Carrie Meek, legisladora pionera de Miami y defensora de las comunidades afroamericanas, muere a los 95 años
La ex legisladora federal Carrie Pittman Meek, la primera persona afroamericana en representar a la Florida en el Congreso desde la Reconstrucción tras la Guerra Civil y una férrea activista a favor de las comunidades afrodescendientes del sur de la Florida, los inmigrantes haitianos y los trabajadores pobres, falleció el domingo en su casa de Miami tras una larga enfermedad, informó su familia. Tenía 95 años.
Meek, dijo su hija Lucia Davis-Raiforde, tenía la “necesidad de asegurar que su gente, sin importar en qué parte de la diáspora africana se encontrara, se beneficiara de las ventajas que ofrecía estar en Estados Unidos”.
Nieta de esclavos, Meek fue representante estatal de la Florida, senadora estatal y más tarde la eligieron representante federal 1992, a los 66 años. Ganó la nominación por el Partido Demócrata y se postuló sin oposición en las elecciones generales, ganando en uno de los tres distritos de mayoría afroamericana de la Florida que fueron reasignados en ese entonces.
Nunca perdió una reelección a la Cámara de Representantes federal antes de retirarse en 2002 para dedicar su tiempo, energía e influencia a la fundación de Miami que lleva su nombre.
El incansable servicio de Meek y su activismo incendiario giraron a menudo en torno a las desigualdades que vivió y presenció como mujer negra que creció en una Florida segregada, y como adulta en Liberty City, ciudad predominantemente afroamericana, durante los disturbios de 1980 que siguieron a la absolución de cuatro policías blancos por el asesinato de Arthur McDuffie, un vendedor de seguros negro.
Meek se pronunció contra la discriminación de los afrocubanos por parte del gobierno comunista de Cuba, viajó a Ghana para celebrar la independencia del país y abogó por la residencia en Estados Unidos de los inmigrantes haitianos, que constituían una parte considerable de su distrito del norte de Miami-Dade.
Gepsie Metellus, fundadora del Sant La Haitian Neighborhood Center, dijo el domingo que el fallecimiento de Meek es como un árbol sagrado que ha caído.
“Es alguien cuyo legado tiene un gran alcance. No solo en las comunidades afroamericanas o haitianas. Sino en las comunidades de color de todo Estados Unidos”, dijo Metellus. “Su historia es ese ejemplo inspirador que resistirá la prueba del tiempo”.
Meek, dijo, era una persona que trabajaba duro y estaba dedicada y comprometida con sus causas. No solo creía en disfrutar del éxito para sí misma, sino para las comunidades a las que servía.
“Fue una de las primeras defensoras de los derechos de los haitianos en esta comunidad, una de las primeras voces que se alzaron no solo en el Congreso, sino en la Legislatura del Estado, defendiendo el apoyo a los refugiados haitianos en esta comunidad, la necesidad de educación para los niños refugiados”, dijo Metellus. “Siempre fue esa voz que reclamaba a la Legislatura que hiciera más y cuando llegó al Congreso, lo siguió haciendo”.
Metellus recuerda cómo, tras una reunión con Meek en la que esta orientó a los activistas de la comunidad haitiana sobre la necesidad de un activismo de base y las palancas que debían mover, la comunidad se unió y fundó la Haitian-American Grassroots Coalition, un grupo paraguas que sirvió de columna vertebral del activismo por la situación de los refugiados haitianos en Estados Unidos.
“Acompañó a los refugiados haitianos en muchas luchas históricas”, dijo Metellus, “y ganamos muchas luchas históricas con ella”.
Entre esas luchas estaba la de garantizar que los solicitantes de asilo haitianos recibieran los mismos derechos legales que los inmigrantes centroamericanos, después de que se les dejara fuera de las protecciones de asilo, al patrocinar la Ley de Equidad en la Inmigración de los Refugiados Haitianos a mediados de los años 90. Unos 50,000 inmigrantes haitianos se beneficiaron de su legislación, que también contó con el apoyo de legisladores republicanos de la Florida, como el representante Lincoln Díaz-Balart y la senadora Connie Mack.
“Cuando participó en el pleno del Congreso para defender la Ley de Equidad Migratoria para los Refugiados Haitianos, no tuvo reparos en afirmar que los haitianos deberían haber sido incluidos en [la Ley de Ajuste Nicaragüense y Alivio Centroamericano] y muchos republicanos, incluido Díaz-Balart, se unieron a ella en su apoyo”, dijo Marleine Bastien, activista por los derechos de los haitianos y la inmigración.
Bastien llamó a Meek “una mentora, una campeona de los derechos humanos, un ícono mundial”.
