Científicos de UM estudiarán la basura de la bahía por un año
En los mangles detrás de Vizcaya, botellas plásticas, toallas sanitarias y trozos de espuma de poliestireno quedan atrapados regularmente en las enredadas raíces como si hubieran quedado trabados en un colector de aguas pluviales. En la desembocadura del Río Miami, y en Miami Beach del otro lado de la Bahía de Biscayne, las aguas pluviales expulsan desechos humanos y animales y un montón de asquerosidades. En Virginia Key, un ámpula de sangre sobresale de la arena.
El cómo llega allí la basura, y dónde fluye esa polución y otras por la Bahía de Biscayne continúan siendo un misterio. Pero ahora un equipo de científicos de la Universidad de Miami creen saber cómo encontrar la respuesta.
Usando recursos tecnológicos desarrollados para rastrear el derrame de petróleo del Deepwater Horizon en el Golfo de México, los investigadores se han aliado con estudiantes de las escuelas y museos locales para rastrear la compleja red de microcorrientes que atraviesa la bahía en todas direcciones, propagando desperdicios y polución. Aunque ellos admiten que el proyecto no es más que un comienzo, tienen la esperanza de que establecer un mapa de las corrientes ayudará a informar a los planificadores gubernamentales en lo que tratan de lidiar con un sinnúmero de crecientes amenazas a la bahía, urbana pero aún vital, y que van desde inundaciones vinculadas con el aumento del nivel de los mares a los navíos de mayor calado que están atravesando el Canal de Panamá.
“Realmente sabemos muy poco, porque la geometría es muy complicada”, dijo el oceanógrafo Tamay Özgökmen de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas y Atmosféricas, ,quien está a la cabeza de un consorcio de 40 científicos de 14 universidades que estudian el derrame de BP.
“¿Salen expulsadas hacia el océano, o se queda por mucho tiempo donde vive la gente y hay que preocuparse entonces sobre las bacterias y todo tipo de problemas de salud?”, dijo. “Que no salgan expulsadas no es bueno”.
El lunes, el equipo de Özgökmen soltó 15 sensores diseñados específicamente para medir las corrientes en la superficie del agua, donde el viento y las olas pueden moverlas mucho más rápido que en las corrientes a mayor profundidad. Los sensores — anillos flotantes de color blanco unidos a una rueda giratoria sumergida – incluyen un pequeño rastreador de GPS que permite al equipo calcular la velocidad y el rumbo de las corrientes. Aunque la tecnología usada parezca simple, a los científicos les tomó tres años concebir un dispositivo que fuera ligero, compacto, biodegradable – el plástico fue creado por científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) para juguetes playeros –y capaz de separar las fuerzas de las olas, el viento y las corrientes marinas.
Özgökmen usó la misma tecnología cuando su equipo soltó 1,100 sensores en todo el Golfo para mapear el derrame de BP en un estudio en curso por un valor de $20 millones que se propone ayudar a predecir el rumbo de los derrames futuros de petróleo.
Los sensores o “vagabundos” serán soltados cada tres meses. Observaciones iniciales confirmaron el martes que las corrientes crean un patrón complejo, con pequeños bolsillos giratorios y brazos de mayor longitud a lo largo de la costa. Cinco sensores soltados entre las nuevas tuberías de drenaje de Star Island y Miami Beach conectadas a enormes equipos de bombeo rebotaron de un lado a otro como atrapados en un plato para batir huevos.
Las corrientes actúan a menudo como la licuadora del océano, ayudando a difundir y, con el tiempo, diluir la polución. Pero los científicos entienden cada vez mejor el hecho de que las pequeñas corrientes locales juegan un papel de igual importancia que las fuerzas mayores como la Corriente de la Florida y la corriente de bucle del Golfo de México. Asimismo, ellos creen que los modelos oceánicos existentes no reflejan su complejidad. Y en la Bahía de Biscayne, con lo irregular de su línea costera y su centón de islas y bancos de algas de poca profundidad, las corrientes pueden hacerse aún más enredadas, lo cual tiene un profundo efecto en la manera en que se difunde la polución.
“Si se está mezclando con un montón de agua, [se diluye]. Pero hay muchos lugares donde no se está mezclando. Sólo se deposita, y no se va a ninguna parte”, dijo Özgökmen. “Pueden imaginarse que, si la pones en un hueco, se va a hacer más concentrada”.
Y eso puede hacer una gran diferencia a la hora de decidir dónde poner la salida de las tuberías de aguas pluviales o de construir otras soluciones para lidiar con el aumento del nivel del mar.
“A menudo la solución de un problema conduce a otro problema”, dijo el antropólogo marino de la Universidad de Miami Kenny Broad, quien estudia cómo interactúan los seres humanos con el medioambiente. “Todo el mundo mira el océano y la tierra como si no estuvieran conectados, pero en realidad son un sistema interrelacionado”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 18 de septiembre de 2016, 5:24 p. m. with the headline "Científicos de UM estudiarán la basura de la bahía por un año ."