Finanzas

Los seguros y el peso de su deuda sobre la propiedad

Yo bien sé lo que dicen los médicos, lo que afirma mi amiga argentina Vilma Muises, lo repite Olga, nuestra vecina, quien es puertorriqueña y cocina sanísimo y delicioso, y lo muestra además cuanta revista, periódico o magazine abro para leer. Pero quien niegue que unas masas de cerdo fritas, con una fuente de arroz blanco, desgranado, y brillado con un cucharón rebosante de manteca de cerdo por encima (como lo hacía mi mamá, cuando ya lo iba a servir); acompañadas de plátanos maduros fritos o tostones –que para gustos se han hecho colores–, y una olla de potaje de frijoles negros –como aquellos que mi viejita cocinaba–, no complace más a una familia caribeña que enfrentarse a una pechuga de pollo hervida, con guarnición de brócoli y zanahorias, no conoce lo que es comer sabroso, ni conoce la cocina caribeña.

Aclaro que dije “comer sabroso”, y en ningún momento dije: comer sano. El problema es que lo uno, raramente va con lo otro. Al igual que ir de vacaciones y descansar, o llevar la novia al cine y ver la película íntegramente. Con los seguros y los inmuebles pasa lo mismo: Todos queremos pagar el mínimo y contar con la mejor cobertura; pero con respecto a esta justificada aspiración humana, hay que decir como dice el dicho popular: “la lista no va con el billete.”

Si en un país del mundo se recibe en concordancia directa a lo que se paga, es acá, en Estados Unidos. Prueba de ello es que, comentando, le dije a un vecino el importe de mi factura anual por el seguro de mi casa. Se escandalizó. Llamó de inmediato a un conocido común, el cual vive en nuestro vecindario, y tiene una casa idéntica a la mía, y le preguntó por el costo anual, del seguro inmobiliario de su propiedad. Al escuchar la respuesta que le daban se desesperó, y salió a buscar la información del seguro de su propiedad.

Mi vecino no entendía las diferencias existentes en los precios de nuestras pólizas de seguros, producto de que nuestras propiedades son exactas. Lo único diferente en la mía, es que el fondo de mi casa da al lago. Mucho me costó hacerle comprender que ni la parcela, sobre la cual está fabricada mi casa, ni el cuerpo de agua, que detrás de ella existe, son elementos que integran mi póliza, ya que es improbable que sufran daños severos o desaparezcan del sitio en que se encuentran.

Con tesón y paciencia le convencí de que, entre otras cosas, su factura era más alta que la mía, a pesar de contar ambas con el mismo deducible, puesto que yo solo pretendía reclamar, en caso de un desastre, el valor de reemplazo de mi propiedad; él, sin embargo, a exigencia del banco que busca protegerse en caso de desastres, tenía en su póliza reflejada una cifra de reclamación mucho mayor que la mía, para satisfacer una hipoteca existente en la propiedad.

Le dije, además, que cuando tuviese su casa libre de adeudos, podría cancelar el seguro, si así lo deseaba; pero yo no recomendaba que así lo hiciese.

¡Buen apetito, a la hora de almuerzo!

José A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.”

tony@ruanobrokers.com

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de octubre de 2014, 4:15 p. m. with the headline "Los seguros y el peso de su deuda sobre la propiedad."

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