La educación y el acceso a la vivienda
Uno de los productos más caros que existen hoy día es el tiempo al aire en una emisora de radio o de televisión. Un minuto de transmisión radial o televisiva no se puede desperdiciar, y menos aún se puede permitir que se desvíe de la idea principal del tema a tratar, pues se pierde el mensaje, el tiempo dedicado y, por tanto, el capital empleado en ello.
En días pasados mi amiga Joly Coello, copresentadora en el noticierio del mediodía de Radio Caracol, solicitaba mi opinión acerca del encarecimiento de las propiedades inmobiliarias en el Condado Miami-Dade. Según había leído en el Miami Herald, actualmente las propiedades inmobiliarias triplican los precios, cuando se les compara a con los que tenían a finales del pasado siglo, a pesar de que, por el medio, se produjo una larga recesión en la economía nacional y de haber tenido la industria inmobiliaria una cruenta pérdida de liquidez.
Uno de los aspectos principales del tema era el referido a la correlación de la educación con la capacidad de compra, pues el trabajo del Herald aseveraba que, para cualquier graduado universitario, la espera para poder reunir los fondos necesarios para la compra de una casa sería menor de lo que era para aquellos carentes de estudios superiores.
Le explicaba a Joly que, aunque el artículo señalaba con puntualidad distintas opciones para las finanzas inmobiliarias, le faltaba haber señalado, en detalles, otra serie de planes que posibilitan comprar una vivienda a aquellos que no poseen un título universitario ni desean pasarse 20 años ahorrando para acumul;ar un 20% de entrada inicial. Hoy existen programas, a través del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD, en inglés), con apenas un 3% de entrada, en programas de la Administración Federal de Viviendas (FHA), y programas para préstamos convencionales con solo 5% de entrada inicial.
En cuanto al precio de las casas le relaté mi caso propio, que en 1988 compré mi primera casa en $78,000, con apenas un 3% de entrada y ganando, en aquel entonces, un aproximado de $27,000 entre mi esposa y yo.
Hoy, una casa similar a la que tuve entonces tiene un valor de $320,000, o sea, ha cuadruplicado su valor en aproximadamente 27 años. Pero al mismo tiempo, una pareja que desempeñe actualmente la labor que mi esposa y yo desempeñábamos entonces, debe ganar entre $90,000 y $110,000, o sea, aproximadamente cuatro veces más. Podemos decir entonces que no es que el valor de las propiedades haya aumentado en estas décadas, sino que el dólar ha registrado pérdida de valor.
Es cierto que carecer de educación superior en Estados Unidos constituye una limitación para las aspiraciones de los integrantes de este sector de la población, pero hay que recordar que las carreras tecnológicas están al alcance de todos, y que plomeros, electricistas, carpinteros, técnicos medios en computación, carreras médicas, etc., son muy solicitados y mejor pagados.
Conclusión: La capacitación nos hace relativamente más competentes.
José A. “Tony” Ruano
es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra,
venta y administración.”
tony@ruanobrokers.com
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de julio de 2015, 3:32 p. m. with the headline "La educación y el acceso a la vivienda."