Sur de la Florida

Los votantes secretos de Trump en Florida

Votantes hacen fila a la entrada de un colegio electoral en Fort Lauderdale el martes 8 de novioembre.
Votantes hacen fila a la entrada de un colegio electoral en Fort Lauderdale el martes 8 de novioembre. AP

A lo largo del corredor de la Interestatal 4 en el corazón de la Florida, la mayor región indecisa en el mayor estado indeciso de la nación, Donald Trump tuvo un montón de partidarios.

Muchos de ellos se reservaron su entusiasmo.

“Yo me mantuve muy reservada”, dijo Carol Foushi, enfermera retirada, a McClatchy en el Millenia Mall en Orlando, a pocas millas de su casa cerca de Disney World. “La gente se mostraba apasionada. Ellos querían a Hillary; ellos querían a la primera presidenta. Era más por razones históricas que personales”.

Su esposo, John Foushi, usó humor negro para explicar por qué había votado por el multimillonario de Nueva York en lugar de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.

“Yo no hablé realmente de política con los vecinos”, dijo. “No tiene ningún sentido. Algunos de ellos tienen armas, pero Hillary se las iba a quitar”.

Entrevistas con los votantes en toda la Florida arrojaron cierta luz sobre una de las razones por las cuales los encuestadores y los expertos se equivocaron con las elecciones, tanto aquí como en el puñado de los otros estados indecisos que decidieron la votación: Trump contaba con un ejército invisible de partidarios secretos que preferían no expresar sus opiniones ante la hostilidad de sus amigos y familiares.

“Yo no quería hablar de eso con nadie más”, dijo Frank Amato, ingeniero biomédico retirado de Winter Springs, Florida. “Yo no quería pasar por enfrentamientos con nadie. Lo que yo dijera no hubiera importado de todas maneras”.

Amato dijo que había votado por Trump debido al Tribunal Supremo.

“Los presidentes pasan, pero los magistrados se quedan”, dijo.

Winter Springs está en el condado Seminole, uno de solamente nueve condados de la Florida en que ganó Clinton. A pesar de haber ganado 58 condados, Trump la derrotó a nivel estatal por sólo 119,770 votos de los más de 9.38 millones dados: menos de 1.3 puntos de porcentaje.

En un reflejo de la división urbano/rural entre los dos candidatos en todo el país, Clinton ganó los cinco condados más populosos, cada uno de los cuales contiene una ciudad importante o un pueblo bastante grande: Miami-Dade, Broward, Palm Beach, Hillsborough y Orange.

En esos condados, rodeados por partidarios de Clinton, los partidarios de Trump se mostraron particularmente reservados.

Travis Loebs, quien vive en el suburbio de Windermere en Orlando, en el condado Orange, estudia una maestría en estadística en la Universidad Central de la Florida.

A sus 26 años, él está registrado como demócrata y votó por Trump. Él ocultó su decisión tanto de su círculo de amigos en el recinto universitario como de muchos otros. Clinton se ganó el condado Orange Condado con un decisivo 63 por ciento del voto.

“Muchos de mis amigos eran partidarios de Bernie [Sanders], y la mayoría de ellos votaron por Hillary”, dijo Loebs. “Ellos decían que, si Trump se hacía presidente, ocurriría la Tercera Guerra Mundial. Ellos lo llamaban racista. Ellos hicieron ver que yo tendría que estar loco para apoyar a Trump. Así que me lo callé. Algunos de mis familiares saben que yo voté por él, pero mis amigos no lo saben”.

Loebs dijo que él estaba de acuerdo con más de las opiniones de Clinton que con las de Trump, pero le produjo una fuerte antipatía que ella usara un servidor privado de correo electrónico mientras dirigía el Departamento de Estado.

“Yo no confío en Hillary”, dijo Loebs. “Yo hice un internado de verano en el Pentágono que requería una autorización de seguridad. Hasta yo sabía cuáles eran las reglas de cómo manejar información clasificada. Si yo hubiera hecho lo mismo que ella, como mínimo hubiera perdido mi trabajo”.

