Estados Unidos

La campaña presidencial para el 2016, sin precedentes

La precandidata demócrata Hillary Rodham Clinton habla en Westfair Amphitheater en Council Bluffs, Iowa.
La precandidata demócrata Hillary Rodham Clinton habla en Westfair Amphitheater en Council Bluffs, Iowa. AP

Muchos analistas políticos inicialmente pensaban que Jeb Bush y Hillary Clinton serían, probablemente, los candidatos presidenciales del 2016 –él republicano y ella demócrata.

Pero esa suposición parece que podría resultar equivocada.

A solo semanas de la primera actividad de selección, el caucus de Iowa, sigue siendo extremadamente difícil predecir quién –en última instancia– será el candidato de los partidos principales, o si habrá un tercer candidato independiente.

Donald Trump, que casi desde el principio dominó el interés de los votantes republicanos, todavía podría hacer campaña como independiente –a pesar de su promesa al Partido Republicano de que apoyaría a cualquier nominado– incluso si no fuese él.

Todas las apuestas están en el aire sobre cómo los votantes republicanos y demócratas, que se encuentran altamente polarizados al acercarse las primarias –votarán por alguno de los muchos candidatos por escoger. También el creciente número de votantes independientes en el país bien puede ser el factor decisivo en la elección de noviembre.

Tal vez la mejor manera de hacer un pronóstico sobre las próximas elecciones presidenciales puede ser la de esperar y ver cómo los votantes actúan en las primarias de febrero y marzo, incluyendo los caucus de Iowa y otros estados. Esos votos también pueden proporcionar la primera indicación sólida de quiénes puedan surgir en última instancia como los nominados.

Todavía podría ser Clinton, o tal vez –aunque menos probable– su rival demócrata Bernie Sanders.

En el lado republicano, podría ser Trump o –aunque mucho menos probable– Bush. Tras el último debate del año, el 15 de diciembre en Las Vegas, Nevada, los analistas dijeron que ya había surgido una terna de posibles candidatos republicanos preferidos.

Para Fernand Amandi, jefe de la firma de sondeos de Miami, Bendixen & Amandi International, los favoritos son: Trump, Ted Cruz, Marco Rubio y quizás un cuarto aun por surgir como comodín.

Ya en febrero pasado, antes de que ninguno de los aspirantes actuales hubiera declarado formalmente sus intenciones, los analistas seguían especulando que los posibles candidatos serían Clinton por los demócratas y Bush para los republicanos.

Tal vez el primer indicio de que esto no sería un ciclo de elecciones presidenciales “normal” fue el hecho de que el primer republicano en anunciar su candidatura oficialmente fue el senador Cruz de Texas, nacido en Canadá de padre cubano y madre estadounidense.

Aunque el anuncio de Cruz el 23 de marzo atrajo poca atención, en retrospectiva, fue un presagio de lo que vendría.

Su aumento constante en las encuestas sugiere que muchos votantes prefieren a un candidato que no esté asociado con el establishment tradicional, alguien dispuesto a derribar las estructuras existentes para adelantar una estrategia conservadora. Ese fue el mensaje de Cruz desde el principio.

Pero no fue sino hasta que Trump entró en la contienda el 16 de junio –un día después de que lo hizo Bush– que la campaña cambió dramáticamente.

La declaración de guerra de Trump contra los inmigrantes indocumentados en su anuncio presidencial movilizó a muchos conservadores a su lado, y provocó un movimiento nacional para incrementar los controles sobre la inmigración.

Ann Coulter, una de las voces más poderosas contra los inmigrantes indocumentados entre los conservadores, calificó a Trump como el único que vale considerar porque hizo de la inmigración ilegal la pieza central de su campaña.

“Está enarbolando la cuestión fundamental de nuestra era, mientras que el resto de los candidatos simplemente se ponen frente al espejo para presentarse como optimistas”, escribió Coulter en una de sus columnas recientes.

Lo qué llevó a Trump al centro del escenario en realidad no fue una declaración sobre la inmigración, sino una serie de insultos contra México y los inmigrantes mexicanos en su anuncio presidencial.

“Cuando México envía su gente, no están enviando lo mejor”, dijo Trump en su discurso de anuncio. “Cuando México envía su gente, no están enviando lo mejor posible. No están enviando alguien como ustedes. Están enviando las personas que tienen un montón de problemas, y que van a traernos esos problemas. Están trayendo drogas. Están trayendo crimen. Son violadores. Y algunos, supongo, son buenas personas”.

Mientras que muchos en la izquierda pronosticaron la rápida desaparición de Trump como candidato debido a su discurso, en realidad lo que pasó es que su popularidad entre los votantes republicanos se disparó –poniendo en entredicho no solo la habilidad de análisis de los expertos sino las muchas encuestas que decían que la mayoría de los votantes apoyan la reforma migratoria.

Con el tiempo, los analistas llegaron a la conclusión de que los votantes republicanos están hartos de los candidatos del establishment y de los políticos conocidos.

De hecho, una pista de lo que estaba por venir apareció temprano, cuando el primer precandidato anunció sus intenciones.

Fue Cruz, un senador republicano irreverente de Texas. Fue un rebelde desde el inicio.

Prometió aplastar el Obamacare y dijo que se había opuesto a la legalización de los indocumentados. Votó incluso en contra del proyecto de ley bipartidista de reforma migratoria en el 2013 copatrocinado por el también republicano y cubanoamericano Marco Rubio, de la Florida, quien actualmente también busca la nominación presidencial republicana.

En el quinto debate republicano en diciembre, Rubio dijo que no había grandes diferencias entre él y Cruz sobre la legalización de los inmigrantes, lo que Cruz rechazó categóricamente.

No fue sino hasta días después que surgió una grabación durante el debate en el pleno del Senado sobre el proyecto de ley en el 2013 en la que Cruz parece apoyar la legislación, e incluso ofreció una enmienda que buscaba prohibir la ciudadanía para los indocumentados. La enmienda no prosperó.

Luego en una entrevista con Fox News, que encontró la grabación, Cruz dijo que ofrecer la enmienda no significaba que hubiera apoyado el proyecto de ley.

Pero en la grabación, Cruz se oye dando un discurso en favor de su enmienda y aparentemente en favor del proyecto de ley.

Exhorta a los legisladores en ambos lados de la Cámara a aprobar el proyecto de ley “que permite a aquellos que están aquí ilegalmente salir de las sombras”.

Aunque Trump eventualmente llegó a dominar el campo de los candidatos republicanos, Cruz aumentó de manera constante su popularidad en las encuestas entre votantes republicanos, mientras que Rubio, Bush y los demás no obtuvieron tanta tracción como esperaban inicialmente –aun cuando Rubio logró eclipsar a Bush en uno de los debates en noviembre cuando ambos chocaron públicamente por primera vez sobre las ausencias de Rubio en los votos del Senado.

Los analistas conservadores dicen que la razón por la que Cruz sigue ganando popularidad es que, como Trump, encarna el rechazo de los votantes republicanos al status quo.

Si Cruz llega a prevalecer, o lo hace Trump o Rubio –o Clinton o cualquier otro candidato– esto solo se hará evidente cuando los votantes comiencen a depositar sus votos en las primarias.

Pero por ahora, lo único que está claro es que esta contienda presidencial sin duda será histórica.

Siga a Alfonso Chardy en Twitter: @AlfonsoChardy

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de diciembre de 2015, 4:27 p. m. with the headline "La campaña presidencial para el 2016, sin precedentes."

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