Estados Unidos

El nominado para ser el nuevo jefe del Pentágono reduciría los gastos militares

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Ashton Carter, elegido para ser el nuevo jefe del Pentágono, prometió reducir gastos en Defensa.
Ashton Carter, elegido para ser el nuevo jefe del Pentágono, prometió reducir gastos en Defensa. AP

Ashton Carter, elegido por la Casa Blanca para ser el nuevo jefe del Pentágono, prometió echar mano de su experiencia para reducir en lo posible el derroche en Defensa sin disminuir la presencia militar en los tres frentes de la estrategia estadounidense: Oriente Medio, Europa y Asia Pacífico.

Carter tuvo la oportunidad de explicar su proyecto para manejar las Fuerzas Armadas mejor equipadas y financiadas del mundo en su exhaustiva audiencia de confirmación en el Senado, donde los legisladores le sometieron a más de cinco horas de interrogatorio y a un cuestionario escrito de 300 preguntas.

El llamado a convertirse en el nuevo secretario de Defensa, físico de 60 años y segundo hombre fuerte del Pentágono entre el 2011 y el 2013, dijo que comprende que “los contribuyentes no entiendan, y mucho menos apoyen, un presupuesto de Defensa que cae en sobrecostos y falta de control en las cuentas”.

Carter, que entre el 2009 y el 2011 fue responsable de las compras y desarrollo armamentístico del Pentágono, tiene frente a él un desafío de gigantescas proporciones, ya que el Departamento de Defensa es la única agencia federal que no audita sus cuentas, algo que quiere conseguir por primera vez en el 2017.

“Cuando comencé mi carrera en Defensa el mundo era más simple, solo un problema grande: la Guerra Fría y un desastre nuclear. Ahora el mundo es mucho más complicado, más facetas y más amenazas…Aún así creo que somos capaces de afrontarlas”, resumió Carter.

El candidato elegido por la Casa Blanca explicó que las Fuerzas Armadas seguirán poniendo el énfasis en mantener una fuerte presencia militar en Asia-Pacífico (donde China está aumentando su poder militar), Oriente Medio (donde los esfuerzos se centran en la lucha contra el Estado Islámico, EI) y Europa (con el conflicto ucraniano como gran prueba para la alianza de la OTAN).

En el caso del EI, Carter opinó que es necesario lograr “una derrota duradera” de los yihadistas; en Ucrania, consideró que apoyaría el envío de armamento al gobierno de Kiev para hacer frente a los separatistas apoyados por Rusia, mientras que sobre China opinó que es un poder que intenta “intimidar” a sus vecinos.

Estos tres frentes, que requieren diferentes estrategias, han demostrado -en opinión de Carter- que es necesario una nueva planificación para el desarrollo de tecnología militar, una fuente de gasto presupuestario sin parangón dentro de las cuentas federales.

Carter ha recibido críticas en el pasado por el polémico programa para el desarrollo del caza F-35, el proyecto aeronáutico más caro de la historia estadounidense, y cuyo precio se ha disparado un 71% en términos reales hasta cerca de 400.000 millones de dólares.

No obstante, Carter ha sido halagado por el rápido desarrollo de un vehículo a prueba de explosivos improvisados para proteger a las tropas en Irak y Afganistán.

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