Armada con un MBA y obsesionada por un tío sin hogar, transforma la atención a los indigentes
Armada con un MBA de la Universidad de Harvard y obsesionada por un tío desamparado, está transformando la atención a los indigentes
Las noches en que se emitían Good Times y The Six Million Dollar Man eran especiales para Symeria Hudson mientras crecía en Huntsville, Alabama.
Ella y sus hermanos se reunían alrededor del televisor en pijama para ver sus programas favoritos, pero lo mejor de todo era que el tío Billy llamaba para hablar de sus últimas aventuras en California y de toda la gente emocionante que estaba conociendo.
Sin embargo, una noche, cuando tenía unos 12 años, encontró a su madre, Dorothy Ann Bland, llorando. Le preguntó por qué lloraba y la mujer le dijo que unos días antes se había enterado de que el tío Billy era en realidad un desamparado que vivía en las calles de Pasadena.
Hudson no sabía lo que significaba la palabra indigente. Le dijo a su madre que el tío Billy había tenido una casa con ellos en Alabama y que, aunque los miembros de la familia lo acogían de vez en cuando, la calle siempre llamaba y él volvía a marcharse.
El tío Billy, quien nació en 1949 y sufría una enfermedad mental, “nunca pudo recibir la ayuda que necesitaba”, dijo su sobrina, quien desde enero de 2019 es directora ejecutiva de la Alianza Chapman, que ofrece servicios integrales para la población sin hogar de Miami-Dade en sus sedes de Overtown y Homestead.
La Alianza se fundó en 1992, cuando el ahora difunto Alvah Chapman, presidente ejecutivo de Knight Ridder —entonces la empresa matriz del Miami Herald— desafió a la comunidad empresarial a abordar el problema de las personas sin hogar en Miami de forma integral. La Alianza abrió su Homeless Assistance Center en el centro de la ciudad en 1995.
Además de las 800 camas y las comidas que proporciona a los residentes en sus dos centros de asistencia en el downtown de Miami y Homestead, la Alianza Chapman les ofrece servicios psiquiátricos y médicos, asistencia en materia de vivienda y tutorías extraescolares, y ayuda a aportar estabilidad a las familias y los niños, que constituyen 44% de sus residentes.
En una innovación encabezada por Hudson, Chapman ofrece capacitación laboral para ayudar a sus residentes a lograr la autosuficiencia, de modo que puedan permitirse mantenerse fuera de las calles.
Hudson dice estar convencida de que si su tío Billy hubiera tenido acceso al tipo de servicios que ofrece la Alianza, no habría muerto a los 65 años. “Al final, lo sacamos de la calle”, dice, “pero fue demasiado tarde”.
MBA de Harvard
En lugar de los típicos antecedentes en organizaciones sin ánimo de lucro, Hudson aporta un MBA de la Universidad Harvard, más de dos décadas de trabajo en algunas de las mayores empresas del país y experiencia empresarial internacional.
Su último empleo antes de tomar el timón de ;a Alianza fue en la empresa londinense ConvaTec, una compañía de tecnología médica de $1,800 millones, donde ocupó el cargo de presidenta de franquicias globales e innovación y formó parte del equipo que llevó a ConvaTec a la mayor salida a bolsa de de una empresa sanitaria en Europa.
Aunque la misión de la Alianza es ayudar a las personas, Hudson dijo que debe funcionar como una empresa, y al aportar sus destrezas empresariales corporativas a la organización sin fines de lucro, puede ayudar a más personas.
“Su predecesor procedía del mundo de las organizaciones sin ánimo de lucro, pero queríamos dar un giro diferente”, dijo Allan Pekor, veterano miembro de la junta directiva de la Alianza Chapman. El comité de selección quedó “muy impresionado con sus entrevistas”, dijo Pekor, quien fue un alto ejecutivo de la empresa urbanizadora Lennar Corp. 29 años antes de su jubilación. “Quizá de forma instintiva se pueda identificar a un líder”, dijo.
