provocó un raro momento de simpatía hacia el desenvuelto candidato. Trump dijo que era “una pregunta hecha de un modo poco cortés”.
Luego de otras preguntas que se trataron menos de la economía, el propósito explicito del debate, y más de las debilidades de los candidatos, su estatus en las encuestas y otros temas por el estilo, el senador Ted Cruz, republicano de Texas, se hartó. “Esto no es una pelea de lucha vale todo”, dijo.
Los moderadores de CNBC no aflojaron. Carl Quintanilla preguntó si el gobierno federal debería considerar el fantasy football como un juego de azar.
Chris Christie, el franco gobernador de Nueva Jersey, intervino alzando la voz: “Tenemos una deuda de $19 billones. Tenemos gente sin trabajo. Tenemos a ISIS y Al Qaida atacándonos. ¿Y estamos hablando de fantasy football? ¿Podemos parar esto?”
“Piensen en los republicanos que estaban mirando desde sus casas. Eso probablemente los estaba desesperando”, dijo el ex senador de Nueva Hampshire John Sununu, ahora copresidente de la campaña presidencial de John Kasich.
“Ojala me hubieran hecho preguntas sobre, no sé, preguntas sobre cosas que están en la mente de la gente, sí, los problemas de los programas sociales, la deuda. Pero me preguntaron sobre fantasy football“, se quejó Jeb Bush, el ex gobernador de la Florida.
Pero algunos consideraron que el debate, con su énfasis en el tema económico, había salido bien. “Esta fue en muchos sentidos la primera conversación adulta que hemos tenido durante esta campaña”, dijo Maya MacGuineas, directora de la Campaña para Resolver la Deuda (Campaign to Fix the Debt), la cual estudia problemas presupuestarios.
Priebus, no obstante, está harto. “El desempeño de los moderadores de CNBC fue extremadamente decepcionante, e hizo un flaco servicio a la red televisiva, a nuestros candidatos, y a los votantes”, dijo.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de octubre de 2015, 9:33 p. m. with the headline "Debates exponen poder de la prensa para las campañas."