Miami-Dade

La búsqueda de Alejandro Suárez: un hombre de Miami decidió mudarse. Se armó un gran revuelo

Alejandro Suárez, el hombre desaparecido que en realidad no lo estaba, vive en Chicago.
Alejandro Suárez, el hombre desaparecido que en realidad no lo estaba, vive en Chicago.

El 4 de julio Alejandro Suárez metió su laptop, su cámara y algo de ropa en una bolsa de libros. Colocó una nota escrita a mano en la guantera de su Honda Civic azul y dejó el auto en el estacionamiento de una iglesia de Kendall. A continuación, tomó un autobús Greyhound hacia Chicago para empezar una nueva vida.

“Me niego a estar indefenso”, escribió. “Tengan la seguridad de que estoy bien”.

Odalys Heredia, la madre del joven de 20 años, quería recuperarlo. Presentó una denuncia ante la Policía de Miami-Dade diciendo que Suárez estaba desaparecido y en peligro. Dijo a los periodistas que Suárez piensa como un niño pequeño debido a un diagnóstico de autismo en su infancia. Y que no tenía amigos y estaba desamparado. Para las autoridades, ella y su hermana, la tía de Suárez, indicaron que pudo haber sido secuestrado por una peligrosa banda de transexuales que pretendía vender sus órganos

El resultado fue un drama de personas desaparecidas: anuncios de televisión, boletines policiales y artículos en línea, una cuenta de GoFundMe que recaudó miles de dólares, la participación de un juez testamentario y un abogado convertido en profesor universitario especializado en los derechos de las personas con discapacidad, un reflejo de cómo una narrativa convincente puede ser amplificada por los medios de comunicación, sociales y de otro tipo. Fue el tipo de atención que no siempre reciben los reportes sobre personas desaparecidas.

Todo ello giraba en torno a un estudiante universitario de 20 años que no estaba de acuerdo con ninguna de las caracterizaciones que se hacían de él y que decía que solo quería seguir su propio camino de forma tranquila y discreta.

Una de las diversas noticias sobre Alejandro Sánchez.
Una de las diversas noticias sobre Alejandro Sánchez.

Un choque de voluntades entre madre e hijo es el tipo de drama que se produce en muchos hogares, salvo que el suyo estalló en algo mucho más grande.

Suárez, repentinamente consciente del revuelo que se armó a su paso, se presentó en un estación policial de Atlanta el 6 de julio, insistiendo en que no estaba desaparecido, ni desamparado, ni era víctima del tráfico de personas. Llamó al detective de Miami encargado de encontrarlo.

El agente lo puso al teléfono con su familia y él reafirmó su deseo de no volver a vivir en su casa. “La persona desaparecida me declaró que no estaba desaparecida y que no quería tener ningún contacto con su familia”, dice un reporte de la Policía de Miami.

“Estaba muy ofendido porque las noticias lo retrataban como un hombre con la capacidad mental de un niño de 10 años”, añadió la policía. Y con eso, las autoridades cerraron sus investigaciones y la tormenta se calmó.

Pero no del todo. La tía materna de Suárez, Yadira Saleh, le dijo a un juez de Miami que Suárez debía ser despojado de todos sus derechos sobre dónde vive, qué compra y cómo trabaja. El juez firmó una orden de emergencia declarando a Suárez incompetente.

Según Suárez, “me sentí como si estuviera viendo un drama”. Lo describió como algo “kafkiano”, en referencia al novelista checo del siglo XIX que escribió sobre hombres atormentados por poderosas fuerzas burocráticas, a menudo invisibles.

“Fue realmente surrealista”.

¿Fue el reporte de que el adulto Suárez era autista, aunque capaz de conducir un auto y asistir a Miami Dade College? ¿O fue que la invocación de los traficantes de órganos transgénero fue un claxon en un verano en que los derechos LGBTQ, y especialmente las cuestiones transgénero, se habían convertido en un pararrayos cultural? Las disputas alcanzaron su punto álgido cuando el gobernador Ron DeSantis se enfrentó tanto a la poderosa Disney Corp. como a un extravagante show de drags de Miami por cuestiones de identidad de género.