Uno de los mayores retos de Hudson ha sido dirigir Chapman durante la pandemia, no solo para mantener a salvo al personal y los residentes, sino también para mantener la organización sobre una base financiera sólida, ya que la pandemia se llevó por delante su principal fuente de financiación.
Albergar y alimentar a un residente de Chapman cuesta $57 al día. Mantener a los usuarios durante un año después de su salida representa otra inversión de $726 por persona. Entre esos gastos está un kit de reubicación.
El Miami-Dade Homeless Trust, que administra la recaudación del 1% del impuesto sobre alimentos y bebidas del condado, proporciona 63% de la financiación de Chapman. “Las cosas empezaron a desacelerarse durante la pandemia y el Impuesto sobre Alimentos y Bebidas recibió un golpe importante”, dijo Hudson.
En respuesta, dijo, Hudson presupuestó de forma conservadora para el año fiscal 2020-21. Anticipando que las contribuciones privadas serían menores, ha trabajado estrechamente con los donantes corporativos para elaborar planes de donación más definidos en los que sus misiones y donaciones estén más alineadas.
No ha habido despidos durante la pandemia. “Todas las personas de Chapman son necesarias”, dijo Hudson, “pero hemos evaluado todos los gastos de las demás partidas”. Ayudó un préstamo de $1.2 millones del Programa de Protección de Nóminas respaldado por la SBA.
“Ha sido excepcional a la hora de enfrentar los retos de la pandemia”, dijo Pekor.
A lo largo de su carrera, Hudson se ha lanzado una y otra vez a nuevos retos, aunque ello haya supuesto aventurarse en aguas desconocidas.
“Siempre he tenido ese espíritu decidido: que podía hacerlo, viniera de donde viniera. Muchas veces tenía miedo, pero solo quería intentarlo”, admitió.
“Demostrar que es capaz, especialmente como mujer afroamericana, es un componente importante de su personalidad”, dijo Gary Hudson, su esposo.
Ascender en la escalera corporativa
Con cinco ofertas de empleo de grandes empresas cuando se graduó en la universidad, Hudson eligió la Ralston Purina porque le ofrecía la oportunidad de ser directora de cuentas a los 22 años.
Después de una temporada en Kraft Food, donde fue contadora senior, Hudson decidió que era hora de volver a estudiar, y entró en el programa de MBA de la Universidad de Harvard en 1995, cuando tenía 27 años.
“Fue un gran choque cultural”, dice Hudson, y un poco intimidante para alguien que había pasado su primera infancia en los proyectos para asistir a clases con los hijos de los fundadores de las principales empresas de Wall Street. “Tuve que recordarme a mí misma que yo también estaba allí por una razón”, dijo.
Cuando se acercaba su graduación en Harvard, tenía ofertas de tres empresas, y dos de los tres directores generales la llamaron personalmente. “Lo vi como una señal de que el trabajo duro estaba dando sus frutos”, dijo Hudson.
Su primera experiencia empresarial internacional fue cuando Mead Corp, empresa de Ohio que fabrica agendas, cuadernos y material educativo y de oficina, la envió a Asia durante tres semanas. Desde entonces ha visitado más de 100 países, tanto por negocios como de vacaciones.
Tras ocupar otros cargos en Mercadotecnia y Finanzas, decidió que era hora de hacer realidad su sueño de dirigir su propia empresa. Encontró una pequeña empresa en el sur de Chicago que quería comprar. “Todo el mundo decía que estaba loca y lo estaba. No funcionó”, dice Hudson. Después de dejar su empleo e invertir mucho tiempo en investigación y planificación,Hudson y el propietario no pudieron llegar a un acuerdo.
De repente, volvió al mercado laboral. Lo que no había previsto es que sería “muy difícil encontrar un empleo después del 11 de septiembre”, dijo Hudson. Finalmente, aterrizó en AON Worldwide en marzo de 2002 como vicepresidenta adjunta de Planificación y Análisis Empresarial.
Mientras estaba en AON, conoció a Gary, que trabajaba en otra división. “Se presentó y dijo que me había visto en la iglesia”, dijo Hudson.
