En honor a un hombre que debí conocer mejor
Publicar una columna semanal por más de 20 años sobre un tema específico es tarea ardua. Aparte de amena, la misma debe ser interesante, para que los lectores regresen cada semana, así como debe contener material actualizado, informativo y didáctico para que sea válida, y eso es lo que he procurado hacer durante todo este tiempo. Al principio siempre existía un tema inmobiliario propicio, pero llegó el momento en que los inmuebles dejaron de sorprenderme, desde entonces, ocasionalmente, la sicología de masas auxilia en mi labor. He aquí un ejemplo:
Fue el pasado jueves 20 de agosto. Eran las dos de la tarde cuando, en compañía de mi esposa, entré a la iglesia “Our Lady of the Lakes”, en Miami Lakes. Íbamos a la celebración de la misa por el fallecimiento de nuestro vecino Kamil F. Pharaony.
Kamil había fallecido el martes 18 y había vivido, por más de 20 años, a solo dos puertas de mi casa. Su profesión, como agente comercial inmobiliario, nos vinculaba; pero más que ello fue su sencillez y su eterna sonrisa las que me identificaban con él. Asistió a algunas de mis exposiciones de arte, siempre acompañado por su flamante esposa Annie, y alguna que otra tarde intercambiamos saludos mientras él paseaba sus perros. Hasta ahí mi relación con Kamil.
Basado en que la mayoría de la familia de Kamil no reside en Estados Unidos, que era un día laboral y que los servicios se celebraban a las dos de la tarde, consideré que íbamos a ser unos pocos en el lugar. Craso error el mío. Cual domingo de Pascuas se mostraba la iglesia. Solo unos pocos asientos habían disponibles. En lo alto la imagen de Jesús crucificado, al pie del púlpito la foto de Kamil, junto a un ramo de rosas blancas, presidían la ceremonia. El silencio era impresionante.
Durante la homilía el sacerdote habló sobre Kamil. Dijo que fue un ciudadano ejemplar, de lo cual yo no tenía dudas, que fue un gran devoto y un vehemente servidor de la iglesia; pero sobre todo, que fue un excepcional ser humano, siempre dispuesto a servir a quien lo necesitase. Habló mucho sobre Kamil, tanto como se puede hablarse sobre un hombre de gran trayectoria y rica historia.
Dijo que Kamil había nacido en Egipto, en 1941, que había vivido en Inglaterra, Francia, Holanda, Suiza, Irán y Estados Unidos, que dominaba con fluidez siete idiomas y que con él solía practicar el francés, pero que por sobre todas las cosas Kamil había sido todo un caballero, siempre dispuesto a ayudar al prójimo. La aflicción era contagiosa. Su esposa, sus hijos, sus nietos, el público en general estaban conmovidos. Cuando la voz del sacerdote se crispaba, se entrecortaba, se desvanecía, producto de la emoción, el silencio que le sucedía era total.
Y hoy me pregunto: ¿Por qué tenemos que esperar estos momentos para conocernos mejor? ¿Por qué nos dejamos absorber por la vorágine diaria y no compartimos más con quienes nos rodean? ¿Acaso no podemos escapar de esta conducta social, egoísta e individualista, en la cual vivimos, para juntos formar una mejor sociedad?
¡Descansa en paz, Kamil!
J.A. “Tony” Ruano
es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra,
venta y administración.”
tony@ruanobrokers.com
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de agosto de 2015, 4:55 p. m. with the headline "En honor a un hombre que debí conocer mejor."