Una utopía peligrosa en el mercado de bienes raíces
La administración del presidente Barack Obama está procurando mover a través del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD), la ley de Fomento de la Vivienda Justa, con el fin de construir proyectos habitacionales para ciudadanos de bajos ingresos en los vecindarios hoy ocupados por familias catalogadas como de medio y altos ingresos.
Si lo miramos superficialmente podríamos decir que la medida es altruista y justa, pero si lo analizamos a fondo, nos encontramos con el disparate de pretender igualar a los seres humanos a través de la convivencia cercana. Esta pretensión está ya probada, reprobada y fracasada en todos los continentes y en distintas épocas de la historia.
La administración Obama argumenta que de esa forma la afluencia de los fondos federales sería mayor y mejor dirigida para ayudar a la clase pobre del país a tener mejores escuelas, parques, bibliotecas, mercados y rutas de transporte, a la vez que desalentaría a las minorías a continuar viviendo en comunidades pobres, donde la asistencia del gobierno está disponible.
Otro tópico que se trae a colación con esta utopía poco realista es la idea de que, con la medida se dará fin a la conducta desordenada y poco dada a obedecer a las autoridades, que muchos habitantes de los barrios pobres manifiestan abiertamente. El gobierno asume que, solamente por obligar a los pobres a vivir en los mismos vecindarios con personas de clase acomodada y rica, los jóvenes provenientes de familias pobres van a cambiar su modo de expresar sus frustraciones ante la sociedad y su actitud ante la vida.
En mi experiencia solo he visto que cuando uno obliga a vivir a alguien en un sitio que no desea, que le incomoda o que le impide expresar sus criterios, modos y costumbres abiertamente, surge la rebeldía como respuesta inmediata ante el fracaso del ente ante el medio.
De igual forma he visto que cuando un elemento no concordante se incorpora a un todo estabilizado, ese todo se ve afectado de inmediato y reacciona agresivamente hacia el intruso, mostrando abiertamente un notorio sentimiento de discriminación hacia el nuevo elemento. El nuevo elemento, a su vez, elevará sus sentimientos de ser discriminado por el conglomerado que le rodea.
O sea, que esta medida presenta tendencia a agudizar el problema de la discriminación y a afectar la estabilidad en las barriadas que viven hoy en orden.
De igual forma el valor de la propiedad inmueble en los barrios acomodados que se vean afectados por esta medida –si es que la misma llega a ponerse en efecto–, sufrirá un considerable deterioro, ya que muchos de los aspectos que hacen valiosas estas propiedades, se afectarían irremediablemente con la llegada de los nuevos pobladores. Ello se traduciría en una perdida en la plusvalía acumulada por los propietarios de estas viviendas.
En mi opinión, considero que la medida, lejos de ayudar a la clase pobre, está encaminada a fines políticos. A infiltrar los bastiones republicanos en la nación, y a provocar el descontento, el cual puede conducir finalmente a una lucha de clases en la población americana.
José A. “Tony” Ruano
es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra,
venta y administración.”
tony@ruanobrokers.com
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de junio de 2015, 4:57 p. m. with the headline "Una utopía peligrosa en el mercado de bienes raíces."