Finanzas

Le deseo suerte si va a estacionar en un comercio atestado

Llegaron los días de más congestión de tránsito en calles y autopistas, y de mayor aglomeración de vehículos en centros comerciales. Y es lógico pues todos quieren comprar sus regalos y quienes disponen de tiempo compran temprano, para no ser sorprendidos, a última hora, por la urgencia de “aquel regalito”.

Con emociones ardientes y presupuestos apretados, los compradores se lanzan a la calle y lo invaden todo, pero lastimosamente, la mayoría de los centros comerciales no cuentan con el estacionamiento necesario para la oleada de consumidores que asiste a ellos en días festivos, y ahí precisamente es que comienzan los problemas.

Para encontrar un espacio donde estacionar el vehículo, en un estacionamiento abarrotado, las mujeres son indiscutiblemente las mejores. Dan vueltas, vueltas y más vueltas hasta que adivinan a aquel que se marcha. Más que suerte yo diría que es un instinto desarrollado en potencia, pero sea lo que sea lo logran, y muy bien, por cierto.

Desde luego, hay que exceptuar a aquellas féminas que ignorando a quien espera para estacionar en un sitio que va a quedar libre, con indicadores en activo señalando que va a ocupar el espacio, llegan y se cuelan por el poder de sus faldas. Pero siempre es bueno recordar que aquello que suele perdonársele a una mujer, es muy probable que no le sea perdonado a un hombre, y más en esta ciudad, en la que a diario se pierde más la paciencia para tolerar a individuos irrespetuosos, impertinentes y abusivos.

El pasado sábado sufrí un incidente de esta índole. Estacioné mi auto en un espacio para discapacitados, debido a una lesión temporal en mi espalda. Colgué el señalamiento azul en el retrovisor. Abandoné a duras penas el vehículo y con paso cansino, apoyándome en un bastón, fui a buscar unos libros a la librería de mi buen amigo Eduardo Durán. De regreso a mi auto, para sorpresa mía, me encontré con que mi automóvil estaba bloqueado. Un moderno Honda gris, impedía todo movimiento.

Llevaba urgencia. Necesitaba descanso, tomar una medicina para aliviar el dolor y satisfacer una necesidad corporal; pero el dueño del Honda gris no aparecía. Visité varios comercios y tras diez largos minutos por fin le hallé. El corpulento joven hacía, sin prisa alguna, compras en una mueblería. Le solicité que moviese su auto y me dijo que me esperase unos minutos. Le dije que estaba muy apurado y me respondió, en forma descompuesta, que me esperase. Ahí no pude más y le reclamé que aparte de ser desconsiderado y de saber que estaba violando la ley, se permitía el lujo de molestarse.

El y otro secuaz procuraron intimidarme y hasta dijeron: “¡Si no fuese un viejo!...” Intrigado les pregunté: “¿Me gustaría saber qué me harían si yo no fuese un viejo?, Nada te haría, viejo. Nada te haría”, respondió, refunfuñando, mientras entraba al Honda gris para marcharse.

Hoy reflexiono: Si a mí, que soy de naturaleza pausada y tolerante me llevaron a ese extremo, que hubiese sucedido con alguien de carácter explosivo, en este pueblo en que cualquiera porta un arma.

Conclusión: Respete para que le respeten. Recuerde que sus derechos terminan donde comienzan los ajenos.

José A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces: Manual

práctico de compra, venta y administración.”

tony@ruanobrokers.com

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