Finanzas

Aranceles a los autos y piezas importadas pudieran costar caro al consumidor

La línea de ensamblaje de los autos eléctricos Tesla en Fremont, California, en una imagen de junio del 2018. El gobierno del presidente Trump ha propuesto un arancel del 25 por ciento a los autos y piezas importados.
La línea de ensamblaje de los autos eléctricos Tesla en Fremont, California, en una imagen de junio del 2018. El gobierno del presidente Trump ha propuesto un arancel del 25 por ciento a los autos y piezas importados. NYT

Reducir el costo para los que compran autos fue la razón declarada del gobierno del presidente Donald Trump la semana pasada para reducir las normas de economía de combustible e impugnar la autoridad de California para fijar sus propias normas de emisiones.

Pero en momentos que la Casa Blanca defiende menos normas ambientales, sigue estudiando la posibilidad de imponer aranceles que pudieran subir el precio de los autos y camiones nuevos, lo que negaría cualquier ahorro que los consumidores vean por las normas menos estrictas en materia de economía de combustible.

“Quiero destacar la contradicción”, dijo Jennifer Thomas, vicepresidenta de Asuntos Gubernamentales de la Alianza de Fabricantes de Automóviles. “Cualquier ahorro que puedan ver los consumidores en el futuro como resultado de los cambios en las normas de eficiencia de combustible pudieran quedar eliminados si seguimos por el camino que vamos”.

El gobierno de Trump reveló la semana pasada su propuesta de echar atrás las normas de eficiencia de combustible, mientras el Departamento de Comercio estudia un plan para imponer aranceles de 25 por ciento sobre autos y piezas para autos importados. La industria automotriz ha comenzado a destacar la desconexión entre las dos políticas en momentos que cabildea a la Casa Blanca y al Departamento de Comercio, que en pocas semanas pudiera anunciar una decisión sobre los aranceles.

En sus actividades políticas, el presidente Trump ha dicho que impondría un arancel de entre 20 y 25 por ciento a los vehículos y piezas importadas, parte de su promesa a los trabajadores estadounidenses del sector, quienes ayudaron a derrotar a Hillary Clinton en Michigan en el 2016. Trump presiona ahora al Departamento de Comercio para que cumpla esa promesa.

Pero todos los autos fabricados en Estados Unidos, lo mismo si los fabrican compañías estadounidenses o de otros países que tienen plantas aquí, dependen de la importación de piezas y componentes. Los aranceles agregarían unos $2,000 al costo de un auto promedio producido en Estados Unidos, y $6,000 a los importados, según un análisis del American Automotive Policy Council, división de investigaciones de General Motors, Ford y Fiat Chrysler Automobiles.

Toyota dice que el aumento de precio sería incluso mayor, entre $2,800 y $3,000 en el caso su camioneta Tundra y minifurgoneta Sienna, las dos ensambladas en Estados Unidos.

“El aumento del costo sería significativo”, dijo Thomas, que habló con los periodistas el viernes pasado en una actividad de la National Press Foundation. “Lo que están haciendo es impidiendo que la mayoría de las familias estadounidenses puedan comprar un auto nuevo”.

Después de una reunión en mayo con el presidente, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, anunció que había lanzado una investigación sobre la importación de autos, camiones y piezas sobre la base de una cláusula poco conocida de la ley federal de comercio, la Sección 232, dirigida a proteger los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. El gobierno también echó mano a la Sección 232 para gravar aranceles a la importación de acero y aluminio.

El Departamento de Comercio celebró una audiencia el 19 de julio sobre la posibilidad de imponer aranceles de 25 por ciento a la importación de vehículos y piezas, que tienen un valor anual de aproximadamente $360,000 millones. Casi todos los grupos que declararon en la reunión criticaron la propuesta, con la excepción del sindicato United Auto Workers, cuyo representante dijo que apoyaba “medidas específicas para aumentar la manufactura en Estados Unidos”.

Aunque los trabajadores sindicalizados pueden beneficiarse del proteccionismo contra los vehículos importados, su trabajo pudiera verse afectado por los aranceles a las piezas, que harían aumentar el costo de los vehículos hechos en Estados Unidos. Las tarifas de represalia impuestas por otros países también llevarían a menos ventas de autos estadounidenses en el exterior, lo que afectaría a la fuerza laboral del sector en este país.

