Adultos mayores suelen ser el blanco de fraudes inmobiliarios
El maltrato a los adultos mayores adopta muchas formas. Pero estas personas son especialmente vulnerables cuando se trata de abusos financieros y estafas.
Es fácil ver la razón: los estadounidenses de 70 años y mayores han acumulado un patrimonio neto de casi $35 billones, gran parte de esa cantidad en sus viviendas y otras propiedades inmobiliarias. Según el FBI, los adultos mayores son objetivo de los estafadores porque tienden a ser económicamente estables y a menudo son propietarios absolutos de sus viviendas.
Los llamados “fraudes de confianza/románticos” son el tipo de fraude No. 1 en términos de pérdidas para las personas mayores, mientras que las estafas por correo electrónico ocupan el segundo lugar. Pero las pérdidas por delitos relacionados con bienes inmuebles han aumentado recientemente, pasando de $36 millones en 2019 a $50 millones el año pasado.
El estafador puede ser cualquiera: un familiar, un supuesto nuevo amigo, un agente inmobiliario, un prestamista hipotecario, un tasador o un inversionista. Por eso, los amigos y familiares de cualquier adulto mayor que inicie una operación inmobiliaria deben estar atentos a las señales de alarma, al igual que los agentes, prestamistas, compañías de títulos y otros profesionales que participen en la transacción.
Una de las estafas más populares que ve el FBI gira en torno a las hipotecas de conversión del valor de la vivienda (HECM), también conocidas como hipotecas revertidas. Una HECM legítima permite a los propietarios que reúnen los requisitos extraer el capital que han acumulado en sus casas a lo largo de los años sin tener que hacer pagos hasta que dejen la propiedad definitivamente. Aunque existen algunos programas propios, las hipotecas inversas están aseguradas en su mayoría por la Administración Federal de la Vivienda (FHA).
Los estafadores buscan a personas mayores que no estén familiarizadas con los requisitos de los préstamos o con el detallado proceso de aprobación. En algunos casos, según ha reportado recientemente el FBI de Oregon, el estafador presiona a los ancianos para que soliciten préstamos que no necesitan o que son totalmente inapropiados para su situación.
Otra artimaña inmobiliaria muy popular usa a los ancianos como “compradores de terceros”. En este caso, el delincuente quiere comprar una casa, pero, por alguna razón desconocida, no puede comprar una una hipoteca. Así que convencen a un anciano para que firme los documentos necesarios “como un favor”. O tal vez ofrecen algo de dinero en efectivo para acompañar el trato.
Al final, el delincuente acaba robando todo el capital de la propiedad y dejando a su víctima no solo con una fuerte hipoteca a 30 años, sino también con una posible responsabilidad penal.
Hace unos años, la agente de Sacramento Elizabeth Weintraub se enteró de un caso en el que un despacho de abogados aconsejó a una persona mayor que podía hacer una modificación del préstamo sobre una segunda hipoteca que ya había sido cancelada por quiebra, y luego se quedó con su dinero. Weintraub dice que se sintió “horrorizada, no solo por la audacia del abogado, sino por el hecho de que los delincuentes sigan postulando estafas de abuso de ancianos como esta y saliéndose con la suya”.
En otras estafas relacionadas con el sector inmobiliario, se ofrece a los ancianos casas gratis, oportunidades de inversión/refinanciación o formas de salir de una propiedad o evitar una ejecución hipotecaria. Pero el resultado suele ser el mismo: la persona mayor pierde todo o parte de sus ahorros y su historial crediticio queda destrozado.
Entonces, ¿cómo se puede saber si un adulto mayor cercano a usted pudiera estar tomando el camino equivocado? Estas son algunas señales reveladoras:
▪ Si no puede hablar directamente con la persona con la que trata el anciano, usted debe estar alerta. La mayoría de los estafadores se esconden tras el teléfono, el correo electrónico y los mensajes de texto. O tal vez dicen vivir en algún país lejano. Sea como sea, no quieren ser vistos para que no se les pueda identificar.
▪ Por otro lado, desconfía si el adulto mayor no puede hablar por sí mismo. Si el “socio” es el único que habla, es probable que se estén aprovechando del anciano.
▪ Si el adulto mayor no puede explicar lo que van a hacer y por qué, no deberían seguir adelante. Presiónelo para que demuestre que entiende perfectamente la operación y sus implicaciones.
▪ Si dicen que este nuevo amigo es una buena persona y que solo quieren ayudarlo, recurre a las autoridades o, al menos, pide a un asesor inmobiliario certificado que revise los detalles. Los delincuentes siempre intentan ganarse la confianza de sus objetivos y las personas mayores suelen ser no solo confiadas sino también corteses.
▪ Busca los documentos que respaldan la transacción, si los hay, y haz que los revise un abogado inmobiliario para asegurar de que están en regla.
▪ Los estafadores a veces usan poderes notariales fraudulentos. Y si los ingresos se entregan a otra persona que no sea el adulto mayor, detén la transacción en seco.
▪ Si se presiona a la persona mayor para que haga las cosas rápido, no lo permita. Los estafadores suelen crear una sensación de urgencia, así que intenta desacelerar las cosas.
▪ Verifica la información de contacto en internet —nombres, números de teléfono, direcciones— para ver si alguien más puede haber sido estafado por el mismo delincuente. Las personas que han sido estafadas suelen publicar sus historias con la esperanza de evitar que otros pasen por lo mismo.
Mientras tanto, los profesionales inmobiliarios y afines que participen en el trato deben tomar nota de cualquier signo de deterioro cognitivo, confusión o falta de comprensión por parte de la persona mayor. Y si el adulto mayor está acompañado por una tercera persona dominante sin función aparente en la transacción, el profesional debería pedirle al anciano que consulte con un familiar o amigo, o incluso hacer una llamada él mismo.
Dice Weintraub: “No podemos quedarnos de brazos cruzados y ser parte del problema”.
Lew Sichelman lleva más de 50 años cubriendo el sector inmobiliario. Es colaborador habitual de numerosas revistas inmobiliarias y publicaciones del sector de la vivienda y las finanzas. Los lectores pueden ponerse en contacto con él en lsichelman@aol.com.