Mujeres acusadas de fraude electoral en Miami llevaban una vida modesta
Tomika Shanteek Curgil se subió el viernes por la mañana a su Pontiac viejo, dejó a su hija e hijo en la escuela, y regresaba a su casa en Liberty City cuando se le ocurrió que la la iban siguiendo.
Y tenía razón.
La policía detuvo a Curgil, de 33 años y trabajadora de campaña, y la arrestó en medio de acusaciones de que presentó fraudulentamente más de una docena de formularios de inscripción para votar al Departamento de Elecciones de Miami-Dade. Unas horas después, Gladys Coego, de 74 años, se entregó a las autoridades por cargos de que manipuló indebidamente esta semana boletas de ausente en su empleo temporal en el Departamento de Elecciones.
Los fiscales dicen que los casos no están relacionados. Pero los arrestos del viernes han asegurado a las mujeres un lugar en el historial de problemas electorales del sur de la Florida y las ha convertido en blanco de una elección marcada por alegaciones de fraude, aunque parecen vivir de una manera que no tiene nada que ver con expertas en confabulaciones.
“Quiero asegurar a los electores de Miami-Dade que la integridad del proceso electoral está intacto porque nuestros procedimientos funcionan”, dijo en un comunicado Christina White, supervisora del Departamento de Elecciones condal.
Según la declaración jurada del arresto, Coego fue sorprendida marcando boletas de ausente a favor de Raquel Regalado, candidata a la alcaldía de Miami-Dade, quien se postuló contra el titular Carlos Giménez, sólo un día después que comenzó a trabajar de manera temporal en el Departamento de Elecciones. Coego, quien según las autoridades no tiene relación aparente con la campaña de Regalado, tenía la responsabilidad de abrir los sobres con las boletas de ausente, verificar las boletas, contarlas y distribuirlas.
Como una alumna sorprendida haciendo fraude en un examen, Coego fue vista por un colega de trabajo mientras marcaba con un bolígrafo las boletas que había entrado en su cartera al salón. Las autoridades encontraron por lo menos dos boletas marcadas por Coego con tinta negra, aunque es probable que manipuló unas cuantas más.
Coego, acusada de dos cargos de delitos serios, declinó hablar con los reporteros cuando la liberaron del Centro Correccional Turner Guilford Knight el viernes por la tarde. Vestida con pantalones y una blusa rosa, ocultó su rostro con una hoja de papel blanco mientras caminaban hacia un Mercury gris que la esperaba acompañada de dos hombres, uno de los cuales se había identificado anteriormente el mismo viernes como su yerno en la casa de Westchester de la mujer.
“No sabemos nada. Todo es demasiado reciente. A su debido tiempo se revelará la verdad”, le dijo a un reportero en la casa después que se negó a identificarse.
White, la supervisora de Elecciones, dijo que Coego fue contratada por una agencia de trabajo para trabajar temporalmente como especialista de apoyo electoral con un sueldo de $14.69 la hora. Ya había trabajando anteriormente para el departamento como empleada temporal durante los comicios del 2012, aunque no está claro durante qué tiempo. Ese año fue asignada a la división de servicios al elector, que maneja las peticiones, la correspondencia, llamadas y las boletas enviadas por correo.
Los vecinos de Coego dijeron que es una persona que cae bien y conocida por hacer pequeños favores, como sacar la basura de los vecinos si están fuera. Algunos dijeron que esta abuelita cubana —sin afiliación partidista y quien votó por correo para las elecciones presidenciales— es una viuda que limpiaba escuelas por la noche con su esposo hace unos años.
“Es un ser humano hermoso y buena vecina”, dijo Aimeé García, de 55 años y vecina al otro lado de la calle de la casa de Coego. “Eso tiene que ser un error”.
La familia inmediata de Curgil se quedó con la misma impresión el viernes por la mañana después de su arresto por cinco cargos de delito grave, según una conocida que pidió no ser identificada. Ellos sabían que ella estaba recogiendo firmas como parte de una campaña de inscripción de electores, dijo la persona, pero no sabía nada de que estuviera trabajando la campaña People United for Medical Marijuana, organización que defiende el uso medicinal de la marihuana— aunque documentos del tribunal indican que consiguió el empleo con ayuda de su abuela.
Según la declaración jurada de su arresto, las actividades de Curgil, guardia de seguridad desempleada con tatuajes de mariposa en el cuello, no tuvieron nada de sofisticadas. Empleados de elecciones identificaron lo que parecían ser formularios de inscripción de electores manipulados que ella presentó a nombre de la campaña el 12 de octubre y los entregaron a los investigadores. Los detectives dijeron que confirmaron que Curgil había presentado formularios falsos —algunos a nombre de personas fallecidas— después de vigilar su casa, seguirla en el carro y hablando con los votantes en cuestión.
El viernes no fue posible contactar a la abuela de Curgil, Babe Baker. Un hombre en la casa de Curgil declinó hacer declaraciones, al igual que la hermana de Curgil cuando la contactaron por teléfono.
Un asesor que lidera la campaña a favor del uso medicinal de la marihuana dijo que la organización, autorizada a inscribir electores en septiembre pasado, está cooperando con los fiscales y tiene un sistema para identificar formularios de inscripción fraudulentos que no lograron descubrir los documentos presentados por Curgil.
Mientras tanto, Curgil por primera vez tiene manchados sus antecedentes.
“Ella nunca ha tenido problemas con la ley”, dijo la amiga de Curgil. “Yo estoy perdida en este momento, es una locura”.
Patricia Mazzei, redactora del Miami Herald, contribuyó a esta información.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de octubre de 2016, 3:58 p. m. with the headline "Mujeres acusadas de fraude electoral en Miami llevaban una vida modesta."