Grupos comerciales advierten de costos más altos y pérdida de empleos en las compañías que fabrican motores, componentes de frenos y otros. “Los suministradores son el mayor sector manufacturero en Estados Unidos, que emplea directamente a 871,000 personas en los 50 estados”, dijo Ann Wilson, vicepresidente de la Asociación de Fabricantes de Motores y Equipos, en la audiencia del Departamento de Comercio.

Wilson dijo que su asociación encuestó recientemente a sus mil suministradores y que casi 80 por ciento de los que respondieron dijeron que los aranceles propuestos tendrían consecuencias negativas sobre la actividad. “La mayoría de los despidos ocurrirían en los seis meses siguientes a la implementación de los aranceles”, declaró Wilson.

Trump ha alegado desde hace mucho tiempo que las políticas duras de comercio obligarán a los competidores extranjeros a hacer concesiones, aunque eso provoque trastornos a corto plazo en Estados Unidos.

Si Trump impone nuevos aranceles a los autos y sus componentes, Canadá y otros países seguramente tomarán medidas de represalia, como han hecho en el pasado. La mitad de las piezas de los autos que se ensamblan en Canadá llegan de estados Unidos, y los fabricantes automotores de Estados Unidos representan el 43 por ciento del mercado canadiense, según el consulado de ese país en San Francisco.

Thomas, cabildero de la Automobile Alliance, dijo que no está precisamente claro qué provocó que el Departamento de Comercio investigara la importación de vehículos, o por qué estaba justificando la pesquisa en asuntos de seguridad nacional. “¿Cómo los autos importados pueden ser una amenaza a la seguridad nacional?”, preguntó.

Un portavoz del Departamento de Comercio no respondió a esa pregunta, pero señaló comentarios anteriores de Ross sobre las barreras comerciales de la Unión Europea a los vehículos importados de Estados Unidos, como un arancel de 10 por ciento. Estados Unidos impone en este momento un arancel de 2.5 por ciento a los vehículos importados de pasajeros de la Unión Europea y otro de 25 por ciento a la importación de camionetas.

Después de varios meses de estudio, el gobierno de Trump anunció el jueves pasado que proponía reducir de manera importante los estándares de eficiencia de combustible para autos implementados durante el gobierno del presidente Obama. El cambio propuesto permite a los fabricantes reducir a 37 millas por galón el promedio de eficiencia de combustible de su flota a partir del 2020, en vez de alcanzar un promedio de 54 millas por galón para el 2025, lo que pudiera incluir la venta de más vehículos eléctricos e híbridos.

La Agencia de Protección Ambiental y el Departamento de Transporte de Estados Unidos, las dos agencias que revelaron la propuesta, estimaron que eso pudiera reducir en $2,340 el precio de compra de un vehículo promedio, lo que alentaría a las personas a comprar nuevos modelos. La propuesta “tiene la intención directa de tratar de vender más autos y hacer que la flota que circula en el país sea más eficiente y segura”, dijo Bill Wehrum, administrador adjunto de la EPA y ex cabildero del sector petrolero.

Pero la propuesta resultaría en el consumo adicional de medio millón de barriles de combustible diarios en el país, según las dos agencias, lo que saldría del bolsillo de los consumidores. Ese costo extra de combustible probablemente le signifique al conductor promedio varios cientos de dólares al año, dependiendo del millaje anual y el precio futuro de la gasolina, lo que cancelaría algunos de los ahorros proyectados por el EPA.

Para los fabricantes de autos, la reducción de la eficiencia de combustible es solamente una victoria parcial, porque deja en la incertidumbre la autoridad de California para regular las emisiones de gases de invernadero por parte de los autos. El gobierno federal ha dejado entrever que trabajará para eliminar autoridad jurídica de California para fijar sus propios límites de emisiones y obligar a la venta de autos eléctricos, pero tal impugnación seguramente resultará en una prolongada batalla legal.

Si California se impone, los fabricantes estarían obligados a cumplir dos juegos de normas, una para California y las docenas de estados que han adoptado las mismas normas, y el resto del país.

Así que por ahora los fabricantes están librando una batalla en dos frentes, uno para eliminar los propuestos aranceles, y otro para alentar a California y al gobierno a que sigan negociando.

Stuart Leavenworth: 202-383-6070, @sleavenworth

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