El póster de "persona desaparecida" emitido por la Policía de Miami-Dade, posteriormente anulado.
El póster de "persona desaparecida" emitido por la Policía de Miami-Dade, posteriormente anulado.

Brandon Wolf, portavoz del grupo Equality Florida, dijo que la experiencia de Suárez, que tiene amigos transgénero platónicos, se entiende mejor con el telón de fondo de esa política, en que las opciones más personales, privadas y profundas se han convertido en armas para obtener beneficios políticos.

“Desgraciadamente”, dijo Wolf, “estas son las consecuencias en el mundo real de un ataque total a las personas LGBTQ, y de verdad, a las personas marginadas en general. Las palabras tienen consecuencias, y tienen consecuencias especialmente peligrosas cuando provienen de líderes poderosos de nuestro país”.

O tal vez no era más que una madre que sabía cómo llamar la atención.

Ahora que vive con unos amigos en Chicago, Suárez no quiere hablar de sexualidad o identidad de género, ni tampoco de la vida actual de sus amigos o de él mismo, pensando que deben ser asuntos privados y no cuestiones que se puedan ventilar en los tribunales en los tribunales o en la política. Hablando de forma clara y reflexiva, dice que espera dejar más huella en su vida que los anuncios de televisión y los titulares de prensa que ha dejado a su paso.

En cuanto a Odalys Heredia, ella dijo: “Desde el 4 de julio no me queda vida. Cuando ya no está, se me caen las alas”.

Tardanza

Suárez tardó casi cinco años en empezar a hablar y, aun así, no decía mucho. Los maestros y los psicólogos lo describían como “serio” y se preocupaban por su escaso contacto visual, según muestran los registros proporcionados por Heredia. En la escuela primaria, los médicos le diagnosticaron autismo y sugirieron a su madre —su padre biológico vive en Kentucky— que fomentara las interacciones sociales.

Heredia, que habló con el Miami Herald en español, envió a su hijo a una escuela privada, organizó citas de terapia y tutorías, y animó sus encuentros de natación. Pero, en un mundo de madres helicóptero, dice Suárez, su madre era una planeadora.

Un mes después, Odalys Heredia, madre de Alejandro Suárez, habla de la breve y frenética búsqueda de su hijo, que no quería ser encontrado.
Un mes después, Odalys Heredia, madre de Alejandro Suárez, habla de la breve y frenética búsqueda de su hijo, que no quería ser encontrado. David Santiago dsantiago@miamiherald.com

Dice que su madre controlaba los deportes que podía practicar en la secundaria; él quería hacer atletismo, pero ella insistió en que nadara, a pesar de su objeción de que odiaba ir a clase con el cloro en el cabello y el cuerpo. Según él, Heredia insistía en elegir las clases optativas de su hijo. Insistió en que mantuviera su cabello negro y rizado recortado, aunque él quería dejarlo largo, dijo. Ella lo exhortó a no sentarse nunca con las piernas cruzadas, dijo, porque eso podría animar a los hombres homosexuales a acercarse a él.

Heredia está en total desacuerdo con los recuerdos de su hijo. Dice que lo animó a nadar porque lo obligaba a socializar y lo ayudaba en una enfermedad de la columna vertebral que padecía, la escoliosis. Quería que estudiara español. En cuanto a su cabello, la escuela católica a la que asistía insistió en que lo llevara corto, dijo. Y aunque Heredia no recuerda haber instruido a su hijo sobre cómo sentarse, añade: “Solo las mujeres cruzan las piernas”.

Heredia le dijo al Herald que tras el cierre de Miami Dade College relacionado con el COVID empezó a llevarlo ella misma a la escuela y a esperarlo fuera. Después de comprarle el Civic, añadió, lo seguía a escondidas hasta el campus.

“Alejandro no piensa como un adulto”, le dijo Heredia al Herald. “Le estaba dando las herramientas para que pudiera ser una persona independiente. Pero no estaba preparado para salir de casa. ...Quizá sea un adulto por su edad, pero no se puede llamar adulto a un niño con autismo”.

