Artista de Miami echa mano a la creatividad para llevar sus productos para el cabello a Walmart
La paz, el amor y la alegría son tres temas centrales en las obras de arte y la vida de Reyna Noriega, graduada de la secundaria Coral Reef en 2011 y vecina de South Beach.
Ya sea pasando tiempo con su padre cubano y su madre bahameña, sus tres hermanos o su perro schnauzer Pepper, la graduada de la Universidad Internacional de la Florida en 2015 se enorgullece de sus raíces en Miami y del linaje caribeño de su familia.
La última colaboración de la artista visual y emprendedora con la empresa de cuidado del cabello Goody es emblemática de ello. Para el proyecto, Reyna diseñó 60 accesorios para el cabello, como ligas, lazos y peines, que pueden encontrarse en unas 3,000 tiendas Walmart en todo el país. Su nombre completo figura en los envases, lo que facilita la identificación de su colección de productos en las tiendas.
Noriega, de 30 años, se tomó su tiempo para hablar de su herencia como afrocaribeña, de la importancia de la representación y de cómo equilibra sus habilidades creativas y su rutina como emprendedora.
¿Por qué era importante para usted como artista quedarse en Miami?
Habla de muchas cosas que me gustan. Soy una persona muy equilibrada y me gusta poder observar el caos desde la distancia. Me gusta la paz y vengo de una familia caribeña, así que me atraen la playa y el trópico. Siento que Miami tiene mucha diversidad y distintas zonas con sentimientos diferentes, y eso hace aflorar distintas facetas de mi creatividad.
He estado en otros lugares y me encantan. En Nueva York todo es muy rápido y te hace sentir muy ambicioso, pero no tenía la sensación de paz que me da el mar. Muchos de mis amigos del mundo del arte tienden a marcharse a Los Ángeles o Nueva York para buscar el éxito. Yo siempre quise triunfar aquí.
¿Cómo le ha llevado ser maestra de arte a su carrera como artista visual y emprendedora?
Era maestra sustituta y la administración de la Everglades Preparatory Academy sabía que me encantaba el arte, así que cuando la maestra de esa asignatura dimitió una semana antes que empezaran las clases, me pidieron que la sustituyera. Me gustó tanto que no acabaron contratando a nadie y me quedé. Puse en marcha un montón de clubes y fue muy divertido.
Aparte de eso, como artista, empecé a crear a través del lente de mis alumnos. Ellos creaban con más despreocupación y lo hacían por diversión, mientras que yo antes me presionaba mucho. Me permitía disfrutar haciendo arte y lo hacía para ellos. Todo lo que hacía les encantaba. Era como tener un público incorporado porque me animaban.
Traía a muchos de mis amigos que eran artistas a tiempo completo para que hablaran con mis alumnos. Era una escuela en la que muchos de mis alumnos procedían de familias de trabajadores inmigrantes, así que quería que supieran que la educación no era de talla única y que el éxito tampoco lo es. Si les gusta crear, si les gustan los deportes, todas estas cosas diferentes, hay una vía para que también salgan adelante. Así que para ayudarlos a tomarse en serio lo que les enseñaba, traía a mis amigos diseñadores y fotógrafos. Llegó un momento en que pensé que tenía que dar ejemplo y enseñárselo a mis alumnos.
¿En qué se diferencia emprender de tener un trabajo de 9 a 5?
Tuve que apostar de verdad por mí misma cuando trabajaba como independiente. Me fijé objetivos sobre cuántos clientes necesitaría para mantener mi estilo de vida y cuánto tendría que cobrar. Poco a poco, empecé a darme cuenta.
Cuando uno trabaja desde internet, necesita manejar el negocio hasta los planes de suscripción que va a necesitar para sus herramientas de diseño, hay que tomar todo eso en cuenta y ponerle precio. Eso me dio al menos un objetivo alcanzable. No estaba sin dirección, y cuando se es artista o emprendedor, puede haber mucha falta de dirección. La estructura me ayudó a llegar tan lejos porque aprendí de la enseñanza que hay un tiempo para hacer diferentes tareas, hay un tiempo para el tiempo libre y el tiempo de descanso. Estructurar así mis días me ayudó mucho a pasar al siguiente nivel.
¿Cómo surgió la colaboración con Goody?
Cuando desarrollé mi estilo artístico, básicamente surgió de mi intento de contar mi propia historia y de crear una representación de mí misma. Por aquel entonces, estaba decorando un apartamento e intenté comprar un montón de obras de arte. No había nada que se pareciera a mí. También quería dar un poco de color a mi espacio y crear un estilo colorido y con mucha representación de las mujeres de color. A partir de ahí, contar esa historia sistemáticamente en internet permitió que una comunidad de personas que buscaban eso me encontrara. Con el tiempo, seguí haciéndolo, seguí construyendo mi plataforma, y eso creó una vía para que estas grandes marcas me encontraran y trabajaran conmigo.
La forma en que uno se posiciona en internet indica a la gente dónde pueden usarte. Si uno no cuenta su historia, si no cuenta lo que le apasiona, puede ser difícil que lo sepan. A veces no van a encajar las piezas, así que uno tiene que mostrarles cuál es el valor y la perspectiva que aporta. En cuanto a la colaboración con Goody, fue una colaboración a largo plazo que tardó dos años en desarrollarse y que estará en las tiendas probablemente dos años más. Me dieron una voz para decir que, como artista, esto es lo que pienso, pero como mujer de color con el pelo rizado, estos son los productos que uso a diario. Estos son los productos que busco y que no encuentro, sobre todo si no se comercializan como lo hemos hecho nosotros.
¿Qué mensaje quiere que transmitan su arte y colaboraciones a la gente que las ve?
Pienso en mis alumnos que van a las tiendas y piensan: sí, tenía razón, es posible. Pienso en las niñas que usan los productos para el cabello, pero también en que piensan que pueden diseñar algo así. Que hay espacio para eso. Estamos ocupando un espacio real. No estamos metidos en un estante en alguna parte. Uno puede ocupar un espacio en una gran tienda minorista y se lo merece. Esa es la mayor enseñanza que quiero que se lleve la gente.
Cuando era pequeña, no me sentía lo bastante hispana o no encajaba en el molde porque no hablaba suficiente español o mi piel o mi pelo eran diferentes a los de la típica latina. A medida que fui creciendo, me di cuenta que vivir en Miami y tener mi origen caribeño y cubano y poder mezclarme con todos estos grupos era un privilegio. Intento usarlo para dar voz a los subrepresentados y elevarlos. La representación positiva y ocupar un espacio demuestra que uno tiene valor, que puede ocupar un espacio y que importa. No solo es válido un aspecto, una forma o un estilo. Todos merecemos que se nos celebre.