Sur de la Florida

Viuda del 'comandante yanqui' confía en repatriar sus restos de Cuba


En esta imagen de archivo, Fidel Castro escucha a William Morgan (derecha) en presencia de Eloy Gutiérrez Menoyo (centro).
En esta imagen de archivo, Fidel Castro escucha a William Morgan (derecha) en presencia de Eloy Gutiérrez Menoyo (centro). Associated Press

La decisión del presidente Obama de descongelar las relaciones diplomáticas con Cuba podría estar a punto de dar su primer resultado concreto: una conclusión exitosa de una campaña de cinco décadas por repatriar los restos de William Morgan, el controversial “comandante yanqui” que ayudó a poner a Fidel Castro en el poder para ser ejecutado más tarde por tratar de derrocarlo.

“Todo luce bien, por fin, muy bien”, dijo la viuda de Morgan, Olga Goodwin, al Miami Herald desde su casa en Toledo, Ohio. “Mi abogado fue a Roma y le llevó una carta al Papa Francisco pidiéndole su ayuda, y parece que el Papa va a hacerlo”.

Fue el argentino Francisco, el primer Papa latinoamericano, cuya intervención ante el presidente Obama y el líder cubano Raúl Castro hace casi dos años, el que dio inicio a las negociaciones que llevaron a la convocatoria de diciembre de que Washington y La Habana reanudarían sus relaciones diplomáticas rotas en 1961.

Gerardo Rollison, abogado de Goodwin, Ohio, que ha trabajado en el caso por siete años, declinó hacer comentarios de los detalles de su visita a Roma o incluso confirmar que viajó allá. “Pero puedo decir que ahora me siento más optimista que nunca antes de que vamos a lograr esto”, dijo.

Si los restos de Morgan son traídos de vuelta, eso pudiera crear alguna conmoción en Miami, donde algunas familias han pasado años tratando de recuperar los restos de sus seres queridos que murieron en el 1961 durante la invasión de Bahía de Cochinos.

A excepción de la hija de un piloto de un bombardero estadounidense que volaba para la CIA que fue derribado durante los combates, no se sabe de ningún otro que haya tenido éxito. La mayoría ni siquiera ha podido averiguar dónde están enterrados sus familiares.

“Los Castro han mantenido celosamente el secreto sobre dónde están enterrados, e incluso sobre si fueron enterrados”, dijo Janet Ray, quien bombardeó a Fidel Castro con miles de cartas y telegramas durante más de 10 años antes de conseguir que le fueran entregado los restos de su padre piloto, Pete. “Es algo muy emocionante”.

Incluso los familiares de los enemigos del régimen de Castro que no han intentado recuperar sus restos a veces han descubierto que el gobierno cubano los utiliza como una macabra moneda de cambio. La familia de Howard Anderson, ejecutado en 1962 después de que fuera acusado de espiar para Estados Unidos, decidió que él había amado tanto a Cuba que debía permanecer enterrado allí.

Pero cuando su hija Bonnie, entonces reportera del Miami Herald, escribió un artículo largo y conmovedor acerca de su primera visita a la tumba de su padre en La Habana en 1979, le fue prohibido regresar a la isla durante casi dos décadas. Cuando finalmente se le permitió volver en como productora de CNN en 1998, visitó la tumba de nuevo.

“Quedaba sólo un agujero abierto en la tierra”, dijo Anderson la semana pasada. “El cuidador, a quien había conocido en mi primera visita, me dijo que después de que mi artículo fue publicado, alguien del gobierno le ordenó desenterrar el cadáver y tirarlo a la basura”.

William Morgan era un obrero de 29 años, que había servido en el ejército de Estados Unidos y trabajó como guardia de un bar y cobrador de deudas cuando se marchó a Cuba en 1957 para unirse a la guerra de guerrillas que se libraba contra el dictador Fulgencio Batista.

Su experiencia militar en Estados Unidos resultó muy valiosa para las fuerzas antibatistianas, en su mayoría estudiantes y campesinos que sabían poco de armas o tácticas. Condujo a sus tropas rebeldes a la victoria en varias batallas clave en las montañas del Escambray, y aunque su español era limitado, fue ascendido al rango de comandante.

Como uno de los pocos americanos que estuvo en las filas de los rebeldes, Morgan fue un personaje popular en las entrevistas para los medios de comunicación de Estados Unidos, a quienes les aseguró que Fidel Castro no era comunista. Castro reciprocó los cumplidos, proclamando que Morgan era “el tipo de norteamericano que Cuba necesita”. Las actividades de Morgan atrajeron el interés tanto de la CIA como del FBI, y su ciudadanía estadounidense le sería eventualmente revocada.

La lealtad de Morgan a Castro continuó después de que los rebeldes sacaran a Batista del poder en los últimos días de 1958 y que Castro se declarase primer ministro. Morgan, que se había casado con su compañera de guerrilla Olga Rodríguez y se estableció en Cuba para operar un criadero de ranas, tomó las armas una vez más para ayudar a Castro aplastar un intento de golpe de Estado respaldado por el líder de República Dominicana, Rafael Trujillo.