Aunque a Suárez le diagnosticaron autismo en la primera infancia, las evaluaciones recientes muestran que en su mayoría ha superado los desafíos. En 2018, un psicólogo de Miami escribió: “En general, ha sido capaz de lograr académicamente y adaptarse bien a su entorno sin complicaciones significativas”.

Suárez, que entonces tenía 16 años, “no mostraba ningún rasgo autista significativo”, añadió el psicólogo.

Cuando Suárez tenía 17 años, su madre se quejó a un neurólogo de su “terquedad, cuando quiere hacer lo que le da la gana”, según los registros judiciales facilitados al Herald.

El día anterior

La familia de Suárez asistió a un asado de carne en casa de un primo el 3 de julio, dijo Heredia. Suárez se mantuvo casi siempre al margen, excepto cuando ella lo animó a pasar tiempo con la familia. Heredia dijo que su hijo le dijo que tenía que ir al campus Kendall de Miami Dade College al día siguiente para presentar un proyecto atrasado en su clase de oratoria. Ella se ofreció a acompañarlo. Suárez se negó.

En una entrevista con el Herald, ella hace una pausa. “Hasta donde yo sabía, él nunca me había mentido”, dijo.

A la mañana siguiente, el 4 de julio, Heredia dijo que despertó a Suárez alrededor de las 7 a.m. Una vez más, dijo Heredia, se ofreció a llevar a su hijo hasta el campus, pero él insistió en ir solo, diciendo que no tardaría mucho.

El video de vigilancia de la casa, que Heredia compartió con los periodistas, muestra al joven bajando las escaleras del portal con unos jeans y una chaqueta de cuero negra. No mira hacia atrás.

Heredia comenzó a llamar y enviar mensajes de texto a su hijo cuando tardó en regresar. No respondía.

Temiendo que algo terrible hubiera ocurrido, Heredia fue con una prima a buscar a Suárez al campus alrededor de las 9:15 a.m., según un reporte policial. Un guardia de seguridad, al que se le mostró una foto de Suárez, dijo que había visto al joven y le pidió que moviera su auto del campus, cerrado por vacaciones.

Heredia encontró el Civic al otro lado de la calle, estacionado en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Las llaves del auto estaban en el suelo, según un reporte policial. Dentro de la guantera del sedán había una nota de una página con letra de molde.

“He decidido irme”, escribió Suárez, añadiendo que se había llevado su laptop, su teléfono, su cámara, su ropa y sus “documentos legales”, pero que dejaba “cualquier fondo que no fuera mío”.

“El resto se puede vender o guardar”, añadió, “porque no volveré”.

Heredia parece haber entendido intrínsecamente lo que su hijo le estaba transmitiendo: Describió la nota a WPLG Local 10 News de esta manera: “Quiero ser libre. No quiero ser una persona indefensa”.

Pero si el drama era principalmente sobre un joven adulto que buscaba su independencia, no es así como Heredia lo enmarcó con la Policía. Cuando el autobús de Suárez se detuvo en Atlanta el 5 de julio, se había enterado por sus amigos de que su madre había denunciado su “desaparición” y “peligro”.

Heredia le dijo a las autoridades que Suárez “tiene la mentalidad de un niño de 10 años”. Heredia dijo que era poco probable que su hijo hubiera abandonado la ciudad por su cuenta, porque, según un reporte policial, Suárez “no tenía amigos y era incapaz de socializar con nadie más que con la familia”.

“Es un chico extremadamente cariñoso”, le dijo Heredia al Herald. “Es como una extensión de mi brazo”.

Mientras tanto,la Policía de Miami-Dade verificó en los hospitales locales, las cárceles y la morgue. Un detective recibió los registros dentales para prepararse para el peor de los casos.

“Todos te estamos esperando, Alex”, le dijo la hermana de Suárez, Leydis Fernández, a WPLG-Local 10. “Vuelve a casa por favor. No hagas sufrir a mamá y a tu hermana”.

En privado, sin embargo, los miembros de la familia expresaron temores más siniestros: dijeron a las autoridades que creían que Suárez había sido secuestrado por una banda de transexuales que podría estar planeando extirpar los órganos de Suárez.

