Cuando invertir con el corazón hace ‘zen’ tido
Mi primer trabajo tras graduarme fue el de gestora de carteras de inversiones en Wall Street bajo el liderazgo de Jamie Dimon. Acababa de comenzar mi carrera profesional me encontré, de la noche a la mañana, en un equipo que manejaba $13,000 millones. ¡Imagínense! Estuve allí durante cuatro años y con el paso del tiempo me gané la confianza de mis supervisores, dirigiendo mi carrera hacia lo que se ha convertido en mi objetivo profesional principal: trabajar directamente con familias, ayudándoles a darle sentido a su patrimonio. Fue entonces cuando empecé a prestar atención a un grupo concreto, los millennials. No tenían un interés material en el dinero, ni mucho menos pensaban en crecerlo. Lo que verdaderamente les motivaba era el rendimiento social, el impacto positivo que podían tener sobre su entorno.
Y es que, efectivamente, estos chicos podían cambiar el mundo con su firma. Si invertíamos en una empresa, esta ofrecería mayor estabilidad a sus empleados; si se trataba de un negocio con conciencia medioambiental, estaríamos contribuyendo al cuidado del planeta; podríamos promover corporaciones agrícolas que no utilizaran pesticidas y que, por tanto, distribuyeran alimentos buenos para la salud. Todavía me acuerdo de una pareja de hermanos a los que su abuela les había cedido una suma considerable como herencia y que juntos decidimos destinar a un fondo que ayudaba al medio ambiente. Cuando al cabo de un tiempo descubrieron que ese dinero no solo estaba contribuyendo a mejorar el planeta, sino que además su rendimiento prácticamente doblaba al del resto de fondos de la cartera, sus caras de sorpresa no tuvieron precio. No le habían dado gran importancia a heredar y este fue el gancho para que decidieran tomar las riendas de su dinero y asumir la responsabilidad que, como privilegiados, debían tener sobre su patrimonio.
Ser responsable a la hora de invertir es lo que dentro del ámbito de las finanzas se conoce como inversiones de impacto social. Las inversiones con un propósito son aquellas que buscan tanto ser rentables como lograr objetivos sociales. Se trata de una tendencia cada vez más extendida orientada a la búsqueda de soluciones que aumenten el bienestar general. Estas inversiones pueden clasificarse en tres categorías.
En primer lugar, nos encontramos con las inversiones socialmente responsables (SRI, por sus siglas en inglés), que analizan las inversiones potenciales para eliminar aquellas que, como las tabacaleras, tienen un impacto claramente negativo.
Por otro lado, las inversiones sostenibles hacen referencia a incorporar factores medioambientales, sociales y de gobernanza al análisis tradicional de los beneficios y riesgos de una inversión. Por ejemplo, los bonos verdes.
Por último, las inversiones con impacto social, propiamente dichas. Esta tendencia aboga porque se incorporen métricas para evaluar directamente el impacto social de una inversión. Por ejemplo, un fondo que ayuda a mujeres en África mediante micropréstamos pertenecería a esta categoría.
No importa si cuentas con unos ahorros modestos o si estamos hablando de miles de millones, invertir con propósito es una actitud ante la vida. Si no tienes claro cómo quieres invertir, no te precipites y estudia todas las opciones posibles. Lo importante es entender que, al final del día, tú, yo y Carlos Slim vivimos en el mismo mundo, y que invertir para cuidarlo sienta bien. Y mucho.
Elaine King CFP® es experta internacional en planificación financiera familiar, www.familyandmoneymatters.com
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de agosto de 2017, 0:58 p. m. with the headline "Cuando invertir con el corazón hace ‘zen’ tido."