Miami-Dade

En Miami, el examen de manejo en inglés provoca más reprobados y mayores costos

Staff help people with their appointments as they arrive to a driver license office on Tuesday, Feb. 10, 2026, in Hialeah Gardens, Fla. As of Feb. 6, 2026, the Florida Department of Highway Safety and Motor Vehicles requires all driver license knowledge and skills examinations to be conducted exclusively in English.
Personal de la oficina del recaudador de impuestos de Miami-Dade ayuda a las personas con sus citas al llegar a una oficina de licencias de conducir el martes 10 de febrero de 2026, en Hialeah Gardens, Florida. Desde el 6 de febrero de 2026, el Departamento de Seguridad Vial y Vehículos Motorizados de Florida exige que todos los exámenes de conocimiento y habilidades para obtener una licencia de conducir se realicen exclusivamente en inglés. mocner@miamiherald.com

Durante años, los instructores de las escuelas de manejo en el sur de la Florida ayudaron a sus estudiantes a aprender las reglas de tránsito en el idioma que mejor entendiesen.

Ahora, muchos están enseñando otra cosa: cómo sobrevivir un examen de manejo en inglés.

Florida comenzó a exigir que los exámenes escritos y prácticos de manejo se administren solo en inglés a partir del 6 de febrero, poniendo fin al acceso a exámenes escritos en otros idiomas.

En Miami-Dade, instructores de escuelas de manejo dicen que el cambio ha convertido el camino para obtener una licencia en un proceso más largo, más costoso y más estresante para inmigrantes y otras personas con dominio limitado del inglés que necesitan conducir para ir al trabajo, comprar comida, llevar a sus hijos a la escuela y acudir a citas.

Para los estudiantes, el examen escrito puede depender de si reconocen palabras como “left”, “right”, “traffic light” o “do not pass” con suficiente rapidez en la pantalla de una computadora.

Para los instructores, el cambio ha creado una nueva pregunta: ¿los estudiantes están aprendiendo la ley o solo están memorizando los términos que necesitan para aprobar?

En Tri-County Traffic School, en Hialeah, la examinadora e instructora Alina Díaz Massino dijo que la semana antes de que la regla entrara en vigor mostró cuán urgente era para muchas personas lo que estaba por venir.

“Cientos de personas vinieron a clases la semana antes del 6 de febrero”, dijo Díaz. “¿Qué te dice eso? Que hay muchas más personas allá afuera sin licencia. Están manejando ilegalmente, poniéndose en peligro a sí mismas y a quienes las rodean”.

Alina Díaz Massino, instructora de manejo en Tri-County Traffic School, en Hialeah, ha pasado incontables noches despierta hasta tarde, orientando a estudiantes que no dominan el inglés y que sienten que necesitan más de lo que una clase de una hora puede ofrecer.
Alina Díaz Massino, instructora de manejo en Tri-County Traffic School, en Hialeah, ha pasado incontables noches despierta hasta tarde, orientando a estudiantes que no dominan el inglés y que sienten que necesitan más de lo que una clase de una hora puede ofrecer. Vera Lucia Pappaterra Miami Herald

Antes de que cambiara la regla, dijo Díaz, sus clases se enfocaban en ayudar a los estudiantes a entender las leyes de tránsito de Florida, por qué importan y qué puede pasar cuando los conductores las ignoran. La mayor parte de esa instrucción ocurría en español.

Ahora, dijo, las lecciones suelen empezar con traducción y repetición de términos de tránsito en inglés.

Una clase sobre cómo doblar se convierte en una lección para reconocer “left” y “right”. Una clase sobre semáforos se convierte en una lección para identificar palabras en la pantalla antes de que se acabe el tiempo. Una clase sobre marcas en el pavimento se convierte en un ejercicio de vocabulario sobre líneas amarillas, líneas blancas, líneas discontinuas y líneas continuas.

Díaz ahora dibuja ejemplos de cómo se ve la pantalla del examen, mostrando a los estudiantes dónde hacer clic y cómo avanzar por las preguntas. Divide el manual del conductor en palabras clave, distancias y frases comunes, tratando de ayudar a los estudiantes a reconocer qué está preguntando la computadora antes de que el tiempo y los nervios los dominen.

Estudiantes que antes tomaban dos o tres clases antes de aprobar el examen escrito ahora pasan semanas o meses preparándose, dijo. Algunos con un conocimiento básico del inglés han tomado el examen cinco o seis veces. Otros no han aprobado desde que la regla entró en vigor.