En una declaración entregada a la Policía de Chicago, la tía de Suárez, Yadira Saleh, escribió que “el mayor temor de la madre de Alejandro es que pueda estar en peligro de tráfico de órganos o cualquier otro tráfico”. Señaló que un amigo que ayudó a Alejandro a salir de casa estaba “asociado con la comunidad transgénero y LGBTQ y había cambiado su nombre cinco años antes”.

Suárez, escribió la tía, “fue manipulado y preparado durante semanas o meses” por esos depredadores inconformistas de género que le habían animado a “cortar todos los lazos con sus familiares”.

La familia no se rindió fácilmente. El 13 de julio, un amigo de la familia creó una página de GoFundMe para “ayudar a traer a Alejandro a casa”. En ella se han recaudado $3,950.

Una foto distribuida por la madre de Alejandro Suárez cuando este desapareció.
Una foto distribuida por la madre de Alejandro Suárez cuando este desapareció. Odalys Heredia, mother of Alejandro Suarez

“Temen que esté en peligro y que posiblemente sea víctima del tráfico de personas”, decía el comunicado. “Para cualquiera que lo vea, parece un joven normal de 20 años, lamentablemente esa no es su realidad. Tiene el nivel mental de un niño”, añadía el texto, a pesar de que Suárez se había graduado de la secundaria con un diploma normal y había estado inscrito en la universidad.

Al día siguiente, ocho días después de que Suárez se presentara en la estación policial de Atlanta, Heredia y Saleh acudieron al tribunal testamentario de Miami para solicitar una tutela completa sobre él. De ser aprobada por un juez, el procedimiento habría despojado a Suárez del derecho a tomar prácticamente cualquier decisión: dónde podía vivir, qué podía comprar, si podía casarse o votar, y las decisiones sobre su atención médica.

La petición de emergencia fue presentada por Saleh, la tía de Suárez, porque Heredia, que había sido condenada en abril de 2008 por cinco cargos de conspiración para defraudar a Medicare y pagar sobornos, no era elegible para actuar como tutora legal de su hijo.

Saleh repitió la acusación de que Suárez tenía el intelecto de un niño, así como la afirmación de que mostraba un comportamiento “severo” e “inadaptado”. Sugirió que había “sido víctima de algún tipo de esquema de tráfico de personas orientado a atraer a adultos vulnerables”. Sus pruebas: Había intercambiado 49 llamadas telefónicas con una persona desconocida, y Suárez “no tiene muchos amigos con los que se comunicaba a diario”.

La jueza de circuito de Miami-Dade Bertila Soto, firmó una orden de emergencia que despojó a Suárez de todo derecho a tomar decisiones o tener propiedades. Sin embargo, para que la orden fuera permanente, Suárez tendría que ser evaluado por un panel de tres expertos. Pero para entonces, el joven de 20 años estaba viviendo en Chicago.

Eso significaba que, para que los familiares de Suárez tomaran el control de su vida, tendría que regresar a Miami.

Con la orden de Soto en la mano, Heredia se dirigió primero al Condado Lake, Illinois, donde creía que estaba, en busca de ayuda de las autoridades y los tribunales para “sacar a Alejandro de un peligro inminente” por la fuerza si era necesario.

“Alejandro está en peligro y en manos de una banda muy sofisticada que lo había estado preparando meses atrás”, escribió Saleh en un comunicado presentado ante un tribunal de Illinois. “Desde el principio esta banda ha tenido un papel fundamental en el desarme de los esfuerzos por encontrar a su hijo”.

Citando un reporte de Naciones Unidas, Saleh se refirió a los “reclutadores” de órganos y a los “intermediarios” que “albergan y preparan a las víctimas, a las empresas médicas, a los actores del sector médico que trabajan para que los individuos corten todo vínculo con los familiares”. Sin embargo, el reporte de 2015 se refiere principalmente a lugares como Sudáfrica y Kosovo, y a naciones empobrecidas que carecen de sistemas de justicia o servicios sociales.

