Miami-Dade

‘La gente está sufriendo’. Lo que vio esta chef de Miami en la frontera de Ucrania la hizo llorar

Karla Hoyos dirige un equipo que cocina más de 12,000 comidas al día en Polonia para los ucranianos que huyen de la invasión rusa.
Karla Hoyos dirige un equipo que cocina más de 12,000 comidas al día en Polonia para los ucranianos que huyen de la invasión rusa. World Central Kitchen

Karla Hoyos había pasado otra noche agotadora en el lado polaco de la frontera ucraniana, repartiendo tazas calientes de sopa de pollo con fideos a mujeres y niños que llevaban dos días caminando en medio de un fuerte frío, huyendo de la invasión rusa. Cuando llegó a las oficinas de voluntarios a la mañana siguiente, se echó a llorar.

“Quizás haya entrado en la oficina y llorado durante dos horas”, dijo Hoyos en una videollamada desde Przemysl, Polonia, en el episodio del 14 de abril del podcast gastronómico semanal del Miami Herald, La Ventanita.

Hoyos, ex chef en jefe del restaurante Bazaar de South Beach, ha pasado las últimas seis semanas en la ciudad fronteriza polaca, cocinando más de 12,000 comidas al día para los evacuados de la guerra ucraniana con la organización sin fines de lucro World Central Kitchen (WCK) del chef José Andrés. El suyo es uno de los 43 centros de WCK en cuatro países fronterizos y dentro de Ucrania, que preparan más de 250,000 comidas al día.

Hoyos, que fue chef de un servicio para banquetes durante la mayor parte de su carrera, se adaptó rápidamente en los últimos cinco años a cocinar para las masas cuando World Central Kitchen se sumerge en zonas golpeadas repentinamente por desastres naturales: un terremoto en Haití, un huracán en Puerto Rico, inundaciones en las Bahamas. Fue en Puerto Rico, después del huracán María, donde Hoyos conoció a Andrés y juntos ayudaron a preparar más de 75,000 comidas al día mientras la isla pasaba apuros.

“Inmediatamente supe que era una increíble luchadora culinaria, que abrazaba el espíritu de WCK de hacer todo lo posible para alimentar a los necesitados. Su enfoque, pasión y persistencia son inconfundibles”, escribió Andrés en un correo electrónico al Miami Herald.

Karla Hoyos, a la derecha, voló a Polonia para dirigir una cocina emergente de World Central Kitchen, cocinando para los evacuados ucranianos de la invasión rusa.
Karla Hoyos, a la derecha, voló a Polonia para dirigir una cocina emergente de World Central Kitchen, cocinando para los evacuados ucranianos de la invasión rusa. World Central Kitchen

Pero nada de eso la preparó para la realidad de las familias golpeadas por la guerra.

Niños con ojos vidriosos y madres con hematomas inexplicables, abrigados contra el frío, cruzan la frontera en la oscuridad entre las 11 p.m. y las 2 a.m., apartando la mirada. Hoyos y otros voluntarios salen a su encuentro con tazas de sopa o chocolate caliente, algo que puedan llevar junto con sus pertenencias restantes, algo que les caliente las manos y el cuerpo.

Hoyos, nacida en México, no habla el idioma. Pero cuando una niña sollozaba incontrolablemente, Hoyos le ofreció una taza de chocolate, se arrodilló y la abrazó hasta que la niña dejó de llorar. Hoyos se tragó sus propios sollozos. La niña se tomó el chocolate y se calentó.

“Quería darle consuelo, decirle que todo iba a salir bien, y no pude”, dijo Hoyos.

Seis semanas son suficientes para ver que la situación en este pueblo de 60,000 habitantes refleja la verdad más amplia de un país diezmado por la invasión rusa.

Hoyos y su equipo reparten comidas calientes a niños desconcertados que duermen hombro con hombro en catres en un centro comercial de una sola planta sin duchas. En los primeros días hubo informes de niños secuestrados para tráfico sexual.

“Las dos primeras semanas, hubo muchos niños desaparecidos”, dijo Hoyos. “Ningún niño debería pasar por eso”.

World Central Kitchen prepara más de 12,000 comidas al día para las familias ucranianas en Polonia que huyeron de la invasión rusa.
World Central Kitchen prepara más de 12,000 comidas al día para las familias ucranianas en Polonia que huyeron de la invasión rusa. Karla Hoyos World Central Kitchen

Empezaron a preparar alimentos para bebés y a dárselos a las madres que llegaban con recién nacidos que “no tienen comida para sus bebés”, dijo. “Ves que la única comida que reciben es la que les damos”.

Cocinar es la parte fácil.

Hoyos y su equipo de cinco cocineros y 30 voluntarios, la mayoría de Estados Unidos, cocinan por turnos, las 24 horas del día y en cantidades inimaginables mientras llegan más evacuados: 12,000 comidas calientes, 8,000 sandwiches, 10,000 barras de pan de plátano, ensaladas frías de betabel o papa, tanques de chocolate caliente. Un time-lapse del equipo preparando sandwiches en su cuenta de Instagram, @chefkarlahoyos, parece un video acelerado de la cadena de producción de los Ford Modelo T.

Compraron todo el jamón, el pavo y el queso de la pequeña ciudad y hacen llegar comida por avión a diario.

“Ella es el corazón de la cocina, poniendo orden en situaciones caóticas con una empatía infinita por el trabajo que hacemos”, escribió Andrés.

Hoyos sabe que World Central Kitchen se enorgullece no solo de preparar comida, sino de cocinar platos reconfortantes que reflejen las comunidades a las que sirven. Así que investigó la cocina ucraniana en el vuelo transatlántico, los saltos de charcos y los viajes en coche en las 5,000 millas de Miami a Polonia, aprendiendo los fundamentos del borscht, y otros platos familiares con un montón de papas, betabel, eneldo, perejil y mayonesa para añadir calorías.

No es de extrañar que Hoyos tuviera que tomarse un descanso. Después de seis semanas, esperaba regresar a Miami el fin de semana del 15 de abril. Allí tiene planes.

Hoyos va a abrir su primer restaurante, Tacotomía, en el downtown de Miami, donde espera hacer platos que rindan homenaje al sur de México. Cocinará los platos que aprendió de una de sus abuelas: molletes, como un pan con tomate mexicano; bombas mexicanas (bolas de puré de papa fritas similares a las papas rellenas cubanas) y, por supuesto, tacos con la sazón de la región del sur. También está planeando un segundo restaurante en el Pequeño Haití que será más bien un lugar de brunch mexicano.

“Tengo la intención de mostrar la comida que comía mientras crecía, en honor a mi abuela”, dijo Hoyos.

Pero está lejos de haber terminado con Ucrania.

Hoyos diseñó un camión de comida para World Central Kitchen —una cocina móvil, en realidad, con cuatro hornos y una olla a presión con capacidad de 640 libras— que puede servir 30,000 comidas al día.

Ella y Andrés tienen previsto llevarlo a Ucrania este verano, para cocinar en las zonas más afectadas y sin infraestructura. Después de lo que presenció, no puede mirar hacia otro lado.

“Cuando ves a los niños que tienen frío y hambre...”, dijo, atenuando la voz. “La guerra es real. Hay mucha gente sufriendo”.

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