Finanzas

La renta, los dueños y los inquilinos morosos

Sucede que cuando alguien considera que posee mayores derechos que uno de sus semejantes, acontece un desastre.

En días pasados fui invitado a participar en un programa televisivo, para conversar acerca el aumento de la renta en la ciudad. Mis compañeros del panel eran: un joven periodista, un estilista (ambos con apenas tres años en este país), una cantante y una sicóloga. Todos ellos muy amables, gentiles y deseosos de compartir sus experiencias con la teleaudiencia.

La presentadora inició el programa hablando sobre el trato al público en el aeropuerto de La Habana y la diferencias existentes con el trato a los usuarios en otros aeropuertos internacionales, incluido el de Miami. Momentáneamente me sentí como peje fuera del agua, pero la conversación que allí se suscitó me permitió ubicar, en tiempo, espacio e intereses, a quienes me acompañaban esa tarde.

Los 15 quince minutos los empleé en obtener conocimiento acerca de la realidad actual en un aeropuerto cubano –en este caso el José Martí, en La Habana– y el trato que reciben los visitantes en el mismo, ya que desde mi partida no he regresado a la isla esclavizada. Fue en verdad una gran experiencia, pues escuché y vi situaciones alucinantes (tomadas por video en un teléfono), que jamás hubiese podido imaginar.

En lo adelante pasamos a conversar acerca del aumento del alquiler en la ciudad y las posibilidades concretas de que los precios se pudiesen ajustar, en un futuro cercano, para hacer posible que las personas con menos ingresos no tuviesen que abandonar la ciudad tal como lo han venido haciendo, al verse imposibilitadas de pagar las altas cuotas.

Se habló sobre daños colaterales a la educación de los niños y hasta de los desajustes emocionales que producen las reubicaciones en los jóvenes; sin dejar a un lado el inconveniente que representa encontrar nuevos empleos, para quienes se alejan.

La discusión llegó a punto tal que la moderadora me preguntó si era posible implantar en la ciudad un control a la renta, parecido al que se estableció en la ciudad de Nueva York a consecuencia de la Gran Depresión, a lo cual respondí que no lo consideraba probable, puesto que las condiciones no eran las mismas y que una medida semejante atentaría directamente con la política de libre mercado que rige nuestro país, entonces, sonó el bombazo:

“Me han dicho que hay familias que se han presentado en la corte, a quienes les han permitido vivir hasta seis meses gratis, por tener hijos pequeños”, dijo uno de los panelistas. “Hay quienes viven el fondo y siguen viviendo gratis un par de meses más, mientras los sacan”, dijo otro panelista. La moderadora me preguntó si eso era posible. “Posible es, respondí, pero no es tan fácil como parece. Hoy día los jueces han aprendido el truco de esos aparentes padres sin recursos y no se muestran tan magnánimos como antes. Además, el depósito de fondo no es para vivirlo, si no, para responder a daños ocasionados a la propiedad y cualquiera que intente hacerlo puede ser desahuciado”.

Vivimos bajo un estado de derechos: Si el inquilino cree tener derechos, el dueño del inmueble los tiene también.

  Comentarios