La religiosidad campesina pervive esta Navidad
Con corazones abiertos a la posibilidad de contemplar el milagro del Niño de Belén, iluminados por el sol de la fe y animados por la esperanza cristiana, los campesinos católicos de Miami, fiel a las tradiciones de Navidad, acudieron el domingo al templo y celebraron, con bulliciosa alegría, la conmemoración litúrgica del nacimiento de Cristo.
La comunidad de creyentes se reunió en oración en la modesta Misión Santa Ana, el brazo de acción pastoral de la Iglesia en los campos agrícolas del sur del condado Miami-Dade. Llevaron consigo pobreza, sufrimientos, angustias, anhelos y limitaciones, pero salieron de allí con una confianza más firme en el poder redentor de la Palabra divina.
“Hoy se manifiesta nuestra fe de creer en ese niño que nace en nuestro corazón de nuevo, y seguimos adelante, porque este es nuestro camino de creyentes, al menos el mío, para seguir haciendo lo mejor que pueda para mi familia, para mi comunidad”, confesó Martín Monjaraz, trabajador mexicano de 52 años en la siembra del girasol.
Además del templo en Homestead, la Misión engloba tres capillas rurales –Everglades, Redlands y South Dade– cercanas a plantaciones, viveros y centros residenciales habitados por jornaleros mexicanos y centroamericanos. Son espacios de comunión con la naturaleza y sin pretensiones estéticas, donde se celebran los cultos de la religión católica; parajes, a veces de esparcimiento, donde se fortalecen los lazos sociales y la cohesión familiar.
El padre Rafael Cos, administrador de las misiones, explicó la tarea y alcance de las mismas: “En las capillas celebramos la misa, tenemos actividades de evangelización, de promoción humana, de compartir. La Iglesia les ayuda en la necesidad de alimentos, les da apoyo moral, asistiéndoles en algunas gestiones de inmigración y ofreciéndoles un espacio de encuentro en el que puedan sentirse cómodos”.
La Misión fue establecida en 1961 por el entonces primer obispo de Miami, el visionario Coleman Carroll, como una fuente de apoyo, aliento y afirmación para los cosechadores que laboran de sol a sol, a menudo bajo condiciones de vida deplorables. En ese clima se procura el desarrollo espiritual, social y económico de la comunidad agraria católica.
Muchas necesidades sociales y pastorales llamaban a la acción en una época de tensión racial. Emelia Cruz, una devota muy activa en la congregación, recordó que a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, según le relataron testigos de esa época, los campesinos “no era bien acogidos en las parroquias porque había mucho racismo y los sentaban afuera de la iglesia, en una salita aparte, durante los servicios. Además, enfrentaban el problema del idioma”.
Ese panorama cambió al nacer Santa Ana, un nicho de comprensión que les permitió, al calor de los principios evangélicos, celebrar sus creencias, religiosidad popular, ritos y tradiciones latinas. Integrados hoy plenamente a la Iglesia, el temor que coarta su existencia es de índole legal. “La gente indocumentada tiene miedo por inmigración que los deporte –señaló Cruz–. Incluso les da miedo asistir a los servicios en la iglesia”.
Retos sobran a estos humildes campesinos arraigados en Dios, quienes le sirven con diligencia y lealtad.
La sede principal de la Misión, ubicada en 13875 SW 264th St., es blanco de vandalismo y delincuencia. El Padre Cos elabora: “Tenemos mucha hostilidad en este barrio; los vecinos nos tiran piedras, atacan a nuestros feligreses, rompen los vidrios de los automóviles y nos roban. Muchos aquí temen por su seguridad personal, por lo que hemos tenido que contratar a una empresa de vigilancia”.
En una empobrecida posada en el villorrio de Belén hace más de dos mil años, la sagrada familia también estaba desprovista de seguridad. Había pobreza, pero el niño era como un rey. La Era Cristiana irrumpió en su aurora.
Durante la misa navideña en Homestead, los fieles evocaron aquel episodio fundacional, no como un hecho del pasado, sino como “una acción de Dios que se actualiza y sigue aquí con nosotros”, predicó el sacerdote en su homilía. “Con la fe de María que acogió a Jesucristo con inefable amor de madre, igualmente nosotros lo acogemos ahora, sabiendo que es el amigo que nunca falla, que viene para que tengamos vida en abundancia”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 25 de diciembre de 2016, 6:59 p. m. with the headline "La religiosidad campesina pervive esta Navidad."