¿Por qué algunas personas sin hogar en Miami rechazan los albergues? Es complicado
En Miami Beach, la policía puede arrestar a personas sin hogar en virtud de una ordenanza municipal que prohíbe acampar en la vía pública; sin embargo, primero deben ofrecer a la persona la opción de acudir a un albergue.
No obstante, los informes de arresto revelan que dichas ofertas suelen ser rechazadas. Desde enero de 2024, los agentes han efectuado seis veces más arrestos por acampar que derivaciones a albergues.
Existen muchas razones por las que una persona podría preferir la calle a una cama en un albergue en una noche determinada. Entre ellas se incluyen malas experiencias previas en albergues, las estrictas normas de estos centros y las limitaciones sobre la cantidad de pertenencias que se permite llevar a su interior.
Según el recuento más reciente, realizado en enero, hay cerca de 2,500 personas sin hogar en todo el Miami-Dade que se encuentran alojadas en algún tipo de albergue, mientras que más de 1,100 viven en la calle.
Ron Book, quien dirige el Fideicomiso para Personas sin Hogar del Condado de Miami-Dade (Miami-Dade County Homeless Trust), señaló que la mayoría de las personas sin hogar de manera “crónica” rechazan las ofertas de albergue.
“Solo mediante esfuerzos de acercamiento constantes y persistentes —cuando trabajadores sociales capacitados logran establecer una relación y generar confianza— vemos que las personas aceptan la ayuda y dejan de vivir en la calle”, afirmó.
Varios factores podrían ayudar a explicar la particular resistencia a acudir a los albergues en Miami Beach, donde 93 personas viven en la calle, según el censo de enero.
La ciudad cuenta con una población de personas sin hogar relativamente transitoria, afirman las autoridades. Algunas de estas personas acuden a Miami Beach precisamente por sus condiciones al aire libre: el clima cálido, la arena y las duchas públicas a lo largo del paseo marítimo.
No hay camas en albergues en Miami Beach, pero la ciudad tiene contratos para más de 90 camas en múltiples ubicaciones en Miami.
Las ofertas de asistencia realizadas por la policía a menudo parecen “diseñadas para provocar un ‘no’”, dijo Trey Santorine, un estudiante de doctorado de la Universidad de Miami que encuestó a casi 200 personas sin hogar en la ciudad de Miami como parte de un estudio reciente que también analizó la situación de las personas sin hogar en Fort Lauderdale.
Cuando los agentes de Miami Beach preguntan a las personas si desean ir a un albergue, por lo general no proporcionan detalles sobre lo que se les ofrece, según los informes de arresto revisados por el Miami Herald.
Las camas ofrecidas por la policía suelen estar disponibles solo por 24 horas en el Ejército de Salvación en Miami, lo que significa que las personas pueden regresar a la calle al día siguiente, aunque los funcionarios de Miami Beach sí se reúnen con ellas en el albergue para discutir posibles alternativas.
“¿Les están ofreciendo una cama por tres meses en [los albergues de] Chapman Partnership —algo que creo que la gente aceptaría con entusiasmo—, o se trata de una cama para pasar la noche, de modo que puedan rechazarla y ustedes puedan seguir arrestándolos?”, planteó Santorine.
La investigación de Santorine indicó que la mayoría de las personas sin hogar entrarían a un albergue si se les diera la oportunidad. De los 194 encuestados en Miami, el 62 por ciento dijo que sería “muy probable” o “algo probable” que aceptaran un albergue si se les ofreciera. Solo el 28 por ciento dijo que sería muy improbable o algo improbable que aceptaran.
La mayoría de las personas encuestadas por Santorine dijeron que nunca o rara vez logran entrar a un albergue cuando lo intentan, y cerca de la mitad afirmó haber renunciado por completo a la idea de conseguir un lugar en uno.
Estas son algunas de las razones por las que alguien podría rechazar una oferta de cama en un albergue.
Escepticismo hacia la policía
La naturaleza de las interacciones entre la policía y las personas sin hogar influye en la situación, dicen los expertos.
Las personas sin hogar pueden mostrarse reacias a aceptar servicios de las fuerzas del orden, incluso si se enfrentan a un arresto.
Book señaló que esto es especialmente cierto en el caso de personas que luchan contra adicciones, enfermedades mentales o traumas pasados.
“Esperar que respondan favorablemente a un agente que los está amenazando con un arresto no solo es irracional y miope, sino también despiadado”, afirmó Book.