Para obtener una licencia de conducir en Florida, los residentes primero deben sacar al menos un 80% en el examen de conocimiento, que se toma en una computadora. Luego sigue el examen práctico, una prueba de habilidades detrás del volante. Los exámenes pueden tomarse en centros de licencias operados por el condado o el estado, pero los conductores también pueden tomarlos en una instalación privada aprobada por el estado, como Tri-County.

En Tri-County, los estudiantes pagan un precio fijo por cada examen —$160 por la parte escrita o $250 por la prueba práctica de manejo— y pueden asistir a tantas clases como necesiten hasta aprobar. Pero Díaz dijo que el problema no es solo el costo, sino el tiempo, la presión y el temor de que los estudiantes estén aprobando porque memorizaron frases en inglés, no porque entiendan completamente la ley.

Muchos estudiantes ya saben manejar y tenían licencias en sus países de origen, dijo.

“Pueden manejar perfectamente”, dijo Díaz. “Simplemente no pueden tomar el examen en inglés”.

Ese fue el caso de Rafael Pérez, de 39 años, quien se mudó de República Dominicana a Miami hace poco más de un año.

Pérez tenía licencia en su país. En Miami, dijo, el verdadero reto era leer en inglés lo suficientemente rápido para responder preguntas en un examen computarizado con tiempo limitado.

Pérez describe su inglés como “básico”.

Estudió durante aproximadamente un mes. Iba a la escuela, tomaba el examen, reprobaba, regresaba a casa, estudiaba otra vez y volvía. Cada vez, trataba de recordar las preguntas que había fallado.

Reprobó siete veces antes de aprobar en su octavo intento.

Para Pérez, obtener una licencia está ligado al trabajo. En su país, trabajaba como mecánico, pero ha tenido dificultades para encontrar empleo en su área porque aún no tiene historial laboral en Estados Unidos. Por ahora, se mueve en bicicleta y trabaja en un almacén cerca de su casa en Hialeah.

Aun así, la esperanza de conseguir un mejor empleo lo empujó a seguir intentando aprobar tanto el examen escrito como el examen práctico de habilidades.

“Cada vez que iba, memorizaba las preguntas nuevas que salían en la computadora”, dijo Pérez en español. “Si fallaba una, decía: ‘OK, esta dice que no puedo pasar aquí’, o ‘esta dice que no puedo doblar a la izquierda’. Después iba a mi casa y la escribía para que no se me olvidara”.

Pérez dijo que pasaba horas repasando las preguntas. Una vez, se quedó en la escuela el día entero, leyendo, estudiando y practicando mientras los instructores lo animaban a seguir.

El proceso se convirtió en un ciclo: tomar el examen, recordar las palabras que lo confundieron, escribirlas, volver a la guía e intentarlo de nuevo.

La parte más difícil, dijo, era cuando el examen le presentaba párrafos largos en inglés.

“Si leo demasiado, se me acaba el tiempo”, dijo Pérez. “Ese es el mayor reto en la computadora”.

Pérez dijo que sabe algo de inglés, pero no lo suficiente para leer rápido bajo presión. Podía reconocer algunas preguntas cuando las veía, aunque no pudiera pronunciar las palabras en voz alta.

“No soy perfecto en inglés”, dijo. “Pero si lo veo en la computadora, te puedo decir cuál es la pregunta”.

Deborah Pino, de 22 años, se mudó de Cuba a Miami hace ocho meses. Había obtenido una licencia en Cuba cuando tenía 21 años, pero dijo que no había manejado mucho. En Miami, esperó hasta que sus documentos migratorios le permitieran tomar el examen.

Primero estudió sola en casa usando una guía de preguntas y respuestas. Tomó el examen dos veces y reprobó ambas. La guía ayudó, dijo, pero no podía incluir todas las preguntas que podían aparecer en el examen.

La diferencia llegó cuando fue en persona a la escuela de manejo y repasó el examen con instructores. Sentarse con ellos, dijo, la ayudó a entender cómo enfrentar el examen, no solo estudiando las reglas, sino aprendiendo cómo esas reglas podían aparecer en inglés.

Aprobó en su cuarto intento.

“Cuando uno no sabe el idioma, es complicado”, dijo Pino en español.

Pino usó Google Translate y memorizó palabras clave: right, left, traffic light, turn. Aprendió lo suficiente, dijo, para entender qué estaba preguntando la pregunta.