Encuentro en el ascensor
La versión de la historia de Gary es más intrigante. Dijo que estaba en una actividad del Living Word Christian Center, una mega-iglesia de Chicago a la que ambos asistían, meditando sobre a quién le enviaría Dios para ser su esposa. “Todo el mundo estaba sentado y, al recorrer la sala, me di cuenta que había una persona de pie. Era Symeria, porque llegó tarde”, cuenta.
Pero no se conocieron entonces. Siguió viéndola en restaurantes y diferentes lugares de Chicago, pero no hablaron, hasta que un día ambos entraron en un ascensor que solo usaban los empleados de AON. Era la mujer de la iglesia, y ambos trabajaban en la misma empresa. Más tarde la llamó y la invitó a salir a comer sushi.
Se casaron en octubre de 2004 y acaban de celebrar su aniversario 17 de bodas. “Supimos enseguida que éramos el uno para el otro”, dijo Hudson.
Después que AON se redujera, ella se marchó y planeó tomarse un descanso durante un tiempo. A los treinta días de descanso, un reclutador la llamó para informarle de una “gran oportunidad” en el campo de la tecnología médica. Nunca había trabajado en tecnología médica, pero eso no la desanimó. Pasó los siguientes 12 años en cargos de cada vez mayor responsabilidad en Hospira (ahora Pfizer), Baxter International y, finalmente, ConvaTec.
“Vi en Symeria mucho talento, mucha ambición y un gran potencial sin explotar”, dice Ken Meyers, entonces director de Recursos Humanos de Hospira cuando conoció a Hudson. Más tarde se convirtió en su mentor y se ha mantenido en contacto con ella a través de todos sus movimientos profesionales, cambios personales y traslados geográficos.
La describe como una persona “muy inteligente”, segura de sus propias capacidades y que asume riesgos de forma calculada. “Es una persona muy reflexiva. Antes de asumir un riesgo, ya sea personal o profesional, piensa en todos los pros y los contras”, afirma. “Con el tiempo, ha desarrollado una intuición muy fuerte”.
Cuando un cazatalentos llamó por el empleo en ConvaTec, la pareja aprovechó la oportunidad porque hacía tiempo que soñaban con vivir en otro país. En marzo de 2016, fue a la sede de la empresa en el oeste de Londres.
A pesar de los éxitos de la pareja, ambos han conocido la adversidad y los desafíos.
Primeros años en la vivienda pública
Hudson pasó sus primeros años en una vivienda pública. Cuando la familia se mudó a una casa cuando ella estaba en la escuela primaria, se emocionó cuando descubrió que tenía ducha.
“Yo crecí en el barrio. Ella también, pero en un barrio un poco mejor”, dice Gary.
Cuando llegó el momento de pagar la matrícula de su primer año en la Universidad A&M de Alabama, una universidad históricamente afroamericana de Huntsville, su madre le dijo: “No tengo el dinero, tal vez el año próximo”. Hudson se enteró de la existencia de los préstamos y rápidamente solicitó uno.
“Cuando estaba en la escuela secundaria no conocía los préstamos ni las becas, y no recibí ayuda de ningún asesor”, dice Hudson.
Pero al final de su segundo semestre como estudiante de primer año, sus notas eran tan buenas que la universidad le ofreció una beca completa, dijo Hudson. Otra beca de una empresa de informática hizo que cuando se graduó en 1990 con una licenciatura en Finanzas, Contabilidad e Informática, no tuviera que pagar ni un centavo.
A pesar de su empleo de alto nivel en ConvaTec, “era difícil en Londres”, dice Hudson. “No había muchas mujeres ejecutivas ni muchas que se parecieran a mí”. Durante una junta de accionistas, a la que no asistió, se enteró más tarde que alguien había dicho: “Sabemos que ya tienes a una representante de minorías”.
Después de de jornadas de 14 horas y de trabajar los fines de semana durante la salida a bolsa Hudson necesitaba recargarse.
Un año en el sur de Florida
Se tomó un año de vacaciones, y Hudson y su marido viajaron al desierto del Sahara, Singapur, Tailandia y Bali.