Preocupaciones sobre los albergues
Eugene “Gino” Gordon, quien se encuentra en situación de calle en Miami Beach, afirmó sentirse más seguro durmiendo a la intemperie que en un albergue, donde las personas a menudo luchan con problemas de salud mental.
Las normas de los albergues —que pueden incluir el requisito de que las personas salgan cada día antes de regresar por la noche— también le resultan demasiado restrictivas, señaló.
“No me hacen sentir como un ser humano”, dijo Gordon, de 47 años. “Me hacen sentir como si fuera un estudiante de secundaria”.
David Peery, quien vivió en la calle durante años y fue demandante en la histórica demanda Pottinger sobre la falta de vivienda en la ciudad de Miami, afirmó creer que los albergues pueden ser útiles para las personas que se encuentran en una situación de “falta de vivienda coyuntural”; es decir, aquellas que generalmente contaban con un hogar hasta que ocurrió algún suceso que las llevó a terminar en la calle.
Sin embargo, para las personas que sufren de una “falta de vivienda crónica”, Peery considera que el albergue resulta “efectivamente inútil”. Las normas estrictas pueden hacer que el lugar se perciba como una “prisión de mínima seguridad”, donde resulta difícil evitar infringir las reglas y donde, en ocasiones, el personal trata a las personas con “desprecio”.
“En general, debido a todas esas normas, se te despoja de la última posesión que te queda: la autonomía sobre tu propio cuerpo”, señaló Peery.
Falta de confianza respecto a los siguientes pasos
Muchas de las personas que viven en la calle luchan contra enfermedades mentales y, sencillamente, no confían en el sistema de albergues, afirmó Eddie Gloria, director ejecutivo de Camillus House, una organización que gestiona un albergue en la ciudad de Miami.
Cuando las personas logran ingresar en un albergue, resulta fundamental que tengan acceso a tratamientos y recursos que las acerquen a la estabilidad, sostuvo Gloria.
El objetivo, explicó, consiste en reintegrar a estas personas a la comunidad y facilitarles el acceso a una vivienda a largo plazo, lo que incluye las 1,400 unidades de vivienda permanente con servicios de apoyo que forman parte del sistema de Camillus.
“La verdadera interrogante es: ¿hacia dónde se dirigen a partir de este punto?”, planteó Gloria.
El empleo también desempeña un papel fundamental en este proceso.
En Chapman Partnership —organización que dispone de más de 800 camas en albergues distribuidos en dos sedes, una en Miami y otra en Homestead— se solicita a los residentes que respeten un toque de queda nocturno y que dediquen las horas del día a buscar empleo. Scott Hansel, presidente y director ejecutivo de Chapman, comentó que la gente suele sorprenderse al enterarse de que más del 40 por ciento de las personas alojadas en sus instalaciones cuentan con algún tipo de empleo. La organización ofrece a sus usuarios programas de educación y formación profesional.
“Muchas de las personas que acuden a nosotros ya han realizado ese cambio de mentalidad”, señaló Hansel. “Desean mejorar su situación; aspiran a ser autosuficientes”.
Peery, fundador de la Miami Coalition to Advance Racial Equity (Coalición de Miami para el Avance de la Equidad Racial), afirmó que los albergues pueden resultar eficaces cuando actúan como un puente hacia la obtención de una vivienda permanente. Él señaló que se adoptó ese enfoque en el Bikini Hostel de South Beach, el cual acogió a más de 100 personas sin hogar a finales de 2024 y principios de 2025, después de que Camillus House redujera su número de camas en refugios de emergencia.
Varias de las personas alojadas allí comentaron en aquel momento que habían tenido experiencias positivas y se sentían respaldadas por los trabajadores sociales. El pasado mes de marzo, Peery afirmó que cerca de la mitad de las personas ubicadas en el lugar se habían trasladado, desde entonces, a viviendas permanentes o de transición.
“Sientes que formas parte de la comunidad”, comentó el año pasado Michael Black, uno de los residentes, refiriéndose a su estancia en el albergue, el cual fue demolido el mes pasado como parte de un proyecto de desarrollo urbanístico.
En última instancia, dijo Peery, se debe permitir a las personas tomar sus propias decisiones sobre el alojamiento y las vías para salir de la situación de calle.
“El tratamiento forzado nunca funciona”, afirmó.