¡Libérese de la deuda de las tarjetas de crédito!
El precio que Lisa tuvo que pagar para poder dormir mejor por la noche fue de $40,000. Esa era la suma a la que ascendían las deudas de su tarjeta de crédito. Sin embargo, no fue sencillo lograr que tomara las difíciles medidas necesarias para disminuir sus deudas. Por ejemplo, dejar de comprar las cosas que le encantaba obsequiarle a su adorada nieta.
Tras muchos años de gastos generosos y gratificantes, sus deudas habían ascendido a un monto intimidante. Lisa cumplía con el pago mínimo todos los meses; sin embargo, no parecía tener ningún efecto sobre el saldo pendiente. A sus cincuenta y tantos años, Lisa sentía que tenía que hacer algo para resolverlo, pero no sabía bien qué.
Intentó pedir ayuda. Las primeras llamadas telefónicas que realizó fueron infructuosas. Algunos asesores financieros intentaron venderle productos, pero nunca le devolvían sus llamadas después de que les consultaba por los problemas que tenía con las deudas.
Agobiada por esta carga emocional que padecía todos los meses, Lisa dio con Andrew Feldman, un especialista en planificación financiera.
Feldman se sentó con Lisa. Ambos cuantificaron la situación. Al sumar todos los saldos pendientes, llegaron a la conclusión de que las deudas de tarjeta de crédito ascendían a $40,000, con una tasa de interés anual del 15%.
Lisa y su asesor elaboraron un plan de acción para evitar que siguiera acumulando deudas y que comenzara a cancelarlas. El primer paso fue llamar a los emisores de sus tarjetas de crédito para solicitarles que redujeran la tasa de interés. Si bien se rehusaron a hacerlo, valió la pena el esfuerzo.
Feldman le pidió que fuera incrementando de a poco el pago mínimo mensual, para empezar, en unos $50 y luego cada vez más. Con un pago no mucho más elevado que los intereses, desembarazarse de sus deudas le iba a llevar siglos. A partir de ese pago inicial de $50, fue adquiriendo el hábito de hacer frente a sus deudas y los sucesivos pagos mínimos más elevados estaban diseñados para irlas cancelando paulatinamente.
Feldman le sugirió formas de ajustar su estilo de vida: no más regalos costosos para su nieta, no tantas cenas en restaurantes y no más cheques para instituciones de beneficencia. Con un trabajo bien remunerado, un estilo de vida holgado y su naturaleza generosa, a Lisa no le fascinó la idea. Se resistió a algunas de sus sugerencias, en especial, cuando se trataba de su nieta.
El asesor logró que cambiara de opinión al explicarle que su situación podía empeorar aún más. “Tienes que hacer un plan por si llegas a perder tu empleo”, le dijo Feldman. Para motivarla, le mostró los beneficios de ir aumentando el importe de los pagos.
Entonces, en lugar de comprar obsequios, Lisa llevó a su nieta al zoológico. Empezó a donar tiempo, en lugar de dinero, a la institución de beneficencia con la que contribuía, trabajando como voluntaria en un refugio para animales.
Tomar estas medidas y observar los resultados fue una gran motivación para ella. Cuanto más bajaba su saldo pendiente, más segura se sentía.
Mantener esta disciplina no le resultó fácil, pero no estaba sola. Su asesor le recordaba continuamente que había una luz al final del camino, sobre todo, cuando surgía algún contratiempo financiero. Lisa tuvo un accidente con su automóvil que le costó miles de dólares. Fue un retroceso frustrante, pero retomó el pago de sus deudas tan pronto como pudo.
A veces, las personas necesitan estar atadas de pies y manos, afirmó Feldman.
Esto sucedió hace casi tres años. Lisa realizó su último pago este año. Feldman la llamó para felicitarla por semejante logro y le dijo, en tono de broma, “No volvamos a caer en esto”. Ella estuvo de acuerdo de inmediato.
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Esta historia fue publicada originalmente el 1 de noviembre de 2015, 4:57 p. m. with the headline "¡Libérese de la deuda de las tarjetas de crédito!."