Cambios que se avizoran en el horizonte de Miami
Me encontraba en la celebración por el 89 cumpleaños de mi consuegro, el señor Víctor Olazábal, un ser humano cuya conducta es modelo a seguir, quien en su larga vida, se mantiene al día en los temas de política y economía –tanto nacional como internacional–, es jovial y sostiene una conversación agradable y versada sobre cualquier tópico que se le presente.
Estábamos en medio de la celebración cuando uno de sus sobrinos se me acercó y, sentándose a mi lado, al tiempo que me ofrecía un puro, me dijo: “Razón tenías en cuanto a lo que dijiste acerca del crecimiento de Miami, cuando salí para Texas, hace diez años. Si te hubiese escuchado, hoy estaría mucho mejor”. Viniendo de él, que es todo un triunfador, el comentario constituía un gran halago, pero… ¿qué le habría dicho yo en aquella ocasión?
Disimulando mi mala memoria, seguí platicando, mientras nos deleitábamos fumando puros y yo procuraba descifrar la punta de aquel ovillo. Al fin, en una de esas frecuentes digresiones que los cubanos solemos tener dentro de una conversación, comprendí el motivo de su acercamiento, pues no era lógico que por mucho respeto o admiración que él sintiese hacia mí, se hubiese alejado del círculo de familiares y jóvenes amigos, para conversar largo con un anciano sentado en medio del patio y, para colmo, mirando a la luna.
“Pues sí”, le dije con esa astucia que solo dan los años, “si con tus habilidades de constructor hubieses persistido en invertir en la compra de propiedades que necesitaban arreglos, les hubieses devuelto la dignidad y la belleza a las mismas y las hubieses puesto a la renta o a la venta, en el mercado. No sería de extrañar que hoy amasases una pequeña fortuna en propiedades de inversión”.
Hábilmente no quiso regresar al pasado, por el contrario preguntó: “¿Y ahora qué?”
Me limité a preguntarle si había leído la prensa del día, y pasé a señalarle que la información sobre el Mega Mall más grande de Estados Unidos, a construirse en el cruce de las autopistas I-75 y el Turnpike, apenas a una milla de mi casa, me había tomado por sorpresa.
Me miró con incredulidad, como diciendo: “¿Cómo puede haber pasado un elefante frente a tu puerta y no te enteraste?”
En respuesta a su suspicaz mirada respondí: “Ni suelo saberlo todo ni aspiro a ello. Cierto es que una ampliación inexplicable, en la franja intermedia de la autopista I-75, anunciaba el advenimiento de algo grande; pero jamás imaginé semejante impacto para la economía.”
“Entonces… ¿adónde mirar ahora para hacer negocios?”, preguntó.
“Aprende a hablar chino”, le contesté.
“¿Chino?”, exclamó horrorizado.
“Sí. Chino, mandarín, cantonés”, le dije.
“Y… ¿por qué chino precisamente?” argumentó.
“Para que puedas reunirte con ellos y sepas donde van a ubicar el barrio chino”, le respondí.
“¿Cuál barrio chino?”, preguntó extrañado.
“El que inevitablemente tendremos muy pronto en Miami”, le respondí.
José A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces: Manual
práctico de compra, venta y administración.”
tony@ruanobrokers.com
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de marzo de 2015, 6:24 p. m. with the headline "Cambios que se avizoran en el horizonte de Miami."