Finanzas

Fabricantes de vehículos extranjeros en EEUU rechazan amenaza de aranceles

Melissa George, empleada de una planta de Toyota en Kentucky, trabaja en una línea de ensamblaje del Toyota Camry en abril del 2017.
Melissa George, empleada de una planta de Toyota en Kentucky, trabaja en una línea de ensamblaje del Toyota Camry en abril del 2017. Assocuated Press

Global Automakers, el grupo que representa a los fabricantes de vehículos extranjeros en Estados Unidos, rechazó el miércoles la propuesta del presidente, Donald Trump, de imponer aranceles a la importación de automóviles y dijo que estos perjudicarán a los trabajadores estadounidenses.

El presidente de Global Automakers (GA), John Bozzella, señaló en un comunicado que “estos aranceles dañarán al sector del automóvil de EEUU, que está compuesto por 14 fabricantes, todos ellos globales, de los que diez son fabricantes internacionales”.

“Cada una de estas compañías emplea trabajadores estadounidenses para producir automóviles en Estados Unidos, y los aranceles aumentarán sustancialmente los precios para los consumidores”, añadió Bozzella.

Según la asociación, si Trump impone finalmente los aranceles anunciados, el precio de los vehículos importados aumentará una media de $5,800, lo que costaría a los consumidores $45,000 millones.

GA también rechazó el argumento del presidente para estudiar la imposición de aranceles por razones de “seguridad nacional” y dijo que los 130,000 estadounidenses empleados directamente por los fabricantes extranjeros “no son menos patriotas” que cualquier otro estadounidense.

Trump ha amenazado con imponer aranceles del 25% a los vehículos importados de países como Canadá, Europa, México y China, indicando que estas importaciones pueden ser una amenaza para la seguridad del país, utilizando una ley de 1962, durante la Guerra Fría.

“No hay justificación de seguridad nacional para imponer aranceles a las importaciones de vehículos o componentes o discriminar entre compañías globales con sede aquí o en países aliados”, añadió Bozzella.

Además, Bozzella dijo que si finalmente la Administración Trump impone los aranceles, los países afectados tomarán represalias, ya anunciadas, “colocando a los trabajadores estadounidenses del sector en la primera línea de este conflicto comercial”.

Inversiones chinas

Por otra parte, el Presidente anunció el miércoles un plan para restringir las inversiones chinas en compañías tecnológicas de Estados Unidos con el objetivo de combatir el robo de propiedad intelectual.

“Determinados países dirigen y facilitan la inversión sistemática en empresas y activos de Estados Unidos para obtener tecnologías de vanguardia y propiedad intelectual en industrias que esos países consideran importantes”, señaló Trump en un comunicado divulgado por la Casa Blanca.

Según la nota, Trump ordenó al Departamento del Tesoro que investigue a través del Comité de Inversión Extranjera del Congreso las adquisiciones de activos en el país norteamericano por parte de inversores foráneos y proponga las “medidas apropiadas para abordar estas inquietudes”.

El Gobierno reclamó al Congreso que modernice una legislación existente, la Ley de Modernización de la Revisión del Riesgo de Inversión Extranjera (FIRRMA, en sus siglas en inglés), para mejorar la protección de Estados Unidos ante las “nuevas y cambiantes amenazas planteadas por la inversión extranjera”.

Según la Casa Blanca, esta versión mejorada de FIRRMA proporcionará herramientas adicionales al gobierno de Trump para combatir las prácticas de inversión que amenazan el liderazgo tecnológico estadounidense, su seguridad nacional y prosperidad económica futura.

En caso de que el Congreso no apruebe una “sólida” FIRRMA, Trump alertó de que exigirá a su gobierno que despliegue nuevas herramientas para luchar contra inversiones foráneas dañinas para la tecnología de Estados Unidos.

Este anuncio ha frenado las especulaciones sobre un supuesto enfoque más agresivo desde Washington hacia las inversiones chinas que había avanzado esta semana el diario The Wall Street Journal, que citaba fuentes familiarizadas con ese hipotético proyecto.

Según el diario, el Departamento del Tesoro pretendía prohibir a empresas con al menos un 25% de propiedad china que comprasen firmas estadounidenses involucradas en tecnología industrialmente relevante.

En los últimos meses, Pekín y Washington han encendido las alarmas sobre una temida guerra comercial entre las dos potencias económicas al imponer ambos países medidas arancelarias de gran magnitud en contra de sus productos.

La crisis se desató en marzo, cuando el Ejecutivo de Trump anunció aranceles a las importaciones de acero y aluminio chinos por valor de $50,000 millones, una acción a la que desde China se respondió con gravámenes a 128 productos estadounidenses.

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