No siempre es mejor allá, donde el vecino
Un sueño que comparte la mayoría las personas que conozco y se acercan a la edad del retiro es vivir sus últimos años en una ciudad que les permita seguir sus rutinas diarias con facilidad, sin prisas, en un ambiente sano, relajado y civilizado. Se escucha lindo, ¿no cree?
El asunto es que “del dicho al hecho va mucho trecho”, y ni existe el paraíso en la tierra –al menos que yo conozca–, ni aguacate sin semilla. Es probable que algún día ese deseo sea una realidad, pero cuando eso suceda –si es que sucede– ya habrá desaparecido hasta el eco de mis grabaciones.
Si está buscando un cambio de ambiente para vivir sus “años dorados” piense ante todo si podrá adaptarse al nuevo sitio que ha escogido, no sea que luego de unos meses de consolidar sus sueños y en pleno disfrute de lo deseado, comprenda usted que todo ha sido una gran ilusión y que su paraíso radica en el sitio que dejó atrás.
Hace apenas cuatro años unos amigos consideraron que su felicidad, luego de haberse jubilado, radicaba en regresar a su país de origen, para vivir rodeados de familiares y antiguas amistades mientras disfrutaban del ambiente, la cocina y la cultura de sus ancestros. Vendieron todas sus pertenencias y volaron a su ciudad natal, donde un familiar les había hecho las diligencias para comprar una casa, en una bella parcela sembrada de árboles frutales.
Al principio todo bien. A poco comprendieron que varios familiares y amigos ya no estaban, y quienes quedaban pensaban diferente a ellos; y que hasta la holgura económica que ellos disfrutaban –al recibir puntualmente y en dólares su jubilación– se había convertido en un valladar social.
El enfrentamiento a tradiciones y costumbres no se hizo esperar; durante la ausencia ellos habían evolucionado. Luego descubrieron que su familiar les había estafado con la compra de la casa, y para culminar, fueron víctimas de un asalto con agravantes. Regresaron a Estados Unidos aún con secuelas del salvaje asalto, sin capital y desmoralizados.
Sus hijos les recibieron en su casa y les cuidaron. Hicieron nuevas amistades y se ajustaron rápidamente, pero pronto consideraron que su estancia interfería con la vida de sus muchachos, y que la ciudad estaba llena de ruidos y peligros. Buscando el Paraíso se mudaron a Port Saint Lucie, en la Florida.
En Port Saint Lucie reina la paz. Conducir un auto es un placer, pero los servicios médicos no son iguales, ni en los mercados hay todo lo deseado. A las diez de la noche los comercios cierran, incluyendo los restaurantes. Es otra cultura. Respondiendo al ruego de sus hijos, mis amigos han decidido regresar a Miami y yo los felicito por tener hijos bondadosos, humanitarios y de tan gran corazón, a quienes (sin conocerlos), admiro.
Conclusión: “La vaca siempre ve la hierba más verde en la otra orilla”. No sea como la vaca, analice detenidamente cada movida.
J.A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.”
tony@ruanobrokers.com
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de diciembre de 2015, 4:57 p. m. with the headline "No siempre es mejor allá, donde el vecino."