“Quería que se tomara un descanso de la empresa; le resultaba agotador”, dice Gary. “El mundo corporativo es duro”.
Después de Londres, Hudson pensó que la pareja acabaría en Chicago, donde habían alquilado su casa.
Pero Gary tenía otra idea. Quería venir al sur de la Florida, donde tenían un condominio que usaban de vez en cuando y como base para para los frecuentes cruceros que les gustaba tomar. Desde entonces han vendido el lugar y se han mudado a lo que Hudson dice que será su hogar para siempre, un condominio de dos pisos en Fort Lauderdale con vistas al mar.
“Gary miraba toda nuestra vida y yo miraba el trabajo”, dice Hudson.
Se convirtieron en floridanos a tiempo completo y Hudson empezó a conocer la comunidad y a buscar oportunidades para participar.
“Nos sentíamos como en el paraíso”, dijo Hudson. Sin embargo, dijo que le resultaba difícil relajarse.
Honrar ‘el espíritu del tío Billy’
Cuando surgió la oportunidad en Chapman, Hudson pensó que acabaría en otro empleo corporativo en algún lugar de la Costa Este y estaba haciendo entrevistas en el sector de la tecnología médica.
Cuando un amigo la invitó a una gala de Chapman, Hudson se puso a hablar con un cazatalentos en la recepción. El reclutador le dijo que llamara. Cuando lo hizo dos semanas después, le dijo: “Tengo una maravillosa oportunidad en una organización sin ánimo de lucro”.
Era el empleo de presidenta ejecutiva de Chapman. Pero antes de aceptar el proceso de entrevista, Hudson pidió una visita a Chapman. Terminó convencida.
“Mi esposo me dijo que esperaba secretamente que yo estuviera interesada”, dijo Hudson. Aceptar el empleo fue una decisión colectiva de la pareja, dijo. “Venimos como un conjunto. Gary me recordó que podía honrar el espíritu del tío Billy con este empleo”.
“Los dos estábamos muy entusiasmados con Chapman. Desde nuestras familias entendíamos el mundo Chapman”, dijo Gary, que tiene experiencia en Ingeniería de Software y es asesor de transiciones digitales.
Cuando la pareja vivía en Chicago, Gary iba a recoger a Billy a la estación del tren cuando los visitaba de vez en cuando. Lo llevaban a Costco, le compraban ropa nueva y trataban de estabilizarlo, pero Gary decía que no podían convencerlo de que no volviera a las calles.
Al principio de su matrimonio, también acogieron a los dos sobrinos de Gary cuando su situación de vida se hizo difícil.
Gary también aprecia la misión de Chapman. Antes que Hudson comenzara su empleo, dijo, “hicimos una estrategia juntos sobre cómo llevar a Chapman al siguiente nivel”. Una de las cosas que discutieron fue ofrecer capacitación laboral a los residentes de Chapman. “Hay que dar esperanza a la gente”, dijo Gary.
Gary la apoya, dijo Hudson. Lo llama su compañero, su voz de la razón, su entrenador. “Los dos no podemos ser intensos”, dijo, bromeando que “estaría en esa cornisa de ahí fuera sin él”.
“Ella es la soñadora. Yo soy el que dice: ‘Prácticamente, ¿tiene sentido? “, dijo Gary.
Mientras Hudson hablaba con Chapman de empezar en enero de 2019, su hijo Garrett, que cumplió 3 años el 2 de noviembre, llegó a sus vidas. Cuando nació, Gary se tomó un año para ser padre.
“No puedo describir la sensación de ser madre y padre. Ese niño lo es todo para nosotros”, dice Hudson.
“Gracias a Garrett y Chapman, estamos en el mejor lugar en el que hemos estado en nuestros 17 años de matrimonio”, dijo Gary.
“Lo veo como que lo mejor está por venir”, dijo Meyers, el mentor de Hudson desde hace tiempo. “Ella es una joya y Miami debería abrazarla y pulir esa joya porque puede aportar mucho a la comunidad”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2021, 11:49 a. m..