Y continuó insistiéndoles a los periodistas que, aunque el gobierno de Castro seguía insistentemente moviéndose hacia la izquierda, este no era comunista. Pero sus entrevistas contenían ahora algunas advertencias. “Si algo me pasara”, le dijo a un reportero de la revista Look, “entonces sabrán que los comunistas han asumido el mando”.

Para fines de 1960, Morgan concluyó que eso era exactamente lo que había sucedido, y empezó a almacenar armas para un levantamiento en contra del gobierno cubano. Pero Castro dio el primer golpe, arrestando a Morgan en octubre de 1960 y ejecutándolo cinco meses más tarde. La muerte de Morgan se convirtió en una leyenda en Cuba luego de que desacatara la orden de arrodillarse frente al pelotón de fusilamiento y le dispararan primero a las rodillas, para rematarlo luego que cayera al suelo. Según documentos oficiales cubanos, fue enterrado en el vasto Cementerio de Colón de La Habana.

La madre de Morgan, Loretta, empezó una campaña esporádica para recuperar su cadáver poco después de la ejecución. Su esposa Olga –quien fue arrestada poco después de Morgan y cumplió una condena de 11 años de cárcel– se le unió tras huir de Cuba en el éxodo del Mariel en 1980 y llegar a Ohio. Olga continuó incluso después de casarse de nuevo en 1985 y de que Loretta muriera en 1988.

Sus esfuerzos se hicieron más serios en el 2008 cuando contrató a Rollison para que la ayudara. Aunque fueron lastrados por la indiferencia de la administración de George W. Bush –que se negó a conceder a Rollison el permiso especial necesario para que pudiera viajar a Cuba a hablar con el gobierno de Castro– sus actividades empezaron a generar publicidad.

Un extenso relato de la vida y la muerte de Morgan apareció en la revista The New Yorker, y el actor George Clooney compró la opción a los derechos de hacer la película. Los periodistas galardonados con el Premio Pulitzer Mitch Weiss y Michael Sallah (quien trabaja ahora para el Miami Herald) acaban de publicar un libro sobre Morgan, The Yankee Comandante (El comandante yanqui).

El ex presidente Jimmy Carter hizo labor de cabildeo ante el gobierno cubano para que devolvieran sus restos, aunque no tuvo éxito. Después de la elección del presidente Obama, Rollison pudo conseguir el permiso para viajar a Cuba. Pero la mejor noticia para Goodwin fue el anuncio hecho en diciembre sobre el restablecimiento de relaciones diplomáticas.

“De representantes a senadores y personas en los departamentos de Estado y del Tesoro, nuestros esfuerzos han sido escuchados de manera amistosa, y esos esfuerzos continúan”, dijo Rollison. Aunque es probable que el embargo económico de EEUU a Cuba, el cual sólo puede ser levantado por el Congreso, continuará como hasta ahora incluso después de que se restablezcan las relaciones diplomáticas, Rollison dijo que sus conversaciones con funcionarios le han llevado a considerar que “dentro de los límites de las leyes imperantes, existe un mecanismo que podría permitir la repatriación de los restos de William Morgan”.

La comunidad del exilio de Miami ha apoyado en gran medida la campaña de Goodwin (e incluso recaudó $2,300 para ayudar con los gastos si los restos fueran repatriados) pero algunos siguen mostrándose escépticos de que tenga éxito.

“Mi madre trató durante mucho tiempo de conseguir la devolución del cadáver de mi padre, pero el gobierno cubano no cooperó con ellos, y la Cruz Roja no pudo hacer nada”, dijo María Werlau, directora ejecutiva del Archivo Cuba, cuyo padre, Armando Cañizares, murió en la Bahía de Cochinos cuando ella tenía 18 meses de edad.

“Personalmente, yo no tengo interés alguno en recuperar su cadáver. Yo no voy a gastar un centavo en ese régimen. Pero sería bueno saber dónde está enterrado, tener una tumba marcada con su nombre”.

Ray, quien acabó ganando la batalla para recuperar el cadáver de su padre, dijo que su éxito probablemente hará las cosas más difíciles para los demás. “A ellos les salió de verdad el tiro por la culata cuando dejaron ir a mi padre”, dijo. “Ellos lo habían mantenido refrigerado en una morgue todos estos años, como una especie de trofeo para los mostrar a los visitantes de izquierda, y cuando el cadáver llegó a Estados Unidos se le pudo hacer la autopsia.

“La autopsia demostró que él no había muerto al estrellarse el avión, sino que había sido ejecutado en tierra con una bala disparada a quemarropa en la cabeza. De modo que en lugar de recibir crédito por un gran acto humanitario, Fidel Castro acabó quedando muy mal”.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de febrero de 2015, 10:50 p. m. with the headline "Viuda del 'comandante yanqui' confía en repatriar sus restos de Cuba."

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