“Pocas voces fueron tan fuertes, contundentes y compasivas en la defensa de la igualdad de trato para los haitianos”, dijo. “Hemos perdido a una gigante”.
Meses después de llegar al Capitolio, se enfrentó notablemente a la recuperación del huracán Andrew de principios de la década de 1990, que devastó gran parte del sur del Condado Miami-Dade. Como miembro del poderoso Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, Meek ayudó a conseguir $100 millones de ayuda para reconstruir Dade mientras se recuperaba de Andrew.
La ex representante federal Ileana Ros-Lehtinen, quien prestó servicio en el Senado de la Florida y en el Congreso de Estados Unidos con Meek, fue una de los varios republicanos del sur de la Florida con los que Meek entabló amistad y con los que trabajó en la legislación bipartidista durante su estancia en Washington.
“Carrie era una luchadora infatigable por la justicia y tuvimos la suerte de tenerla con nosotros durante tanto tiempo”, dijo Ros-Lehtinen al Herald en un comunicado el domingo por la noche. Dijo que se enteró de la noticia del fallecimiento de Meek a través de su hijo Kendrick, con quien dijo que estaba asociando para grabar un video de homenaje a Meek para que pudiera ser reproducido durante sus servicios.
“Me siento honrada de que haya querido que yo forme parte de ese testimonio. Carrie era única. Una verdadera luchadora. Una oradora con talento. Una influencia tremendamente positiva en nuestra comunidad”, añadió Ros-Lehtinen.
Hija de aparceros
Hija de Willie y Carrie Pittman, Meek nació el 29 de abril de 1926 en la segregada Tallahassee. Los padres de Meek eran aparceros. Su padre se convirtió más tarde en cuidador y su madre era lavandera y propietaria de una casa de huéspedes. Ambos la criaron durante la turbulenta época de Jim Crow y ella llegaría a romper muchas barreras raciales, de género y educativas para obtener una licenciatura en Biología y Educación Física en la Universidad A&M de Florida en 1946.
El hijo de Meek, el ex representante federal Kendrick Meek, quien la sucedió en la representación del entonces Distrito Congresional 17 de la Florida, recordó en una entrevista de archivo de 2019 en la Cámara de Representantes de Estados Unidos el impacto de la primera infancia de su madre en su vida.
Contaba la historia de cuando era una Girl Scout y horneaba brownies con su tropa para repartirlos a los legisladores estatales, pero les impidieron entrar en el Capitolio porque era afroamericana. No podía pasar por la acera y el sargento de armas recogía los brownies de las niñas exploradoras afroamericanas, mientras las integrantes blancas de la tropa pasaban por delante de ellas para entrar en el Capitolio, el mismo edificio por el que más tarde sería la primera senadora estatal negra de la Florida.
“Compartió esas experiencias conmigo para asegurar que yo estuviera bien arraigado y entendiera la experiencia afroamericana en la Florida”, dijo Kendrick Meek en la entrevista de 2019. “Ella, de muchas maneras, fue capaz de usar esas experiencias para proporcionar un contexto a su trabajo como legisladora, y eso es lo que, creo, la convirtió en una poderosa generadora de cambios”.
Meek contó al Washington Post en una entrevista de 1992 que de niña no podía probarse zapatos en las tiendas porque era afroamericana. No había instalaciones recreativas decentes para los afrodescendientes. E incluso, aunque se destacó en deportes como el atletismo, no se le permitió cursar una maestría en su estado natal de la Florida después de graduarse en la Universidad A&M.
Fue a la Universidad de Michigan, donde obtuvo una maestría en Educación Física y Salud Pública dos años después.
Después de obtener su maestría, Meek pasó a ser educadora en diferentes instituciones de la Florida, como la Universidad Bethune-Cookman, la universidad históricamente afroamericana de Daytona Beach. Se convirtió en su primera entrenadora de baloncesto. Más tarde, se incorporó al Miami-Dade College, donde fue la primera profesora, decana adjunta y asistente del vicepresidente afroamericana de 1961 a 1979.
La presidenta del Miami-Dade College, Madeline Pumariega, dijo que la escuela lamenta la pérdida de su querido ícono, que elevó a la comunidad y a la nación, y agradece sus numerosas contribuciones.
“Fue una pionera legendaria que allanó el camino para que muchas mujeres y minorías lideraran y prestaran servicio a nivel estatal y nacional”, dijo Pumariega, y añadió que se celebrará un servicio conmemorativo en el Campus Norte a finales de esta semana.