Pino dijo que entiende que los inmigrantes en Estados Unidos deben aprender inglés. También entiende que los conductores necesitan leer señales y conocer las reglas de tránsito. Pero el cambio de Florida que eliminó los exámenes de manejo en español, dijo, se sintió abrupto en un estado donde tantas personas hablan español o acaban de llegar.

“Lo importante es que yo sepa las leyes de tránsito”, dijo Pino. “Que yo sepa que no puedo cruzar una línea amarilla, que yo sepa cuándo no puedo cambiar de carril”.

Pino vivió nueve años en Madrid, donde el transporte público hacía posible vivir sin carro. Miami, dijo, es diferente. Incluso ir al supermercado más cercano, a 10 cuadras de su casa, se vuelve difícil sin carro.

“En Miami, los carros son tus pies”, dijo Pino. “Si no tienes carro, no tienes independencia”.

En Amigos Driving School, en Miami, la instructora Lolien Valdez dijo que el requisito de inglés solamente ha aumentado la cantidad de horas que muchos estudiantes necesitan para prepararse, encareciendo el proceso para adultos mayores e inmigrantes recién llegados que quizá ya están equilibrando trabajo, responsabilidades familiares e ingresos limitados.

“Una persona que antes tenía un presupuesto fijo para aprender a manejar ahora tiene que pagar más”, dijo Valdez. “Necesitan más horas porque es más complicado. Tienen que aprender la habilidad de manejar y entender el idioma”.

En Amigos, el costo puede aumentar con cada hora adicional de preparación. La escuela enumera varios precios de cursos, incluidos $50 por el curso de cuatro horas para conductores primerizos, $80 por un curso de seis horas de educación vial, $100 por un paquete de seis horas de educación vial y $150 por un paquete de seis horas con práctica. Otros cursos de mejoramiento para conductores varían entre $100 y $150.

Para los estudiantes que tienen dificultades para aprobar el examen escrito en inglés, la barrera del idioma también puede convertirse en una carga económica.

Valdez dijo que la regla ha cambiado no solo cuánto tiempo estudian los alumnos, sino también cómo llegan a clase. Algunos llegan ya con miedo, dijo, preocupados de reprobar antes incluso de sentarse frente a la computadora.

El trabajo de enseñar también ha cambiado. Los instructores ya no solo explican las leyes de tránsito. Están ayudando a los estudiantes a ir más despacio con las preguntas, aislar palabras familiares y conectar términos en inglés con reglas que quizá ya entienden en español.

El resultado, dijo Valdez, es un camino más largo y más ansioso hacia la licencia.

Daniel Delgado, examinador en Amigos, vio cómo ese miedo se convirtió en urgencia la semana antes de que comenzara el requisito de inglés solamente. Esa semana, dijo, la escuela completó casi 200 exámenes prácticos mientras las personas se apresuraban a obtener la licencia antes del cambio.

Después, dijo, la escuela volvió a quedarse vacía.

“Hice cuatro exámenes hoy”, dijo Delgado. “Eso te dice que hay mucha gente que no está viniendo porque tiene miedo”.

El Departamento de Seguridad Vial y Vehículos Motorizados de Florida no respondió de inmediato a preguntas sobre cómo la regla ha afectado las tasas de aprobación, los reintentos o el volumen de exámenes en el condado de Miami-Dade.

En Margarita Driving School, en West Miami, la gerente Margarita Cardentey dijo que la disminución de estudiantes ya ha afectado su negocio. Dijo que ha tenido que decirles a algunos empleados que no vayan porque no hay suficientes estudiantes.

Después de la avalancha inmediata de febrero, dijo, las personas que no confían en poder aprobar los exámenes en inglés tienen demasiado miedo para siquiera intentarlo.

La regla la ha obligado a reescribir la manera en que enseña. Aún explica señales de tránsito, marcas en el pavimento, zonas escolares, vehículos de emergencia y reglas de seguridad en español porque así es como muchos de sus estudiantes realmente entienden la información. Luego les enseña cómo esas ideas pueden aparecer en inglés en el examen.

“Creo que esto no está cumpliendo realmente el objetivo” de la clase, dijo Cardentey, porque los instructores tienen que reducir las lecciones para que los estudiantes aprendan “las palabras más importantes”.

Cardentey dijo que recordar las palabras correctas puede ayudar a algunos estudiantes a aprobar, pero no reemplaza entender las reglas de tránsito.

“Es memorizar”, dijo. “Es más que nada una memoria fotográfica de las palabras”.

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