Odalys Heredia muestra una imagen de la carta que su hijo Alejandro dejó en su auto. Esto ocurrió un mes después de que se fuera de casa, lo que desencadenó una breve y frenética búsqueda.
Odalys Heredia muestra una imagen de la carta que su hijo Alejandro dejó en su auto. Esto ocurrió un mes después de que se fuera de casa, lo que desencadenó una breve y frenética búsqueda. David Santiago dsantiago@miamiherald.com

Saleh describió al hombre de Illinois que había ayudado a Suárez a salir de la Florida, un amigo con el que ahora comparte su vivienda, como un depredador potencial. “Hay que tener en cuenta que a Alejandro nunca se le conoció ningún amigo”.

Cuando el padre del hombre dijo a la Policía que los dos vivían en Chicago, y no en el Condado Lake, Saleh y Heredia fueron al cercano Condado Cook, donde el proceso comenzó de nuevo.

Suárez dijo que estaba realizando las tareas mundanas de la mudanza —registrarse para votar, buscar trabajo, solicitar la licencia de conducir— cuando la policía de Chicago llamó a la puerta de su amigo. Blandían los papeles de la tutela de Miami, dijo Suárez, e insistían en que fuera con ellos a la comisaría.

Para entonces, sin embargo, Suárez había contratado a un abogado de la Florida, Matthew Dietz, que supervisa una clínica jurídica de la Nova Southeastern University especializada en la representación de discapacitados del sur de la Florida. Por teléfono desde Miami, Dietz indicó a su cliente que no saliera de su apartamento por ningún motivo.

Durante unas tres horas, dijo Suárez, un sargento y dos agentes se quedaron en la puerta de su casa animándolo a entregarse. Le dijeron que tenían una orden de un juez, pero nunca se la mostraron. Dijeron que tenían que realizar un control de bienestar. Podía oír los gritos de su tía en el piso de abajo.

Siguiendo el consejo de su abogado, dijo Suárez, cerró la puerta de su casa.

“Abra la puerta”, dijo Suárez que le exigió el sargento. “Solo queremos hacerle una simple pregunta. Y tenemos que grabarla en nuestra cámara corporal para que sea legítima”.

Suárez dijo que dejó la puerta cerrada.

Suárez, escribió Dietz en un alegato judicial, “quiere recuperar su vida”.

Alejandro Suárez dice que espera volver a reunirse con su hermana mayor, su hermanastro menor y varios primos, en algún momento. "Sé que me echan de menos".
Alejandro Suárez dice que espera volver a reunirse con su hermana mayor, su hermanastro menor y varios primos, en algún momento. "Sé que me echan de menos".

La libertad de Suárez dependía en última instancia de su capacidad para superar la tutela de emergencia que su madre y su tía habían conseguido. El 2 de agosto, Dietz pidió a Soto que desestimara la tutela de emergencia, argumentando, entre otras cosas, que la jueza no tenía jurisdicción sobre un hombre que vive en otro estado. También acusó a Heredia de “mala fe” y “fraude” por su empeño en limitar los derechos de un adulto competente.

“Estaba claro que la señora Heredia estaba usando su orden [de tutela] para convencer a la Policía de que encontrara, detuviera y arrestara” a su hijo, escribió Dietz.

Tras una breve audiencia en la que falló que carecía de autoridad sobre alguien que vive en Chicago, Soto firmó el 15 de agosto una orden que ponía fin a la tutela de emergencia.

“Realmente siento que ahora tengo espacio para respirar”, dijo Suárez.

Al recordar los últimos meses, Suárez dice que por fin puede reírse un poco del sabor sensacionalista, hecho para la televisión, de delitos reales. “¡Hombre autista desaparecido! ¡Dejó nota misteriosa nota!”, dijo.

En algún momento, dijo Suárez, intentará volver a establecer contacto con su hermana de 33 años, su medio hermano menor y varios primos con los que se crió. “Sé que me echan de menos”, dijo. “Estoy seguro”.

En este momento, sin embargo, sigue bajo una alerta de tormenta. La orden judicial que su madre obtuvo de las autoridades del Condado Lake, Illinois, sigue vigente, lo que significa que todavía podría ser detenido allí, dijo Dietz. Y si regresa a Miami, su madre y su tía aún pueden solicitar otra tutela.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de octubre de 2022, 0:27 p. m..

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