Los centros comerciales languidecen en la era de la internet
Cierra Dorsey tiene “buenos recuerdos” del centro comercial donde paseaba en su adolescencia, pero ahora prefiere, como muchos otros, hacer sus compras en otro lugar. El tradicional shopping mall, símbolo del consumismo en los 60, ya no está de moda.
El centro comercial estadounidense: una especie en extinción o Ascenso y declive del shopping mall, titulares como este evocan cada vez más la decadencia de las ciudadelas comerciales que triunfaron hace medio siglo en Estados Unidos.
“La primera vez que mi madre me dejó salir sola, fue para ir al mall”, recuerda con un toque de nostalgia Dorsey, de 27 años, vendedora en una tienda de productos naturales en Fairfax, cerca de Washington.
El centro comercial tradicional, con largos corredores en cruz y en dos niveles, hogar de las grandes marcas bajo un mismo techo, se marchita.
“Ninguno ha sido construido desde el 2009”, dice David Roelfs, sociólogo de la universidad de Louisville, Kentucky, experto en estas infraestructuras.
Según el New York Times, citando al grupo especializado CoStar Group, si 80% de los 1,200 malls cubiertos existentes son rentables, 20% batallan por mantener el vuelo, frente al 6% en el 2006.
El volumen del comercio online, aunque representa el 6.6% de las ventas al detalle en el 2014, puede ser una explicación de este fenómeno.
El envejecimiento de los edificios o simplemente la multiplicación de la oferta pueden ser otros factores, estiman los expertos.
Además de un nuevo deseo: “El comercio al por menor vuelve a las calles, donde están sus raíces”, según David Dochter, un desarrollador inmobiliario especializado en proyectos comerciales.
Heredero del bazar y los pasajes comerciales, el shopping mall de suelos brillantes, fuentes, plantas, escaparates de marcas y cadenas de restaurantes, rodeado de estacionamientos gigantes, era desde la década de 1960 el símbolo del sueño americano y de su apetito consumista.
Las décadas de “1950 y 1960 estaban impregnados del deseo de ser modernos, y la modernidad de estos centros comerciales les permitió ser preferidos antes de los centros de las ciudades y los centros comerciales al aire libre”, dice Roelfs.
La construcción de autopistas, el reino del automóvil, el éxodo de las familias hacia los suburbios, llegaron al mismo tiempo.
El primer centro comercial cubierto, el Southdale Center, todavía en funcionamiento, fue abierto en Minnesota en 1956. Después 1,500 más fueron construidos.
Inventados por un arquitecto austríaco con ideas socialistas, Víctor Gruen, el mall estaba pensado como un espacio social que recrea la diversidad del centro de la ciudad, recuerda Roelfs.
“Pero rápidamente se convirtieron sobre todo en un lugar de consumo”, señaló el sociólogo. La excepción son los adolescentes que siguen yendo a estos lugares para matar el tiempo con sus amigos.
La cultura popular y el cine los evocan a menudo. En las películas Back to the Future, el personaje Doc prueba su vehículo en el estacionamiento de un centro comercial, en Terminator buscan a un adolescente y en Blue Brothers lo atraviesan en un auto.
Pero su declive y muerte también son documentadas por los nostálgicos de la página de internet deadmalls.com.
“No es que el consumo desciende”, explica el sociólogo George Ritzer, autor de un libro sobre lo que él denomina “las catedrales del consumo”.
“Al contrario, el consumo aumenta, pero consumimos diferente, en otros lugares. Los malls están convirtiéndose en complejos de entretenimiento”.
Ese es el proyecto de David Dochter, director de Cushman y Wakefield, con el nuevo “CityCenterDC”, una mezcla de tiendas, departamentos, oficinas, teatros y cines en el centro de Washington.
Los jóvenes, que tiene “un rol principal”, “quieren un ambiente social en el cual puedan hacer compras. Quieren pasar un momento particular, no sólo comprar un producto”, comenta Dochter, quien estima que los centros comerciales cubiertos todavía tienen futuro, pero solo los más competitivos.
Reed Kracke, que gestiona para la empresa Edens el desarrollo del centro “Mosaic” de Fairfax, lanzó un proyecto similar, recreando todos los elementos del centro de una ciudad en 20 hectáreas, con una plaza, un mercado semanal, tiendas en la calle, una pantalla gigante y espectáculos para los niños.
“Aquí, no hay una atmósfera trepidante como en un centro comercial lleno”, comenta, estimando que la tendencia apunta a este “tipo de ambiente”.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de febrero de 2015, 5:52 p. m. with the headline "Los centros comerciales languidecen en la era de la internet."