No se deje atropellar y haga valer sus derechos
Mantener el orden lógico y estratégico en el crecimiento de la construcción en una ciudad no es tarea fácil. La única opción para ello es aplicar las ordenanzas que controlan la zonificación, pues estas son las que fijan los parámetros establecidos para obtener un equilibrio racional en el desarrollo urbano que cumpla con los requisitos establecidos, de manera funcional y sin entorpecer el desenvolvimiento de la vida diaria.
Los encargados de chequear que sean cumplidas las medidas que dictan las municipalidades, para logar estos fines, son los inspectores municipales. Los mismos son los encargados de inspeccionar los sitios de construcción e impartir las indicaciones necesarias para que los trabajos se realicen de acuerdo con las normas establecidas por la municipalidad correspondiente, y eso está muy bien; ¿pero que sucede cuando los inspectores son negligentes o abusan de su posición de trabajo?
El domingo me tropecé con el antiguo dueño de un restaurante que visitaba con frecuencia años atrás. El negocio que corría este señor tenía muy buena ubicación, siempre lo mantenía limpio, el trato al público era excelente y, sobre todo, la comida era magnífica. Era uno de esos sitios en los cuales uno podía ocupar una mesa, en una de las esquinas del local, a sabiendas que nadie iría a importunar. Era por ello lugar preferido de muchos de mis amigos para hacer almuerzos de negocio o celebrar reuniones familiares los fines de semana.
Por eso me asombró ver cerrado el local un día que me había citado allí con unos clientes para discutir los pormenores de la compra de un edificio de apartamentos. Me pareció increíble, pues era de mi conocimiento que allí se realizaban labores de remozamiento y que el dueño del restaurante se hallaba negociando la extensión del contrato de arrendamiento que detentaba. Viví el enigma hasta hace pocos días, en que como referí, me tropecé nuevamente con el antiguo dueño del restaurante.
“Yo no quería cerrar”, me dijo, “pero los inspectores de la ciudad me hicieron perder el negocio y casi todos mis ahorros. En cada nueva visita cambiaban lo que habían ordenado previamente. Era lo de nunca acabar. Me cansé y cerré. A ellos les debo la pérdida de mi negocio.
El comentario no me fue extraño, pues me tocó sufrir algo similar durante la apertura de una de mis oficinas. La única diferencia fue que yo decidí llevar el asunto hasta las últimas consecuencias y no permití el abuso.
Resulta conveniente saber que en este país existen canales legales para detener a los abusadores y a los endiosados, y a quienes se consideren omnipotentes y todopoderosos; que existen leyes que defienden los derechos de los seres humanos contra los inconscientes y los indiferentes.
Hay a quienes ni se les permite opinar en sus casas y cuando logran ocupar un cargo o una posición de poder, saltan a la calle dispuestos a atropellar a los otros para despejar su nulidad. Simplemente, no se deje atropellar por nadie. Si usted considera que alguien ha violando sus derechos ciudadanos hágase asesorar, de inmediato, por un abogado competente.
J.A. “Tony” Ruano
es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra,
venta y administración.”
tony@ruanobrokers.com
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de septiembre de 2015 a las 3:49 p. m. con el titular "No se deje atropellar y haga valer sus derechos."