Otro miembro de la generación del milenio, Moses Winters, acaba de graduarme de la universidad con un diploma de negocios. El administra ahora una tienda de ropa.

Winters dijo que él sólo expresó su apoyo a Trump cuando se lo preguntaban amigos en los que él confiaba. Aun entonces, dijo, si alguna persona desconocida lo escuchaba le dejaba saber a él que no le gustaba su opinión.

“No tienes más que decir el nombre de Trump, y la gente te mira mal”, dijo.

Como otros partidarios de Trump, Winters dijo que el que fuera estrella del programa “The Apprentice” era “exagerado a veces”, pero que él apreciaba la franqueza de Trump.

“A mí me gusta la persona que no se anda con rodeos para hablar de temas”, dijo Winters. “En la cultura de estos momentos uno tiene que andar con pies de plomo porque siempre alguien se va a ofender. A Trump eso lo tiene sin cuidado”.

Él agregó: “A mí me gusta eso, hasta cierto punto”.

Entre algunos partidarios de Trump, el temor a la hostilidad de los partidarios de Clinton no fue la única razón por su reticencia a proclamar públicamente su opinión. Muchos de ellos dijeron que no se sentían encantados con el candidato republicano.

“Los dos son unos bofes”, dijo John Foushi, militar veterano que trabajó luego como piloto comercial de helicópteros antes de retirarse. “Yo sólo escogí al menos bofe de los dos. Necesitamos un cambio. Trump tienen algunas ideas buenas, si es que puede llevarlas a cabo”.

Foushi, republicano registrado, dijo que Trump era un bajón muy grande con relación a Ronald Reagan.

Cuando el difunto presidente Reagan hizo campaña en Iowa en 1980, su campaña contrató al piloto de helicóptero para que lo transportara por el estado durante un día. Pero, para amargo desencanto de Foushi, la niebla dejó varado su avión en Des Moines y el séquito de Reagan tuvo que viajar en automóviles.

Antes de que el ex gobernador de California y su equipo se fueran, él y Foushi compartieron un pequeño desayuno en el Holiday Inn en Des Moines donde habían pasado la noche.

“Él mojaba donuts en su café, y yo mojaba donuts en mi café”, recordó Foushi. “Era un hombre muy sencillo”.

Algunos partidarios de Trump descubrieron que la fuerza estaba en su número. A aquellos que vivían en áreas donde el apoyo hacia él era mayor les resultó más fácil expresar su opinión.

Bill Doyle, corredor de bolsa retirado, vive en Riverview, Florida, en las afueras del condado Hillsborough al este de Tampa. Aunque Hillsborough fue uno de los nueve condados donde ganó Clinton, la comunidad donde él vive en un club de golf está llena de fans de Trump.

“Yo quiero un cambio”, dijo. “Por eso voté por Trump. Con Hillary, todo hubiera sido lo mismo con lo mismo. Su descontento con el problema de la inmigración es muy grande. Creo que él va a hacer algo con respecto a eso, de verdad que lo creo”.

Doyle, quien perdió a su hijo en los ataques del 11 de septiembre del 2001, dijo que Trump también apoyaba la demanda de las familias en contra del gobierno de Arabia Saudita por, supuestamente, haber financiado el asalto terrorista. Clinton se opuso a esa demanda cuando era secretaria de Estado, y el Congreso tuvo que anular un veto del presidente Barack Obama para permitir que se presentara la demanda.

En Orlando, un hombre de ralo cabello gris estaba sentado en un banco frente al Millenia Mall, disfrutando del sol de la tarde. El tenía una explicación lista para su apoyo a Trump en las elecciones.

“Esa fue mi elección”, dijo. “¿Por qué no lo voy a admitir? Yo soy un hombre crecidito que se puede defender a sí mismo”.

Al preguntarle su nombre, respondió: “¿Le tengo que dar mi nombre?”

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de noviembre de 2016, 3:51 p. m. with the headline "Los votantes secretos de Trump en Florida."

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