Consejo financiero: Los asesores dicen, ¡que vivan las tasas en ascenso!
Es oficial: la Reserva Federal piensa aumentar las tasas de interés a corto plazo, y ello podría suceder tan pronto como en la reunión de junio del organismo. Ante esta perspectiva, el mercado bursátil— adicto al dinero barato— comienza con los retiros periódicos. Pero no tema. Como varios asesores inteligentes están indicando a sus clientes, esto debería ser bueno. En gran parte.
Para los principiantes, el aumento no supondrá un duro movimiento alcista, como sucedió en 1994-95. En ese entonces, para controlar la inflación, la Reserva Federal conducida por Alan Greenspan duplicó las tasas a corto plazo llevándolas al 6%. El mercado bursátil se desplomó un 7.3% en las ocho semanas siguientes al primero de los aumentos. Los precios de los bonos, que se mueven en dirección opuesta a las tasas, se hundieron. A ello se sumó el discurso poco claro que le gustaba emplear Greenspan, que desconcertaba a los inversionistas acerca de lo que iría a ocurrir.
Hoy la situación es completamente diferente. Janet Yellen, la actual presidente de la Reserva Federal banco central, es mucho más transparente respecto de las intenciones de la Reserva. Ha dicho que las tasas subirán de forma gradual y cuidando de no perjudicar a la ralentizada recuperación económica. Las tasas a corto plazo, que la Reserva puede manipular, se sitúan ligeramente por encima de cero en este momento, y en ese nivel se han mantenido desde la crisis financiera de 2008. ¿La inflación? ¡Ah! El índice de precios al consumidor subió en febrero tan solo 0.2%.
Los más favorecidos con un incremento de tasas serán los ahorristas, que ya han padecido bastante tiempo. Según Bankrate.com, a fines de marzo, un certificado de depósito a cinco años generaba una exigua rentabilidad de 0.87%. En palabras de Barry Glassman, presidente de Glassman Wealth Services, en McLean, Virginia: “Tasas de interés bajas = rentabilidad insuficiente”.
Hubo un tiempo en el que los jubilados y otros inversionistas podían recibir una rentabilidad decente —superior al 5% o más, señala Glassman— de un certificado de depósito o un fondo del mercado monetario. Las bajas tasas que ayudaron a la economía con dinero fácil para los “ahorradores, como las sociedades, municipios y los compradores de vivienda, presentan el reto más grande si usted pertenece a la generación de la posguerra y está pensando en jubilarse”, añade.
En general, las tasas a corto plazo en aumento afectan a las de largo plazo, cuyo incremento hoy día debería distar mucho de ser una catástrofe. En opinión del asesor Lewis J. Walker, “las tasas más altas son la norma”. El bono del Tesoro a 10 años, por caso, ofrece hoy una rentabilidad cercana al 2%. Esta ha sido mucho más elevada a lo largo de la historia, sin efectos adversos.
Walker, presidente de Walker Capital Management, en Peachtree Corners, Georgia, señala que en los últimos 50 años, la tasa a 10 años fue del 4% o porcentaje inferior tan solo en siete años. Y en 29 años, superó el 6%. Durante ese extenso lapso, desde luego, los inversionistas estadounidenses han gozado de épocas económicas pujantes y aumentos en los mercados bursátiles.
Uno de mis comentaristas financieros actuales favoritos destaca otro aspecto positivo del aumento de las tasas: suben porque la economía, por fin, está creciendo. Eso sí, no a un ritmo rápido: el producto interno bruto ha crecido solo un 2% anual desde la Gran Recesión.
No obstante, como escribe en su blog Jill Schlesinger, analista de negocios de la cadena CBS News y planificadora financiera certificada: “La razón de las tasas de interés crecientes es que las cosas están mejorando. Y como es probable que el proceso sea lento, la economía de EEUU debería poder crecer a su ritmo histórico posterior a la Segunda Guerra Mundial, de entre 3% y 3.5%. Ello no significa que los precios de las acciones vayan a dispararse, pero francamente, tras un mercado alcista de seis años, ¿qué cabía esperar?”
Las tasas más elevadas tienen un costado desfavorable para algunos. Dentro del grupo de Wall Street, estas son pésimamente acogidas. Los bancos y otros actores similares pueden tomar prestado a un costo bajo, y luego dar un giro y prestar el dinero a tasas más altas. La diferencia, que se conoce como “diferencial”, puede ser muy lucrativa. El endurecimiento monetario podría hacer que esa diferencia sea menos seductora.
Sin lugar a dudas, los consumidores regulares podrían recibir un impacto indeseado si están tomando dinero prestado. Las tasas de los préstamos hipotecarios, los préstamos para la compra de automóviles y la deuda de las tarjetas de crédito probablemente suban. Y el gobierno de EEUU deberá pagar más por su considerable deuda.
Brenda Wenning, presidente de Wenning Investments, en Newton, Massachusetts, estima que los intereses promedio de la deuda federal en el año 2000 triplicaban ampliamente la actual tasa del 2%.
“Si las tasas de interés vuelven a subir al nivel del año 2000”, advierte, “Estados Unidos deberá pagar más de $1 billón al año solo en concepto de intereses”.
Todo eso es verdad. Pero nuestra economía debería poder con las tarifas más altas. Las caídas abruptas del mercado bursátil en respuesta a un futuro semejante son reacciones exageradas y absurdas. Para Raúl Elizalde, presidente y director de inversiones de Path Financial LLC Investment Management, en Sarasota, Florida, “un cambio en la política de la Reserva es como un monstruo debajo de la cama que mantiene en vilo a los inversionistas por las noches: asusta, pero no es real”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de abril de 2015, 4:15 p. m. with the headline "Consejo financiero: Los asesores dicen, ¡que vivan las tasas en ascenso!."