Finanzas

El desalojo, una escena verdaderamente dantesca

Una de las más traumáticas y desagradables experiencias que puede experimentar un ser humano es un desalojo. Es doloroso ver cómo las familias son expulsadas de lo que hasta hace poco consideraban su hogar, hacia un destino incierto, en ocasiones acompañadas de niños, ancianos y enfermos.

Como profesional de la industria inmobiliaria, por más de 25 años, he presenciado algunos desalojos, y la verdad es que aún no me acostumbro a ello. Cuando llega el Sheriff, llama a la puerta y nadie responde al llamado, a una orden suya, los ayudantes comienzan por derribar la puerta del domicilio –si el casero no provee, de inmediato, una llave que permita el acceso al interior del inmueble. Lo que sigue es vejaminoso, dantesco: si algún inquilino se encuentra dentro de la vivienda será obligado a salir de inmediato, y todas las pertenencias de los inquilinos desalojados, incluidos muebles y artículos personales, serán sacadas o lanzadas fuera del lugar, amontonándolas unas sobre otras, en el estacionamiento o sobre el césped. Luego de que el Sheriff termine su función y se vaya, todo aquello se considerará pertenencia abandonada, si su propietario no está presente para reclamarla, y es entonces que vecinos y curiosos proceden a apoderarse de todo lo que les conviene, sin miramientos, ni tener que dar cuenta a nadie por sus hechos. Parece irreal, mas es cierto.

La mejor forma de evitar un desalojo es mantener al corriente el pago del alquiler de la propiedad. Aunque no es solo esta acción la que garantiza evitar ser desalojado de una propiedad.

El incumplimiento de los acuerdos de renta puede ser otro elemento que dispare el evento. Por ejemplo: tener animales en la propiedad sin haber obtenido un permiso específico del propietario de la misma para hacerlo; realizar reparaciones no autorizadas a la propiedad; reparar o dar mantenimiento a autos dentro de los límites de la propiedad sin un permiso expreso para ello, ofrecer frecuentes fiestas o reuniones en la propiedad con música alta y contraviniendo reglas establecidas, crear problemas con otros inquilinos y/o cualquier otro asunto que pueda perturbar la paz o el modus vivendi del inmueble.

Algunos inquilinos se quejan, pero rentar o alquilar un inmueble significa pasar a ocupar un espacio que se necesita y no se puede comprar en esos precisos momentos, con todos los derechos y deberes que detenta su propietario, y por eso precisamente debe cuidarse el garantizar su estancia en el mismo, mientras se desee.

Abusos siempre se registrarán, tanto por parte del inquilino como por parte de los propietarios. El asunto es cómo manejarlos. Las actividades de los inquilinos están reguladas por el acuerdo de renta y los derechos que ofrece la ley a los dueños, pero los inquilinos también tienen derechos, en ocasiones más convincentes que los que asisten a los dueños, los cuales ejercen en los tribunales de justicia, aunque siempre recomiendo evitar las confrontaciones, a uno y otro bando.

Resumiendo: les sugiero a todos que practiquen la máxima de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

J.A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.”

tony@ruanobrokers.com

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de enero de 2016, 4:02 p. m. with the headline "El desalojo, una escena verdaderamente dantesca."

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