Theo Karantsalis, de 60 años, quien trabajó durante mucho tiempo como bibliotecario y profesor en el Carrie P. Meek Entrepreneurial Education Center del Miami Dade Community College en Liberty City, destacó el legado de la legisladora en la escuela, donde hizo de la educación de los jóvenes de los barrios pobres una prioridad.
“Los estudiantes la veían como una mentora y una heroína, una que estaba lista para librar la buena batalla. Que Dios la tenga en su gloria”, dijo Karantsalis.
Meek tuvo tres hijos: Lucia Davis-Raiforde, Sheila Davis y Kendrick Meek. Sheila Davis la describió una vez al Washington Post de “divertida, cálida y amable”, pero también “muy dura”.
“Tenía que serlo”, dijo Davis.
Nunca se echó atrás en los debates
Meek era una demócrata sin complejos que se alineaba con su partido en la mayoría de las cuestiones liberales, pero a veces también se ponía del lado de los republicanos, como cuando se oponía a los recortes en las fuerzas armadas o a la normalización de las relaciones con Cuba. Y nunca rehuyó una confrontación sobre sus prioridades legislativas.
Durante su mandato en la Legislatura, Meek intensificó regularmente los debates en el pleno, amenazando en una ocasión con acampar en la puerta de un colega que se mostraba reacio a aumentar la financiación del Hospital Jackson Memorial.
Y si pensaba que había que acabar con un proyecto de ley en particular, ondeaba una bandera negra adornada con una calavera y huesos cruzados, declarando que la medida debía estar “muerta con bandera negra”, un término que ella popularizó.
Al igual que no importaba el tema sobre el que debatiera, tampoco importaba contra quién lo hiciera.
En 2002, mientras el entonces gobernador Jeb Bush hacía campaña en Miami con legisladores afroamericanos durante su campaña de reelección, Meek se enfrentó a él por la detención de 211 inmigrantes haitianos que habían llegado al sur de la Florida en una balsa en ese entonces. Calificó las detenciones de discriminatorias y pidió que Bush llamara a su hermano, el entonces presidente George Bush, y exigiera que los haitianos recibieran el mismo trato que los migrantes cubanos que pedían asilo.
Y en una ocasión, recién salida de su primera reelección en el Congreso, Meek provocó una enorme discusión en el pleno de la Cámara de Representantes cuando reprendió al entonces presidente de la Cámara, Newt Gingrich, por haber negociado supuestamente un acuerdo multimillonario para la publicación de un libro con una editorial que tenía un gran interés en la legislación sobre telecomunicaciones de la época. Meek dijo del dinero potencial que podía ganar Gingrich que “es un montón de polvo de donde vengo”.
El revuelo que provocó el discurso de Meek, que los republicanos borraron después en parte del acta del Congreso porque afirmaban que infringía las reglas del decoro, ocupó las portadas de The New York Times, el Washington Post y los telediarios. “Lo único que falta aquí arriba es mi bandera negra”, dijo al Herald sobre el episodio, con una amplia sonrisa.
Mientras estuvo en la Cámara, Meek centró su atención en cuestiones como el desarrollo económico, la sanidad, la educación y la vivienda. En su primer mandato en el Congreso, patrocinó y aprobó una medida que proporcionaba beneficios del Seguro Social a las niñeras y los jornaleros. Tras el huracán Andrew, también se unió a la lucha para reconstruir lo que había sido la base aérea de Homestead.
Meek también dirigió la legislación en el Congreso para mejorar el sistema de transporte de Miami-Dade, construir un nuevo centro de atención a la familia y a los niños en el norte de Miami-Dade y financiar programas avanzados de capacitación en aviación en el Miami-Dade Community College. En 2001, fundó la Carrie Meek Foundation para proporcionar a la comunidad de Miami-Dade los recursos, las oportunidades y los empleos que tanto necesitaba, y dirigió sus operaciones diarias hasta 2015, cuando dejó su puesto debido al deterioro de su salud.
En reconocimiento a su distinguida y pionera carrera, Meek fue galardonada con el título de doctora honoris causa en Derecho por la Universidad de Miami, Florida A&M, Barry University, Florida Atlantic University y Rollins College. Su nombre figura en varios edificios, como el James N. Eaton Sr. Southeastern Regional Black Archives Research Center and Museum de Florida A&M en Tallahassee, y la beca Outstanding Education Leadership Achievemen del Nova Southeastern College del Condado Broward, así como la NW 27 Boulevard en Miami.
Además de sus hijos y sus cónyuges, le sobreviven una gran cantidad de nietos, bisnietos, familiares y amigos. Los servicios se anunciarán más adelante.
El redactor del Miami Herald C. Isaiah Smalls II contribuyó a este artículo.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de noviembre de 2021, 2:11 p. m..